Los crisantemos ahuyentan las plagas: qué dicen los expertos

  • Los crisantemos producen piretrinas, compuestos naturales con potente efecto insecticida y baja toxicidad para mamíferos.
  • De sus flores se obtiene el piretro, un insecticida natural de amplio espectro útil contra pulgones, mosca blanca y otras plagas.
  • Usados en huerto y jardín, los crisantemos complementan a otras plantas repelentes dentro de una estrategia de control ecológico.
  • Las plantas por sí solas no crean una barrera total contra mosquitos, pero ayudan si se combinan con buenas prácticas de manejo.

Crisantemos que repelen insectos

El verano trae consigo días largos, más planes al aire libre y ese subidón de ánimo que nos da el sol, pero también arrastra un pequeño gran inconveniente: la aparición masiva de insectos molestos en casa, en el jardín y en la terraza. Mosquitos que no dejan dormir, moscas pesadas en la cocina o pequeños bichos que invaden macetas y huertos se convierten en parte del paisaje veraniego.

Ante esta situación, mucha gente recurre de forma casi automática a aerosoles, enchufes eléctricos y otros químicos, con el consiguiente impacto en la salud y en el medioambiente. Sin embargo, cada vez se mira más hacia alternativas naturales y ahí los crisantemos se han ganado un lugar destacado: esta flor tan asociada a los cementerios es, en realidad, una auténtica “fábrica” natural de insecticida, y la ciencia lleva décadas estudiando su eficacia contra multitud de plagas.

Qué es el crisantemo y por qué tiene tan mala fama

Cuando se menciona el crisantemo, o Chrysanthemum, a muchos se les viene a la mente el Día de Todos los Santos y los cementerios, porque es una de las flores más utilizadas tradicionalmente en arreglos funerarios. Esta asociación cultural hace que haya quien le tenga cierta manía, pero si dejamos los prejuicios a un lado, nos encontramos con una planta mucho más interesante de lo que parece.

Originario de China y Japón, el crisantemo es una flor de otoño, con un aire similar al de la margarita, aunque con una variedad de formas, tamaños y colores infinitamente más amplia. Hay flores simples, dobles, tipo pompón, de araña… y una paleta cromática que va del blanco puro al amarillo intenso, pasando por rojos, violetas, rosas o incluso variedades azuladas obtenidas mediante mejora genética.

Más allá de sus usos ornamentales, en Asia oriental el crisantemo tiene un fuerte componente simbólico. Representa la fidelidad, la alegría, el optimismo y una vida larga; no es casualidad que en Japón sea emblema imperial y símbolo de longevidad. Además, se valora por su resistencia: es capaz de florecer cuando muchas otras plantas empiezan a venirse abajo con el frío otoñal.

En casa, el crisantemo se ha ganado fama de planta todoterreno. Es relativamente fácil de cuidar como planta de interior o de exterior, y se adapta bien a distintos climas siempre que tenga luz suficiente y un riego moderado. Esta combinación de estética, significado y rusticidad ya sería motivo de sobra para incluirlo en cualquier jardín o terraza… pero lo que de verdad lo hace especial es su particular arsenal químico contra los insectos.

Flores de crisantemo para repeler plagas

El poder insecticida natural de los crisantemos: piretrinas y piretroides

La clave del papel de los crisantemos en el control de plagas está en unas sustancias que ellos mismos producen. Las cabezas florales de ciertas especies de crisantemo contienen seis compuestos orgánicos conocidos colectivamente como piretrinas (piretrina I y II, cinerina I y II, jasmolina I y II). Son moléculas que la planta sintetiza como defensa frente a insectos que se alimentan de sus tejidos.

Estas piretrinas actúan sobre el sistema nervioso de los insectos: alteran la transmisión de los impulsos nerviosos, provocando descoordinación motora, convulsiones y, en dosis suficientes, parálisis y muerte. Si la cantidad absorbida no llega a ser letal, el insecto puede llegar a recuperarse pasadas unas horas, pero en un contexto de uso como plaguicida suele resultar suficiente para frenar la plaga.

Una ventaja importante es que, a diferencia de muchos insecticidas sintéticos, las piretrinas son poco tóxicas para mamíferos, incluidas las personas. Además, son fotodegradables: la luz solar las descompone con relativa rapidez, lo que reduce su persistencia en el medio ambiente. Eso sí, no son inocuas para todo tipo de fauna: pueden resultar perjudiciales para organismos acuáticos y para algunos insectos beneficiosos si se aplican de forma indiscriminada.

A partir de estas moléculas naturales se desarrollaron los llamados piretroides, que son análogos sintéticos diseñados para imitar y potenciar el efecto insecticida de las piretrinas. Muchos aerosoles domésticos y productos para el control de insectos en el hogar, en mascotas o en ganado incluyen piretroides en su formulación, precisamente porque son muy eficaces a bajas dosis y relativamente seguros si se usan correctamente.

En resumen, cuando se dice que el crisantemo “ahuyenta las plagas”, lo que en realidad se está poniendo en valor es que de esta planta se obtiene uno de los plaguicidas naturales más estudiados y utilizados en el mundo: el piretro, extraído sobre todo de especies como Tanacetum cinerariifolium (pelitre de Dalmacia) o Chrysanthemum cinerariaefolium.

Piretro: el insecticida natural de los crisantemos

El piretro es, básicamente, un preparado obtenido a partir de las flores secas y trituradas de ciertos crisantemos ricos en piretrinas. Tradicionalmente se ha usado en forma de polvo, espolvoreado sobre las plantas o sobre superficies, y también en extractos líquidos que se aplican por pulverización.

Su espectro de acción es amplio: resulta efectivo contra pulgones, cochinillas, trips, mosca blanca, piojos y numerosas plagas domésticas. Actúa por contacto, de manera que es fundamental que llegue físicamente al insecto para que tenga efecto. Por ese motivo suele recomendarse aplicarlo al atardecer o en momentos en los que la actividad de los insectos objetivo sea mayor.

Desde el punto de vista ecológico, el piretro tiene fama de ser una de las opciones menos agresivas dentro del control de plagas, siempre que se utilice con criterio. No deja residuos persistentes en el suelo ni en los cultivos y su degradación por la luz evita acumulaciones a largo plazo. Sin embargo, como cualquier insecticida de amplio espectro, puede afectar también a insectos beneficiosos (polinizadores, depredadores naturales de plagas, etc.), de ahí que se aconseje limitar los tratamientos a momentos concretos y zonas específicas.

Conviene diferenciar entre el piretro natural y algunos productos comercialess que, aunque se presenten como “naturales”, pueden incluir piretroides sintéticos o sinergizantes como el butóxido de piperonilo, destinados a aumentar la potencia y duración del efecto insecticida. Estos compuestos, aunque autorizados, no encajan tan bien en un enfoque de jardinería ecológica estricta.

Aun así, si se dispone de flores de crisantemo adecuadas, siempre queda la opción de preparar insecticidas caseros a pequeña escala, ajustando la concentración y la frecuencia de uso a las necesidades reales del huerto o del jardín.

Historia del uso de los crisantemos contra plagas

El uso de plantas con propiedades insecticidas viene de muy lejos. Es bastante probable que, ya en tiempos prehistóricos, nuestros antepasados descubrieran que quemar ciertas hojas o flores ayudaba a mantener alejados a insectos y otros bichos. Con el tiempo, estas observaciones empíricas se fueron transmitiendo y perfeccionando.

En el caso concreto de los crisantemos, existen registros que apuntan a que las civilizaciones chinas ya utilizaban esta flor con fines insecticidas alrededor del año 1000 a. C.. También se ha encontrado referencia a un “polvo misterioso” en el antiguo Egipto, empleado para proteger cultivos y granos almacenados frente a insectos; siglos más tarde, en Oriente Medio, ese polvo era conocido como “Polvo de Persia”.

Tras muchas investigaciones posteriores, se supo que aquel Polvo de Persia no era otra cosa que flores secas y trituradas de piretro, ricas en piretrinas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, este preparado era uno de los insecticidas más utilizados tanto en agricultura como en huertos domésticos por su eficacia y su relativo buen perfil de seguridad.

Durante el periodo de entreguerras, Japón se convirtió en el principal productor mundial de piretro. Sin embargo, el estallido del conflicto en el Pacífico y el ataque a Pearl Harbor interrumpieron el suministro global de este insecticida natural. Esta situación aceleró la búsqueda de alternativas sintéticas, dando lugar al desarrollo de compuestos como el DDT y marcando el inicio de una nueva era en el control químico de plagas, con consecuencias ambientales que aún arrastramos.

Hoy, con una mayor conciencia ecológica, el interés por el piretro y por los crisantemos como fuente de insecticida natural se ha reactivado, tanto en agricultura ecológica como en jardines urbanos y en el hogar.

Preparados caseros con flores de crisantemo

Si se dispone de acceso a crisantemos del tipo adecuado (especialmente los llamados pelitre de Dalmacia o especies ricas en piretrinas), o si quieres cultivarlos y necesitas orientación sobre cómo plantar crisantemos, es posible elaborar preparados insecticidas caseros para uso puntual en huerto o jardín. No sustituyen a una gestión integrada de plagas, pero pueden ser un buen apoyo.

Una fórmula tradicional para extracto líquido consiste en utilizar aproximadamente 20 gramos de flores de piretro por cada 10 litros de agua limpia. Se pueden emplear flores frescas recién recolectadas o flores secas. Se trituran ligeramente y se dejan macerar en el agua durante unas 24 horas, removiendo de vez en cuando para facilitar la extracción de las piretrinas.

Tras ese tiempo, se filtra la mezcla para eliminar restos vegetales y se procede a pulverizar directamente sobre las plantas afectadas, preferiblemente a última hora del día para reducir la degradación por la luz solar y minimizar el impacto sobre polinizadores activos. Es importante preparar solo la cantidad que se vaya a usar en el momento, ya que la mezcla pierde eficacia con rapidez.

En forma de polvo, el piretro puede utilizarse solo o mezclado con materiales como yeso finamente molido, que mejoran la adherencia del preparado sobre las hojas y sobre el cuerpo de los insectos. Se espolvorea con cuidado sobre la zona afectada, evitando días de viento para no inhalar el polvo ni dispersarlo innecesariamente.

Algunas recetas avanzadas combinan la piretrina natural con pequeñas cantidades de raíz de Derris elliptica (rotenona), aunque esta sustancia está cada vez más limitada por su toxicidad para peces y organismos no objetivo. En cualquier caso, conviene extremar las precauciones de uso y protección personal (guantes, mascarilla si se maneja polvo, etc.).

¿De verdad las plantas, incluidos los crisantemos, ahuyentan mosquitos?

En los últimos años se ha popularizado la idea de que ciertas plantas “repelen mosquitos” solo con tenerlas cerca, como si fueran una especie de barrera aromática mágica. Los crisantemos, la lavanda, la hierba gatera, la caléndula o la albahaca suelen aparecer en estas listas, y lo cierto es que sí contienen compuestos con efecto repelente o insecticida.

La ciencia ha identificado que estas plantas albergan diferentes fitoquímicos que dificultan que los insectos se alimenten de ellas o actúan directamente sobre su sistema nervioso. Eso explica que de muchas de ellas se extraigan aceites esenciales e ingredientes activos para fabricar insecticidas y repelentes comerciales.

Sin embargo, los entomólogos matizan bastante el entusiasmo. Expertos como el doctor James Dill, de la Universidad de Maine, señalan que no existen pruebas contundentes de que tener estas plantas simplemente colocadas en el jardín o en casa reduzca de forma significativa el número de picaduras de mosquitos. Es muy probable que te piquen más o menos lo mismo con o sin ellas.

La explicación es sencilla: aunque las plantas producen estos compuestos, no los liberan al aire en cantidades suficientes como para crear una “burbuja protectora” a tu alrededor. Como apunta el doctor Joel Coats, de la Universidad Estatal de Iowa, los fitoquímicos que repelen o matan insectos están presentes sobre todo en los tejidos y no se difunden al ambiente de manera intensa y continua.

Incluso aplicando aceites esenciales directamente sobre la piel, la doctora Sarah Moore, del Instituto Suizo de Salud Pública y Tropical, recuerda que estos compuestos volátiles se evaporan con rapidez, por lo que su eficacia como repelente es limitada en el tiempo si no se reaplican con frecuencia y a concentraciones adecuadas. Por tanto, conviene ser realista: los crisantemos ayudan en el control de plagas, sí, pero no son un escudo infalible contra los mosquitos cuando se usan simplemente como planta decorativa.

Cómo usar crisantemos en casa para reducir insectos

Aunque las limitaciones científicas están claras, los crisantemos sí pueden formar parte de una estrategia doméstica para reducir la presencia de ciertos insectos, sobre todo si se combinan con otras medidas (mosquiteras, eliminación de aguas estancadas, etc.).

En maceta, los crisantemos funcionan bien en terrazas, balcones y patios; si buscas ideas para estos espacios, consulta plantas ideales para balcones. Colocarlos cerca de puertas y ventanas puede ayudar a que su presencia y su ligero aroma contribuyan, junto con otras plantas aliadas, a incomodar a moscas, pulgones, hormigas o mosquitos. No es milagroso, pero suma dentro de un enfoque más global y respetuoso con el entorno.

Dado que necesitan buena iluminación, lo ideal es que pasen el día en zonas muy luminosas, con sol filtrado o semisombra; para más detalles sobre sol o sombra para crisantemos puedes consultar guías específicas. En interiores, se pueden situar cerca de ventanas bien orientadas. Algunas recomendaciones apuntan incluso a dejarlos en terrazas o alféizares durante el día y llevarlos por la noche a dormitorios o salas donde más molesten los insectos, aprovechando así su efecto como planta decorativa y potencial aliada.

Como flor cortada, el crisantemo también tiene ventajas prácticas: sus ramos pueden durar hasta tres semanas si se les cambia el agua con frecuencia y se retiran las hojas que queden sumergidas para evitar que se pudran. Esto permite disfrutar de su colorido y, al mismo tiempo, aprovechar mínimamente la presencia de sus compuestos aromáticos en interiores.

En huertos y jardines, plantarlos en suelo firme, preferiblemente en borduras o cerca de cultivos sensibles, puede ayudar a disuadir a plagas como pulgones, moscas blancas, mosquitos u otros insectos de partes tiernas. Su masa vegetal y su floración abundante encajan bien con un enfoque de biodiversidad, siempre que se respeten los periodos de visita de polinizadores y no se abuse de pulverizaciones insecticidas.

Otras plantas que ayudan a mantener a raya las plagas

Aunque los crisantemos son el protagonista de esta historia, no están solos en el mundo de las plantas con propiedades repelentes o insecticidas. Integrar distintas especies en el huerto o jardín suele ser más efectivo que centrarse solo en una.

El alisum, por ejemplo, es una planta de porte bajo y crecimiento redondeado, con infinidad de pequeñas flores. Su floración larga y abundante ayuda a mantener alejados pulgones y mosquitos del área de cultivo. Tolera bien el sol, incluso pleno, y actúa como acolchado natural, reduciendo la humedad excesiva en la superficie del suelo.

La manzanilla, de porte herbáceo anual y muy aromática, puede llegar a unos 50 centímetros de altura. Es conocida por su capacidad para disuadir ácaros, moscas y hormigas, además de atraer insectos beneficiosos. Plantarla en los bordes del huerto es una forma sencilla de sumar defensa biológica.

La albahaca, omnipresente en la cocina mediterránea, también tiene su papel en el control de plagas. Su olor intenso parece resulta especialmente incómodo para moscas, mosquitos y algunos ácaros, por lo que se recomienda plantarla cerca de tomates, pimientos y flores como geranios. Eso sí, agradece cierta protección frente al calor extremo.

El tomillo y el romero son otros dos clásicos. Sus aceites esenciales, ricos en compuestos aromáticos, atraen polinizadores y a la vez desagradan a muchas plagas. Suelen plantarse como setos bajos o borduras, actuando casi como una “frontera” natural antiinsectos alrededor del huerto.

Entre las flores, la caléndula y la lavanda ocupan un lugar especial. La primera contiene terpenoides, flavonoides y aceites esenciales que resultan desagradables para numerosos insectos y la convierten en una especie de repelente natural en el parterre. La lavanda, por su parte, debe su eficacia sobre todo a compuestos como el linalol y el acetato de linalilo, que incomodan a polillas, moscas, pulgas y mosquitos, al tiempo que llenan el entorno de un aroma que a nosotros sí nos suele gustar.

Crisantemo en el huerto: aliado frente a pulgones, moscas y demás bichos

En el contexto del huerto, los crisantemos encajan especialmente bien como planta de acompañamiento para proteger cultivos más delicados. Su porte ramificado, con muchas pequeñas flores en las puntas de los tallos, crea un volumen vegetal atractivo para combinar con hortalizas y otras ornamentales.

En suelo firme, fuera de macetas o mesas de cultivo, se desarrollan con fuerza. Su sistema radicular se adapta bien a terrenos fértiles y bien drenados, y su presencia puede ayudar a frenar ataques de pulgones, moscas, mosquitos y otros insectos que merodean por la huerta.

La clave está en integrarlos dentro de una estrategia de manejo de plagas basada en la diversidad y en plantas resistentes para jardines. Combinar crisantemos con albahaca, caléndula, lavanda o borraja, por ejemplo, crea un mosaico vegetal que dificulta la proliferación masiva de una sola plaga, haciendo el entorno menos predecible y agradable para los insectos problemáticos.

Aunque el mayor efecto insecticida se obtiene de las flores procesadas, como hemos visto con el piretro, la simple presencia de crisantemos en el huerto puede contribuir a un cierto nivel de incomodidad para algunos bichos, y sobre todo refuerza un modelo de cultivo más respetuoso con el medio ambiente.

Con un mínimo de cuidados (podar crisantemos tras la floración y buena exposición a la luz), los crisantemos pueden mantenerse año tras año como parte fija de las rotaciones del huerto, aportando color, simbolismo y una pequeña ayuda en la lucha cotidiana contra las plagas.

Al final, esta flor tan ligada a tradiciones funerarias se revela como una aliada sorprendente: embellece la casa y el jardín, simboliza alegría y larga vida en muchas culturas y, además, aporta una de las armas naturales más eficaces que conocemos contra los insectos, las piretrinas. Integrar crisantemos y otras plantas repelentes en el diseño de nuestros espacios verdes, apoyado por buenas prácticas de manejo y evitando abusar de químicos agresivos, es una forma sencilla y bastante agradecida de convivir mejor con las inevitables plagas del verano y del resto del año.

Crisantemo en flor.
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