La Escuela Municipal de Música de Posada de Llanera se ha convertido recientemente en el epicentro de la agroecología educativa asturiana. Con la celebración del III Encuentro de la Red de Huertos Escolares Ecológicos, más de un centenar de estudiantes y profesores de diversos puntos de la región se dieron cita para poner en común sus vivencias entre bancales y semillas. Esta iniciativa, que no para de ganar adeptos, busca que los más pequeños entiendan de dónde viene lo que comen mientras manchan sus manos de tierra de forma productiva y se divierten de lo lindo.
Lo que empezó como un proyecto modesto ha terminado siendo un auténtico movimiento que ya alcanza a buena parte de la geografía asturiana. Gracias al impulso del Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado (COPAE) y el respaldo de Caja Rural de Asturias, estos espacios verdes en los colegios han pasado de ser una anécdota a convertirse en aulas al aire libre donde la paciencia y el respeto por los ciclos naturales son las asignaturas principales, dejando a un lado por un rato las omnipresentes pantallas.
Divulgación audiovisual y aprendizaje compartido

Uno de los platos fuertes de la jornada fue la presentación de un documental que pone rostro y voz a los protagonistas de esta red. En colaboración con el conocido divulgador Toni Jardón, responsable de La Huertina de Toni, el metraje hace un recorrido por las diferentes iniciativas que se llevan a cabo en los centros. La pieza audiovisual no solo enseña a plantar lechugas, sino que resalta el valor de la comunidad y el trabajo en equipo que surge de forma espontánea cuando los alumnos cuidan de su propia parcela de tierra.
Durante la mañana, varios centros educativos tomaron la palabra para explicar sus métodos de trabajo. Colegios como el Braulio Vigón de Colunga, el Miguel de Cervantes de Gijón o el L’Ablanu de Infiesto mostraron cómo integran el cultivo ecológico en su currículum diario. No es moco de pavo coordinar a tantos alumnos, pero los resultados demuestran que el huerto es una herramienta multidisciplinar que sirve tanto para estudiar ciencias naturales como para practicar matemáticas al medir las distancias de siembra.
Además de las charlas, los chavales pudieron participar en diversos talleres prácticos que fueron todo un éxito. Desde dinámicas para reconocer plantas aromáticas utilizando únicamente el olfato y el tacto, hasta talleres de intercambio de semillas, la jornada fue un no parar de actividades. Se trata de que los niños no solo miren, sino que toquen, huelan y sientan la naturaleza como algo propio, fomentando una sensibilidad ambiental que les acompañará el resto de sus vidas.
Inclusión social y crecimiento de la red asturiana

La red no solo se limita a colegios de educación primaria o secundaria, sino que tiene un fuerte componente social. La participación de la Fundación Talentos Diversos puso de manifiesto que el huerto ecológico es un recurso terapéutico y de inclusión excepcional para personas con discapacidad. El contacto directo con la tierra ayuda a mejorar la concentración y ofrece una gratificación inmediata al ver crecer los frutos del esfuerzo realizado, demostrando que en el huerto todo el mundo tiene un hueco importante.
A nivel institucional, los responsables del Principado de Asturias y del COPAE destacaron que ya son más de 150 los centros inscritos en esta plataforma. El crecimiento ha sido constante, y las cifras de participación —con más de 5.000 escolares pasando por las formaciones— avalan la necesidad de seguir apostando por este modelo. La idea es que los comedores escolares se nutran cada vez más de productos de proximidad y cultivos ecológicos, cerrando el círculo entre la educación, la salud y el apoyo al sector primario de la región.
Para reforzar esta labor pedagógica, se han presentado novedades como el juego educativo La Ecoguertina y cuadernillos didácticos específicos que facilitan la labor de los docentes. La intención es que el conocimiento sobre la producción orgánica no se quede en algo puntual, sino que se convierta en un hábito de consumo responsable. Al fin y al cabo, si un niño sabe lo que cuesta sacar adelante un tomate, valorará mucho más el producto y el trabajo de los agricultores y ganaderos que mantienen vivo el medio rural asturiano.
Esta apuesta decidida por la enseñanza vinculada a la tierra asegura que las nuevas generaciones crezcan con una conciencia ambiental mucho más sólida. Al convertir los centros educativos en espacios de convivencia agroecológica, se está sembrando una semilla de respeto por el entorno que dará sus frutos en una sociedad más sana y comprometida con el territorio. La consolidación de estos encuentros anuales demuestra que el interés por lo ecológico está más vivo que nunca y que el futuro de nuestras aulas tiene un color verde esperanza muy prometedor.