La restauración de dunas en La Manga del Mar Menor avanza con su primera fase

  • Inicio de la Fase I de restauración de dunas en seis áreas del norte de La Manga del Mar Menor
  • Inversión de 210.000 euros, ocho meses de obras y seguimiento mínimo de cuatro años
  • Eliminación de especies invasoras y plantación de flora autóctona amenazada como la esparraguera del Mar Menor
  • Vallados, captadores de arena y retirada de escombros para reforzar la protección costera y la biodiversidad

restauracion de dunas en La Manga del Mar Menor

La costa del norte de La Manga del Mar Menor afronta una intervención ambiental a gran escala para intentar recuperar parte de los sistemas dunares que han ido desapareciendo con los años. En un tramo muy transformado por el urbanismo, el Gobierno central ha puesto en marcha una actuación específica para reordenar, proteger y regenerar las dunas que aún conservan potencial ecológico.

El proyecto se centra en seis zonas situadas entre el Canal del Estacio y Veneziola, en el término municipal de San Javier (Murcia), uno de los sectores más delicados del cordón litoral que separa el Mar Menor del Mediterráneo. Con un presupuesto de 210.000 euros y un plazo de ejecución de ocho meses, la iniciativa forma parte del Marco de Actuaciones Prioritarias para Recuperar el Mar Menor (MAPMM) y está financiada con fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea.

Un proyecto clave para aliviar la presión urbanística sobre el cordón litoral

La actuación impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), a través de la Dirección General de la Costa y el Mar, nace con un objetivo claro: conservar los valores naturales de un entorno muy degradado por décadas de urbanización intensa. El tramo norte de La Manga combina edificaciones, viales y zonas residuales en las que aún persisten fragmentos de dunas, muchas veces colonizadas por flora exótica.

En este contexto, las obras buscan mejorar y ampliar los hábitats dunares existentes, reforzando su papel como barrera natural frente a temporales y subida del nivel del mar. Las dunas actúan como una reserva de arena para las playas y ayudan a amortiguar los efectos del oleaje, por lo que su degradación incrementa la vulnerabilidad de la línea de costa.

El proyecto se enmarca en una estrategia más amplia de recuperación del Mar Menor, que combina acciones en tierra y mar. En este caso concreto, la prioridad es reducir la presión directa sobre el ecosistema dunar y frenar la pérdida de biodiversidad asociada a la ocupación del litoral y a la expansión de especies invasoras.

Las seis áreas definidas por la Dirección General de la Costa y el Mar presentan superficies muy variables y estados de conservación desiguales. Algunas conservan todavía un sistema dunar reconocible, mientras que en otras las formaciones de arena y vegetación se encuentran muy fragmentadas o casi desaparecidas.

Seis zonas de actuación entre el Mediterráneo y el Mar Menor

La intervención se localiza en seis sectores del norte de La Manga, repartidos entre las dos orillas del cordón litoral. En el frente mediterráneo se actuará en Ensenada del Esparto Norte y Ensenada del Esparto Sur, dos tramos donde todavía persisten cordones dunares que pueden reforzarse y ganar continuidad.

En la ribera interior, orientada hacia la laguna, los trabajos se concentrarán en Playa Chica y en tres tramos de Veneziola (Sur, Centro y Norte). En estas zonas del Mar Menor las dunas han sufrido una transformación intensa, por lo que se prevé tanto apuntalar las comunidades vegetales existentes como crear nuevas bandas de vegetación allí donde el sistema está más alterado.

Para ordenar la restauración, dentro de cada zona se han delimitado bandas paralelas según la distancia al mar. Estas franjas permiten reproducir, de forma aproximada, la zonación natural de la vegetación dunar: especies más tolerantes a la sal y al viento en las áreas más expuestas, y plantas de mayor porte o diferente composición conforme se avanza hacia el interior.

En los sectores en los que el relieve dunar se mantiene relativamente bien, la prioridad será el refuerzo de las comunidades ya presentes y la recuperación de la estructura típica del ecosistema. En cambio, en las áreas más degradadas, el enfoque se centrará en ampliar la superficie ocupada por vegetación autóctona y favorecer que el sistema recupere, a medio plazo, parte de su dinámica natural de aporte y retención de arena.

Esta organización espacial de los trabajos permitirá también evaluar con mayor precisión la evolución de cada tipo de hábitat, estudiar su respuesta frente a temporales y ajustar las medidas de gestión futuras según los resultados.

Eliminación de especies invasoras: la uña de gato, en el punto de mira

Uno de los pilares de la Fase I es la erradicación de flora exótica invasora, considerada por las administraciones europeas y españolas como una de las amenazas más serias para los ecosistemas litorales. En La Manga, la especie más problemática en este ámbito es la uña de gato (Carpobrotus edulis), una planta suculenta originaria de Sudáfrica que se expandió durante años como planta ornamental y de jardinería en jardines y taludes.

Esta especie forma mantos densos que desplazan a la vegetación autóctona, alteran las propiedades del suelo y modifican las condiciones de humedad y luz, lo que reduce la diversidad de plantas nativas y, con ello, la de invertebrados, aves y otros organismos asociados al sistema dunar. Por eso, la primera fase de los trabajos se centrará en retirar manual o mecánicamente las masas de uña de gato y otras especies alóctonas presentes en las parcelas seleccionadas.

Las actuaciones de eliminación no se plantean como una intervención puntual, sino como un proceso continuado en el tiempo. La experiencia en otros tramos de costa española indica que muchas especies invasoras presentan una gran capacidad de rebrote y propagación, por lo que el MITECO ha previsto repetir las labores de erradicación cada cuatro meses durante al menos cuatro años.

Este seguimiento periódico permitirá detectar focos residuales y nuevos brotes en fases tempranas, evitando que vuelvan a colonizar rápidamente los espacios liberados. La combinación de retirada inicial intensiva y revisiones regulares es la estrategia que se considera más eficaz para reducir al mínimo la presencia de estas plantas a medio plazo.

La lucha contra las invasoras no solo beneficia a la flora amenazada, sino que mejora el funcionamiento global del ecosistema dunar, favorece la infiltración de agua, estabiliza los perfiles de arena y contribuye a mantener la diversidad estructural del hábitat, clave para su resiliencia frente al cambio climático.

Recuperación de la flora autóctona y refuerzo de especies amenazadas

Paralelamente a la retirada de flora exótica, la actuación prevé la plantación masiva de especies autóctonas características de los sistemas dunares mediterráneos. La idea es acelerar la recuperación de la cubierta vegetal natural, evitando que los huecos dejados por las invasoras sean aprovechados por nuevas especies problemáticas.

Entre las plantas seleccionadas destacan varias especies propias de la franja litoral murciana, como la esparraguera del Mar Menor (Asparagus macrorrhizus), el hinojo marino (Crithmum maritimum), la campanilla de mar (Calystegia soldanella) y la azucena de mar (Pancratium maritimum). Todas ellas están adaptadas a condiciones extremas de salinidad, viento y escasez de agua y desempeñan un papel importante en la fijación de las dunas.

La esparraguera del Mar Menor ocupa un lugar especialmente relevante dentro del proyecto, al tratarse de una especie endémica de la zona, incluida desde 2023 en la categoría de «en peligro de extinción» en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Su distribución se concentra sobre todo en áreas dunares de La Manga, muchas de ellas catalogadas como suelo urbanizable y situadas fuera del dominio público marítimo-terrestre, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a posibles desarrollos urbanísticos.

Con la restauración de dunas en estas seis zonas, el MITECO pretende reforzar las poblaciones naturales de esparraguera del Mar Menor y crear nuevas áreas favorables para su asentamiento. Al mismo tiempo, se recuperará el mosaico de vegetación propio de estos sistemas, donde conviven especies herbáceas rastreras, matas y plantas bulbosas que, en conjunto, estabilizan la arena y proporcionan alimento y refugio a la fauna.

La mejora de la flora autóctona se traducirá también en una mayor calidad paisajística del cordón litoral, algo que repercute directamente en la experiencia de quienes visitan o residen en la zona. Un sistema dunar bien conservado no solo tiene valor ecológico, sino que también se percibe como un elemento identitario del paisaje mediterráneo.

Además, la presencia de especies nativas diversas favorece la aparición de polinizadores y otros invertebrados, que a su vez sirven de alimento a reptiles y aves, contribuyendo a reconstruir las cadenas tróficas asociadas a este tipo de hábitats costeros.

Vallados, captadores de arena y limitación del tránsito

Para que la restauración tenga efecto real, no basta con plantar especies autóctonas y eliminar invasoras: es necesario reducir al máximo las molestias sobre las zonas regeneradas. Por ello, está prevista la instalación de un vallado perimetral de postes de madera y cuerdas alrededor de los sectores dunares en restauración.

Estos cerramientos, de carácter ligero, buscan impedir el paso de personas y vehículos sobre las dunas, uno de los factores que más contribuyen a su degradación. El pisoteo continuo provoca la pérdida de vegetación, compacta la arena y facilita la erosión por viento y oleaje. Con los vallados se pretende canalizar el tránsito hacia zonas habilitadas y minimizar así el impacto sobre la flora en recuperación.

Junto a los vallados se colocarán captadores de arena en diferentes puntos de las dunas, estructuras sencillas que ayudan a retener los granos transportados por el viento y favorecen la formación y el crecimiento de los cordones de arena. Esta medida es fundamental en áreas donde el relieve dunar se ha visto muy alterado y necesita un impulso para recuperar volumen.

El proyecto contempla también la instalación de vallados blandos internos, que delimitan zonas de plantación y protegen los ejemplares jóvenes frente al paso accidental de personas o mascotas. Con el tiempo, cuando la vegetación haya arraigado y las dunas hayan ganado estabilidad, estos elementos podrán revisarse y adaptarse a la nueva situación.

Además de las estructuras de madera, se prevé retirar restos de infraestructuras obsoletas y escombros que se encuentran dispersos en las áreas de actuación. La eliminación de estos materiales no solo mejora la estética del entorno, sino que también reduce riesgos para la fauna y contribuye a devolver al paisaje un aspecto más acorde con su estado natural.

Seguimiento a medio plazo y resiliencia frente a la erosión costera

Aunque las obras de esta Fase I cuentan con un plazo formal de ejecución de ocho meses, el diseño de la actuación incorpora un periodo de seguimiento prolongado. El MITECO ha previsto que los trabajos de control de flora invasora se repitan cada cuatro meses durante al menos cuatro años, una duración que responde a la necesidad de consolidar los cambios introducidos.

Durante ese tiempo se evaluará la evolución de las plantaciones autóctonas, el grado de recolonización natural de otras especies propias del sistema dunar y la respuesta del terreno frente a episodios de temporales marítimos. Este seguimiento permitirá ajustar riegos de apoyo, reposiciones de planta o modificaciones en los vallados, según se vayan observando los resultados.

La restauración dunar persigue, en última instancia, aumentar la resiliencia de la costa de La Manga frente a la combinación de cambios climáticos, temporales más frecuentes e intensa ocupación humana. Un sistema dunar sano actúa como una barrera de protección natural, absorbiendo parte de la energía de las olas y reduciendo la pérdida de arena en los episodios de fuerte oleaje.

Al reforzar estos cordones de arena y su vegetación asociada, se contribuye también a mantener el equilibrio sedimentario entre playas y fondos marinos, un aspecto que tiene efectos directos sobre la calidad del baño, la práctica de actividades náuticas y el estado de los ecosistemas sumergidos próximos a la costa.

En paralelo, la puesta en valor de las dunas como patrimonio natural puede fomentar una percepción social más respetuosa con estos espacios, favoreciendo comportamientos responsables por parte de visitantes y residentes y reduciendo así la necesidad de intervenciones correctoras en el futuro.

La Fase I de restauración de dunas en La Manga del Mar Menor se plantea, por tanto, como una actuación integral que combina obra física, gestión ecológica y seguimiento a largo plazo, con la mirada puesta en recuperar un sistema costero clave para la protección del litoral murciano y la conservación de especies tan singulares como la esparraguera del Mar Menor, en un enclave donde cada metro cuadrado de naturaleza bien conservada marca la diferencia.

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