El incendio que el pasado verano arrasó la Sierra Oeste de Madrid se ha convertido en el mayor siniestro forestal de la historia de la Comunidad de Madrid. Las llamas calcinaron cerca de 27.000 hectáreas de terreno, y ahora el Ejecutivo autonómico ha presentado una hoja de ruta para devolver el verde a una zona que ha perdido gran parte de su masa forestal.
La estrategia, que acaba de ser presentada por la presidenta regional Isabel Díaz Ayuso, arranca ya con las labores de análisis, retirada de vegetación quemada y diseño de nuevos cortafuegos. Pero el objetivo final es ambicioso: conseguir que el paisaje se recupere con especies autóctonas como encinas, robles, fresnos o madroños, para que el bosque vuelva a ser lo que era antes de las llamas.

Primeros pasos: mapear, limpiar y proteger el suelo
Uno de los primeros trabajos que ya está en marcha es la cuantificación precisa de los daños y la identificación de las zonas más erosionadas. Los técnicos están utilizando imágenes de alta resolución de satélite y cartografía ambiental para saber dónde hace falta actuar con urgencia y dónde la naturaleza puede ir sola.
Desde el Gobierno regional han explicado que la próxima semana comenzará la retirada de arbolado y la creación de fajas de seguridad en los montes que gestiona la propia administración. Estos trabajos de urgencia buscan eliminar los restos que pueden arder de nuevo y evitar que proliferen plagas, además de preparar el terreno para la reforestación que llegará en los próximos meses.
Los cortafuegos diseñados para frenar futuras lluvias de fuego también forman parte de esta fase inicial. Las labores se centran en frenar la erosión del suelo, porque, tal y como recuerdan los especialistas, un terreno quemado no solo es más pobre, sino que pierde capacidad para retener agua. Por eso, la restauración debe comenzar cuidando las bases del ecosistema.
El reto de producir 300.000 plantas autóctonas
La maquinaria de recuperación también se está moviendo en los viveros del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra), ubicados en El Escorial y Arganda del Rey. En esos centros se cultivan ahora unas 100.000 especies cada año, pero el objetivo es llegar a las 300.000 durante el periodo 2027-2028. Así lo avanzó el consejero de Medio Ambiente, Carlos Novillo, quien defendió que la Comunidad de Madrid lleva varios años trabajando en el cultivo de especies regionales, y que este año esa labor «cobra más valor que nunca».

Las especies elegidas no se han escogido al azar. Encinas, quejigos, robles, fresnos, jaras, retamas, majuelos y variedades incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, como el tejo, el acebo, el madroño, el alcornoque, el olmo de montaña o el mostajo, formarán parte de los trabajos de repoblación. Muchos de estos árboles se cultivarán a partir de semillas del Banco de Germoplasma Forestal (Biformad), donde están clasificadas por zonas de recolección, para asegurar que las plantas se adapten perfectamente a las condiciones del terreno donde se ubicarán.
La razón de ser de este sistema es muy simple: si el árbol tiene su origen en semillas de la misma zona, su supervivencia aumenta de forma considerable. Además, en las laderas más expuestas al sol se colocará una mezcla de especies resistentes que ayudan a fijar el suelo y a proteger a las que crecen a su alrededor.
El plan de la Comunidad de Madrid combina la reintroducción de fauna autóctona con las tareas de reforestación. En las zonas más húmedas se colocarán pequeños corredores para reptiles y anfibios, así como barreras de troncos y zanjas para retener la escorrentía. De esta forma, se busca que los ecosistemas que ya habían desaparecido vuelvan a tener la oportunidad de desarrollarse.
Aprender de otras experiencias: reforestar no es solo plantar
La recuperación de la Sierra Oeste ha mirado con lupa algunos proyectos de restauración ecológica de largo recorrido, como el caso del valle de Carrifran, en el sur de Escocia. Allí, la plantación comenzó hace más de 25 años, pero antes los responsables tuvieron que reducir la presión del pastoreo, estudiar el suelo y analizar muestras de turba para saber qué vegetación existía antiguamente.
Una de las lecciones de estos procesos es que plantar árboles no siempre es lo primero que hay que hacer. Tal y como recuerdan los técnicos, en muchas ocasiones la regeneración natural aparece por sí sola cuando se reducen las molestias y se prepara el terreno. Por eso, el Ejecutivo madrileño ha trazado una estrategia que evita los errores del pasado: no se hará una única plantación masiva, sino que se irá interviniendo según la evolución de las zonas.
La experiencia de Carrifran también dejó claro que la recuperación no es un camino lineal. En aquel valle, no fue suficiente plantar cientos de miles de árboles: el ganado tenía que dejar de entrar en la zona, la flora y la fauna necesitaron tiempos diferentes, y las aves forestales tardaron años en aparecer. Con esa idea, en Madrid se va a seguir un control constante de la evolución del ecosistema y se actuará cuando haga falta.
La reforestación como herramienta, no como remedio universal
Otro debate que ha marcado la ciencia ambiental en los últimos años es el de si plantar árboles sirve para solucionar el cambio climático o puede ser contraproducente si se hace mal. Un estudio reciente publicado en la revista ‘Earth’s Future’ ha advertido que las grandes repoblaciones pueden alterar el reparto de recursos hídricos, como ha ocurrido con la Gran Muralla Verde de China, que ha terminado por secar algunas zonas del país en lugar de protegerlas.
Los científicos son contundentes: no basta con plantar millones de árboles si no se estudia el lugar exacto, las especies nativas y la interacción con el clima. De hecho, se sabe que la evapotranspiración (el agua que las plantas devuelven a la atmósfera) puede llegar a ser tan alta que el agua ya no alcanza para los ríos de la zona.
Por eso, el plan de la Sierra Oeste no se limita a una colocación automática de plantones. Se está evaluando la capacidad del suelo, la cercanía de cauces de agua y la zona de sombra, para que la reforestación no compita con los espacios naturales que aún siguen en pie.
En ese sentido, la Comunidad de Madrid ha dado especial relevancia a los trabajos de recuperación del monte de Viñuelas, en Tres Cantos, donde los incendios de la pasada temporada quemaron 263,14 hectáreas. Allí ya han finalizado las actuaciones y se han convertido en un ejemplo de lo que puede llegar a la Sierra Oeste, porque se ha logrado que las encinas rebroten de sus raíces y se han construido refugios para anfibios y aves, utilizando los árboles de gran tamaño que han quedado en pie.
El camino de la Sierra Oeste será largo, pero la hoja de ruta está clara: se priorizará la protección del suelo, se utilizará material autóctono, se irá con cautela, y sobre todo se va a dejar trabajar a la naturaleza. Así, en 2027 y 2028, la Comunidad de Madrid espera que las primeras miles de plantas ya estén creciendo en lo que hoy es un paisaje negro que comienza a ver de nuevo la vida.
