
Los jardines de la Alhambra y el Generalife se han colocado en el centro del debate internacional gracias a un ambicioso proyecto académico que se prolongará durante varios años y que conectará Granada con Washington. A través de congresos, encuentros científicos y actividades culturales, se revisará a fondo la historia, el simbolismo y la proyección contemporánea de estos paisajes únicos del mundo islámico y mediterráneo.
La iniciativa llega en un momento especialmente simbólico, coincidiendo con el centenario de la unificación de la gestión de la Alhambra y el Generalife, y se complementa en la ciudad con una exposición que recorre cuatro siglos de imágenes en color del monumento y sus jardines. Entre debates especializados y propuestas para el gran público, Granada refuerza su papel como laboratorio vivo donde estudiar cómo se han pensado, vivido y representado estos espacios a lo largo del tiempo.
Un congreso internacional para mirar de nuevo los jardines de la Alhambra

El proyecto académico gira en torno al congreso internacional “Juntando arrayanes. Jardines de la Alhambra, el Generalife y el Mediterráneo”, que se celebra estos días en el Palacio de Carlos V de Granada como primera gran cita. Durante tres jornadas, especialistas de Europa, Estados Unidos y Oriente Medio se reúnen para analizar la trayectoria histórica y la vigencia actual de estos paisajes culturales vinculados al conjunto nazarí.
La expresión “Juntando arrayanes” procede del erudito granadino Ibn al-Jatib, que en el siglo XIV utilizó esa imagen para referirse al acto de crear jardines. No es casual: el arrayán o mirto, una de las plantas más características de los jardines de al-Ándalus, sigue siendo hoy una presencia icónica en los patios y parterres de la Alhambra, y se ha convertido en metáfora de la construcción del paisaje. Esa idea de reunir y componer vegetación sirve ahora como hilo conductor de todo el programa. En este sentido, las características del jardín árabe ayudan a explicar la presencia de especies como el arrayán en espacios históricos.
El congreso está organizado por el Patronato de la Alhambra y Generalife, la Fundación Pública Andaluza El Legado Andalusí y el centro de investigación Dumbarton Oaks, vinculado a la Universidad de Harvard. Esta colaboración entre instituciones andaluzas y una referencia académica internacional con sede en Washington DC busca conectar la experiencia local del monumento con una mirada comparada más amplia sobre los jardines históricos del Mediterráneo y del mundo islámico.
La sesión inaugural tiene lugar en el Palacio de Carlos V de Granada, un edificio renacentista enclavado en pleno recinto nazarí. A primera hora de la mañana está prevista la apertura institucional con la intervención de Thomas B. F. Cummins, director de Dumbarton Oaks, acompañado por Rodrigo Ruiz-Jiménez, responsable del Patronato de la Alhambra y Generalife, y Concha de Santa Ana, directora de la Fundación El Legado Andalusí. El acto marca el arranque de un encuentro que aspira a convertirse en referencia para el estudio de los jardines históricos.
Tras la apertura, la profesora Fairchild Ruggles, de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign y figura destacada en la investigación sobre jardines islámicos, ofrece la conferencia inaugural titulada “Un ojo lleno de deleite: Jardines, paisaje y visión en al-Andalus”. Su intervención pretende situar la experiencia visual y sensorial de estos espacios en el centro del análisis, más allá de la pura descripción arquitectónica o botánica.
Un programa científico que conecta agua, territorio y jardín
El primer día de trabajo se estructura en varias ponencias dedicadas a los orígenes del jardín y a su evolución desde la Antigüedad hasta el mundo islámico y andalusí. Durante la mañana intervienen especialistas como Hervé Brunon, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia; Kathryn Gleason, de la Universidad de Cornell; Denis Genequand, del Museo Romano de Avenches en Suiza; y Safa Mahmoudian, de la Universidad de Viena. Sus aportaciones recorren temas como el nacimiento de la agricultura, la relación entre los jardines de Roma y Oriente, o la configuración de los primeros espacios florales en las cortes islámicas.
En las sesiones de tarde, el foco se desplaza hacia el jardín medieval en la península ibérica, con especial énfasis en la Alhambra y el Generalife. Participan investigadores como Antonio Almagro y Luis J. García, de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC, junto a Carmen Trillo (Universidad de Granada) y Diego Rivera (Universidad de Murcia). Entre las cuestiones que se abordarán figuran el papel del agua en la configuración del paisaje, la organización del territorio agrícola circundante y la riqueza botánica asociada al mundo de al-Ándalus.
Más allá de esta primera convocatoria, el proyecto “Juntando arrayanes” tiene una proyección plurianual. Está previsto que el congreso continúe en 2027 con una sesión centrada en las cuestiones tecnológicas y arqueológicas relacionadas con el agua y los jardines del islam, un ámbito clave para comprender los complejos sistemas hidráulicos que hicieron posibles estos paisajes en entornos a menudo secos. Una tercera etapa, programada para 2028 en Washington, se dedicará al impacto cultural de los jardines de la Alhambra y otros espacios afines en la literatura, la música, la pintura y diferentes disciplinas artísticas.
En conjunto, el programa reunirá a investigadores procedentes de instituciones de varios países, entre ellas la Universidad de Granada, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Universidad Politécnica de Madrid, la Université Grenoble Alpes, el National Museum of Qatar o la Mutah University, entre otras. La idea es tejer una red internacional de especialistas que permita situar los jardines de la Alhambra en diálogo con otros grandes conjuntos paisajísticos históricos del Mediterráneo y de más allá.
Esta mirada comparada resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que los jardines nazaríes de Granada se consideran hoy uno de los paisajes palaciegos con mayor continuidad histórica del planeta. Pese a los cambios políticos, económicos y sociales vividos a lo largo de los siglos, estos espacios han mantenido usos agrícolas, ornamentales y simbólicos que enlazan directamente con sus orígenes medievales. Esa continuidad histórica es clave para entender su valor patrimonial.
Un paisaje con siglos de continuidad y proyección mediterránea
Dentro del recinto, espacios como las huertas del Generalife, el Patio de la Acequia, el Patio de los Arrayanes o las paratas del Partal destacan por haber permanecido cultivados y cuidados durante generaciones. Sus orígenes se remontan a los siglos XIII y XIV, cuando la monarquía nazarí configuró en la colina de la Sabika un complejo sistema de palacios, terrazas y huertas irrigadas que combinaban funciones productivas, recreativas y de representación del poder.
Esa permanencia los sitúa en la misma liga que otros grandes conjuntos históricos como el Agdal de Marrakech o algunos jardines tradicionales de China y Japón, a menudo utilizados como referencia cuando se habla de continuidad en la gestión del paisaje. En el caso granadino, el Patronato de la Alhambra insiste en que no se trata solo de una cuestión estética o artística, sino también de un modelo temprano de manejo sostenible del agua y de los recursos naturales, en el que el diseño del jardín está íntimamente ligado a la red de acequias, albercas y sistemas de riego.
Aunque han atravesado etapas de decadencia y crisis, estos espacios nunca llegaron a abandonarse del todo, lo que ha permitido conservar estructuras y prácticas que se remontan a la época medieval. El congreso aprovecha precisamente esa continuidad para preguntarse cómo se ha reinterpretado el jardín a lo largo del tiempo, qué elementos se han mantenido estables y cuáles se han ido adaptando a las nuevas sensibilidades y necesidades.
La referencia al Mediterráneo en el título del encuentro no es casual: el programa busca poner en relación los jardines de la Alhambra y el Generalife con otros paisajes de la cuenca mediterránea, tanto cristianos como islámicos. De este modo, la experiencia granadina se analiza junto a huertos históricos, residencias palaciegas y conjuntos agrícolas que comparten una misma preocupación por el agua, la sombra, la vegetación aromática y la creación de espacios de descanso en climas cálidos.
En este punto, los organizadores subrayan la importancia de ver los jardines de la Alhambra no solo como un escenario monumental para las visitas turísticas, sino como un laboratorio vivo donde ensayar nuevas formas de conservación, interpretación y gestión de paisajes históricos que siguen en uso. La combinación de investigación académica, divulgación y exposición pública pretende abrir un debate amplio sobre su futuro.
El color de los jardines: una exposición sobre cómo se ha mirado la Alhambra
En paralelo al congreso, la Fundación Pública Andaluza El Legado Andalusí ha inaugurado en el Corral del Carbón la exposición “Cuando el color iluminó el jardín. Granada, 1513-1975”. Esta muestra propone un recorrido por más de cuatro siglos de representaciones del paisaje de la Alhambra y sus jardines, centrándose en cómo artistas, impresores y fotógrafos han ido incorporando el color para captar la luz y la riqueza cromática del monumento.
La exposición reúne grabados, pinturas, fotografías y diversos dispositivos fotográficos, algunos procedentes de instituciones francesas y españolas y otros de colecciones particulares. El objetivo es mostrar cómo ha cambiado la manera de mirar y reproducir estos jardines, desde las primeras estampas en blanco y negro hasta la consolidación de la fotografía en color y la expansión de la industria editorial en el siglo XX.
Los comisarios de la muestra son los investigadores de la Universidad de Granada Javier Piñar Samos y José Tito Rojo, responsables también de la exposición “Jardines del Generalife y la Alhambra. El milagro que nació del agua”, instalada en el Museo de Bellas Artes del Palacio de Carlos V. En cierto modo, la nueva propuesta en el Corral del Carbón se plantea como una extensión de aquella exposición, ampliando la mirada hacia la forma en que el color ha contribuido a fijar en la memoria colectiva la imagen de estos jardines.
Uno de los hilos conductores de la muestra es la constatación de que, durante siglos, la pintura tuvo ventaja frente a las imágenes impresas cuando se trataba de reproducir la sensación de estar en los jardines de la Alhambra. Los grabados carecían del componente cromático, considerado esencial para dotar de verosimilitud a cualquier representación del paisaje, y hubo que esperar a la aparición de técnicas como la litografía para comenzar a experimentar con soluciones que se acercaran al efecto del color real.
A partir del siglo XIX, la llegada de la litografía, las cromolitografías, los fotocromos y la fotografía abrió un abanico de posibilidades para simular y, más tarde, captar directamente el color. La exposición permite seguir esa evolución paso a paso, mostrando algunos de los mecanismos técnicos utilizados para colorear vistas de la Alhambra y sus jardines, desde intervenciones manuales sobre las copias hasta los primeros procesos industriales en imprenta.
Para hacer posible el recorrido se ha contado con la colaboración de diversas instituciones europeas y españolas, entre ellas el Musée Albert-Kahn y la Bibliothèque Historique de la Ville de Paris, además de la Biblioteca de Andalucía, la Real Academia de Bellas Artes de Granada y la Fundación Pública Andaluza Rodríguez-Acosta. A esta nómina se suman varios coleccionistas privados, que han cedido piezas difíciles de ver fuera de este contexto.
La inauguración de la exposición ha congregado a representantes del ámbito cultural andaluz, entre ellos la secretaria general de Patrimonio Histórico y Documental, Mar Sánchez Estrella; el delegado territorial de Cultura y Deporte, David Sánchez; y la directora gerente de El Legado Andalusí, Concha de Santa Ana. La muestra puede visitarse en el Corral del Carbón en horario de mañana y permanecerá abierta al público hasta el 8 de junio, lo que facilita que tanto la ciudadanía como los asistentes al congreso puedan acercarse a ella.
Entre el congreso “Juntando arrayanes” y la exposición dedicada al color, los jardines de la Alhambra y el Generalife se confirman como un tema de estudio de primer orden y, al mismo tiempo, como un motivo artístico inagotable. Las huertas históricas, los patios de agua y los paisajes vegetales que rodean el conjunto nazarí se observan hoy con otros ojos: como un legado vivo en el que se entrecruzan ciencia, historia, arte y gestión del territorio, y cuya relevancia traspasa con creces las fronteras de Granada y del propio recinto monumental.