En España, los cactus han encontrado un hogar inesperado. Dos colecciones destacan por su tamaño y singularidad: una en Fresno de la Vega (León) y otra en Lanzarote. Ambas demuestran que estas plantas no solo sobreviven en climas áridos, sino que también pueden convertirse en auténticos atractivos turísticos y botánicos.
La primera es una colección privada que empezó casi por casualidad, mientras que la segunda es una obra de arte paisajística firmada por César Manrique. Juntas suman casi 10.000 ejemplares y representan dos formas muy distintas de entender el cultivo y la exhibición de cactus. Vamos a conocerlas en detalle.
La colección de León: 5.000 cactus en Fresno de la Vega

En la localidad leonesa de Fresno de la Vega, Rubén Díez Fuertes y Clara María Marcos Cueto han reunido una colección de alrededor de 5.000 cactus, considerada una de las más importantes de Castilla y León. Todo comenzó en 2013 con la compra de un pequeño cactus que, contra todo pronóstico, floreció y despertó una afición que no ha dejado de crecer.
Con los años, aquella simple curiosidad se convirtió en una impresionante colección que reúne especies de distintos lugares del mundo. Muchas sorprenden por sus formas, colores y, sobre todo, por una floración que apenas dura unas horas, lo que convierte cada primavera y verano en un auténtico espectáculo para quienes disfrutan de los cactus con flores. Resulta llamativo encontrar un espacio así en una provincia conocida por sus montañas y sus inviernos fríos, pero con los cuidados adecuados, estas plantas se han adaptado perfectamente al entorno leonés.
Detrás de cada planta hay años de paciencia, investigación y dedicación, ya que muchas requieren condiciones específicas de cultivo y pueden tardar años en alcanzar la floración. Precisamente ese momento es el más esperado: algunas flores solo permanecen abiertas durante un único día, lo que convierte su observación en un acontecimiento muy especial para cualquier aficionado a la botánica.
El Jardín de Cactus de Lanzarote: obra de César Manrique
En la isla de Lanzarote, el artista César Manrique transformó una antigua cantera de picón en un impresionante jardín botánico. El Jardín de Cactus abrió sus puertas en 1990 y alberga alrededor de 4.500 cactus de 450 especies y trece familias procedentes de los cinco continentes. El botánico Estanislao González Ferrer se encargó de rastrear ejemplares de Perú, Madagascar, Tanzania, Marruecos y también de las Islas Canarias.
El espacio se estructura como un anfiteatro, con terrazas concéntricas de piedra volcánica que descienden en niveles. Los bloques de basalto originales se han convertido en esculturas, y el conjunto está coronado por un molino de gofio del siglo XIX, uno de los pocos que se conservan en Lanzarote y que sigue en funcionamiento. Desde su altura se puede contemplar todo el jardín y el entorno agrícola circundante, donde se cultivan tuneras para la cría de cochinilla, insecto del que se obtiene el carmín, un tinte rojo muy demandado en Europa durante el siglo XIX.
El jardín está protegido como Bien de Interés Cultural y en 2017 recibió el Premio Internacional Carlo Scarpa, otorgado por la Fundación Benetton de Treviso. El galardón lo recogió en Italia el jardinero Antonio Martín, en un gesto que refleja el aprecio de los lanzaroteños por este espacio. Manrique definía este enfoque como «arte total», integrando arquitectura, escultura, interiorismo y jardinería en un conjunto coherente.
El recinto abre todos los días del año de diez de la mañana a cinco de la tarde, con entrada general a unos nueve euros. La visita suele durar unos 45 minutos, aunque se recomienda una parada en la cafetería, donde se ofrecen platos elaborados con cactus, como croquetas de tunera, rollitos de nopal y hamburguesas. Una experiencia que combina botánica, arte y gastronomía.
Ambas colecciones demuestran que los cactus pueden ser mucho más que plantas de interior. Desde la colección leonesa, nacida de una afición personal, hasta el jardín lanzaroteño, concebido como una obra de arte total, estos espacios ofrecen una oportunidad única para descubrir la diversidad y belleza de estas plantas. Ya sea en el corazón de León o en una isla volcánica, los cactus han encontrado en España un lugar donde brillar con luz propia.
