Lechuga romana (Lactuca sativa var. longifolia)

Imagen – Wikimedia/Hungda

La lechuga romana es una de las herbáceas más cultivadas en el huertos y maceto-huertos. Su mantenimiento es muy sencillo, ya que no necesita mucho para crecer bien y producir hojas sanas… y deliciosas 😉 .

Así que si quieres saberlo todo sobre ella y sus necesidades, no dejes de leer.

Origen y características

Imagen – Wikimedia/Kleomarlo

La lechuga romana, conocida también como lechuga romanita, cos, italiana, orejona o escarola, es una variedad de lechuga cuyo nombre científico es Lactuca sativa var. longifolia. Se cree que es originaria de la isla griega de Cos, de ahí uno de sus nombres comunes, y fue introducida al resto de Europa por el Imperio romano durante sus conquistas.

Es una hierba anual con hojas son alargadas, anchas y robustas, de color verdoso. Crece hasta alcanzar una altura aproximada de unos 30 centímetros, y un diámetro de 30-35cm. Debido a ello, así como a su rápido crecimiento, es muy interesante para ir cultivando durante buena parte del año, ya que en apenas tres meses está lista para ser cosechada.

¿Cuáles son sus cuidados?

Si quieres aprender a cultivar esta variedad de lechuga, te recomendamos seguir nuestros consejos 🙂 :

Ubicación

Es muy importante que esté en una zona soleada. En el caso de que esté en el huerto, hay que dejar una separación de unos 40cm entre ejemplares.

Tierra

  • Huerto: el terreno ha de ser fértil, con buen drenaje (encontrarás información sobre este tema en este artículo). Si el que tienes no lo es, añade antes de plantarla una capa gruesa -de unos 10cm- de abono orgánico como guano o estiércol de gallina, y mézclala con él con la ayuda de un motocultor, o azada si es más bien pequeño.
  • Maceta: mezcla 60% de mantillo con 30% de perlita o similar (arlita, greda volcánica, akadama, o etc.) y un 10% de humus de lombriz. Puedes conseguir el primero aquí, la segunda por aquí y el tercero en este enlace.

Riego

La lechuga romana es una planta que necesita mucha agua; no hasta el punto de querer tener las raíces permanentemente encharcadas, pero sí que hay que regar muy seguido. Pero para evitar problemas, se debe de comprobar la humedad de la tierra antes de hacer nada, sobretodo si tienes dudas al respecto.

Para ello te puedes ayudar con un medidor de humedad digital, el cual te indicará al instante si sigue húmeda o no; o un palo delgado de madera (si sale con mucha tierra adherida, no riegues).

Si la cultivas en el huerto, o incluso en maceta, programa tu sistema de riego por goteo para que se ponga en marcha cada 2 o 3 días en primavera y cada 1-2 días en verano.

Abonado

Durante toda la temporada se aconseja abonarla con abonos orgánicos, utilizando líquidos si está en maceta para que el drenaje sea bueno.

Multiplicación

Imagen – Wikimedia/Forest & Kim Starr

Se multiplica por semillas en primavera. También puedes sembrar de nuevo en verano si en tu zona no hay heladas o estas empiezan a registrarse en invierno.

El paso a paso a seguir es el siguiente:

  1. Lo primero que tienes que hacer es rellenar una bandeja de semillero (como esta) con sustrato para semilleros (en venta aquí).
  2. Luego, riega a consciencia, empapando bien toda la tierra.
  3. Después, coloca un máximo de dos semillas en cada alvéolo.
  4. A continuación, cúbrelas con una fina capa de sustrato, lo suficientemente gruesa para que no puedan ser dispersadas por el viento.
  5. Por último, pulveriza/rocía con agua la superficie, y coloca la bandeja de semillero en el exterior, a pleno sol si es primavera o en semisombra si es verano.

Germinarán en unas dos semanas como mucho. En cuanto veas que se les salen raíces por los agujeros de drenaje, deberás plantarlas en macetas o en el huerto.

Plagas

Puede verse atacada por las siguientes:

Todas ellas se pueden combatir con tierra de diatomeas (la tienes aquí), jabón potásico (si no lo encuentras en viveros, haz clic), o incluso con agua y jabón si todavía no hay daños importantes.

Enfermedades

Mildiu

Es vulnerable a:

Se combaten con fungicidas como el cobre o azufre (no usar en verano, pues la planta se quemaría), excepto la virosis que el único tratamiento posible es cortar las partes afectadas y esperar. De todas formas, se pueden prevenir controlando los riegos.

Blanqueo

¿Te gustan las lechugas blancas o blanquecinas? De ser así, ata las hojas de tu lechuga romana 4-5 días antes de arrancarlas. Pero ojo: tienes que saber que aunque tendrán mejor sabor, su contenido en vitamina D será más bajo.

Recolección

Por lo general suele estar lista en un par de meses, pero cuando las condiciones de cultivo son buenas (temperaturas cálidas, suministro regular de agua y abono) en 20 días ya se puede recolectar.

Rusticidad

No resiste las heladas. Lo que se puede hacer para aprovechar mejor la temporada, o si se quiere tener lechuga romana disponible por más tiempo, es sembrar las semillas en invierno en un germinador (consíguelo aquí). Así, cuando el tiempo empiece a mejorar tendrás ejemplares creciditos, listos para el trasplante.

¿Qué usos tiene?

Culinario

Se usa como planta hortícola desde hace dos milenios. Hoy día es uno de los ingredientes favoritos para hacer ensaladas. Su valor nutricional es el siguiente:

  • Agua: 95%
  • Hidratos de carbono: 1,5%
    • Fibra: 1%
  • Proteínas: 1,5%
  • Lípidos: 0,3%
  • Potasio: 180 mg/100 g
  • Sodio: 10 mg/100 g
  • Fósforo: 25 mg/100 g
  • Calcio: 40 mg/100 g
  • Hierro: 1 mg/100 g
  • Vitamina C: 12 mg/100 g
  • Vitamina A: 0,2 mg/100 g

Medicinal

Tiene propiedades medicinales muy interesantes: reduce el azúcar en sangre y a conciliar el sueño, estimula las glándulas digestivas, es depurativa y refrescante, y además es anticancerígena.

Y hasta aquí la lechuga romana. Espero que te haya sido de utilidad 🙂 .

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Huerto

Investigadora de las plantas y de su mundo, actualmente soy coordinadora de este querido blog, en el cual llevo colaborando varios años. Me encanta trabajar con la tierra y observar el comportamiento de cada uno de los seres vegetales, pues todos tienen características que los hacen únicos.

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