Manos en la tierra, mente en calma: así te cuida la jardinería

  • Una sola sesión de 90 minutos de plantación de árboles puede reducir tensión, ira, fatiga, estrés percibido y ansiedad de estado, mejorando el estado de ánimo y el vigor en adultos jóvenes.
  • Los beneficios emocionales se explican por la combinación de sentido de propósito, activación sensorial, actividad física moderada y contacto con el suelo, además de la dimensión social de plantar en grupo.
  • En entornos urbanos con alta carga de estrés y poca naturaleza, las actividades de revegetación y jardinería comunitaria son una herramienta complementaria eficaz para favorecer el bienestar psicológico.
  • Grupos como EE12‑HYGIA del ibs.GRANADA están impulsando investigaciones en ecopsicología que ayudan a integrar la creación de espacios verdes en las políticas de salud y cuidado centrado en la persona.

Beneficios de la jardinería para la salud mental

Sumergir las manos en la tierra y dedicar un rato a la jardinería puede parecer un simple pasatiempo, pero la ciencia lleva tiempo demostrando que es mucho más que eso. Plantar, regar, cuidar un árbol o una pequeña maceta en el balcón o crear un rincón verde en casa tiene un impacto directo en cómo nos sentimos, en nuestro nivel de estrés y en la calidad de nuestro día a día.

En los últimos años, varios equipos de investigación han puesto el foco en esta conexión entre naturaleza y bienestar, y están encontrando resultados muy claros: una sola sesión de plantación bien guiada, de apenas hora y media, es capaz de reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y aliviar la sensación de tensión mental. Y lo mejor es que esta actividad, además, ayuda a reverdecer las ciudades y a hacerlas más habitables para todo el mundo.

Manos en la tierra, mente más tranquila: qué nos dice la ciencia

Uno de los trabajos más llamativos se llevó a cabo en Granada, de la mano del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) y la Universidad de Granada, y se publicó en la revista científica Ecopsychology. Este estudio se centró en una actividad concreta y muy sencilla: una sesión grupal de plantación de árboles de 90 minutos de duración.

En esa investigación participaron 154 jóvenes adultos, en su mayoría mujeres (más del 80 %), con una edad media cercana a los 20 años. La actividad tuvo lugar en el campus del Parque Tecnológico de la Salud (PTS) de Granada, un entorno urbano pero con espacios pensados para integrar la naturaleza en el día a día universitario.

La sesión no fue una plantación improvisada, sino una experiencia bien organizada: contó con la guía de un terapeuta y dos biólogas especializadas en este tipo de intervenciones, que se encargaron de explicar el proceso, acompañar al grupo y favorecer que las personas participantes se implicaran de forma consciente en lo que estaban haciendo.

Cada persona plantó dos árboles de especies autóctonas resistentes al cambio climático, entre ellas algarrobos, encinas, quejigos y cerezos silvestres. La elección no fue casual: se buscaban especies adaptadas al clima local y con capacidad para resistir las condiciones extremas que se están volviendo cada vez más frecuentes, de forma que la plantación tuviera sentido tanto a nivel emocional como ecológico.

Para hacer posible la actividad, el material vegetal fue facilitado con la colaboración de la asociación Árboles Contra el Cambio Climático en Granada (ACCC Granada), una entidad dedicada a promover la revegetación urbana y la sensibilización ambiental en la zona. De este modo, la intervención unió ciencia, salud y compromiso con el entorno.

Plantación de árboles y bienestar emocional

Qué efectos se observaron tras solo 90 minutos de plantación

Antes de empezar a plantar y justo después de terminar la actividad, se realizaron una serie de evaluaciones psicológicas estandarizadas para medir el estado emocional de los participantes. Los resultados fueron muy claros: después de la sesión se apreciaron mejoras significativas en varios indicadores clave.

Por un lado, disminuyeron de forma notable niveles de tensión, ira y fatiga, tres sensaciones muy ligadas al estrés del día a día, especialmente en contextos de estudio, trabajo o vida urbana acelerada. También se redujo el estado de ánimo deprimido, es decir, esa mezcla de apatía, tristeza y falta de energía que muchas personas experimentan sin llegar a un cuadro clínico de depresión.

Al mismo tiempo, se detectó un aumento del vigor, entendido como sensación de energía, motivación y vitalidad. Es decir, las personas no solo se sentían menos cansadas o nerviosas, sino que salían de la actividad con más ganas de hacer cosas, con una actitud más activa y positiva.

Otro aspecto muy interesante fue la reducción del estrés percibido. Este concepto hace referencia a cómo valora cada uno las demandas de su entorno y sus propios recursos para afrontarlas. No se trata solo de “tener muchas cosas que hacer”, sino de cómo interpretamos esa carga. Tras la sesión de plantación, las personas participantes sentían que la vida pesaba un poco menos.

También se observó una disminución en la ansiedad de estado, es decir, en la ansiedad que se experimenta en un momento concreto (no la ansiedad de rasgo, que es algo más estable en el tiempo). En otras palabras, tras esa hora y media de manos en la tierra, la sensación de nerviosismo y preocupación inmediata era sensiblemente menor.

Los análisis estadísticos confirmaron que estos cambios no eran fruto del azar. Además, se vio que las mejorías eran aún más evidentes en las personas que, antes de la intervención, ya tenían una mayor sensación de conexión con la naturaleza. Es decir, quienes se sentían más cercanos al entorno natural parecían beneficiarse todavía más de esta experiencia concreta de plantación.

Por qué plantar árboles nos hace sentir mejor

Los investigadores plantean varios mecanismos que podrían explicar por qué una sencilla actividad de jardinería o plantación puede producir cambios tan rápidos en el bienestar emocional. No se trata de una única causa, sino de la suma de varios factores que actúan al mismo tiempo.

Uno de ellos es el sentido de propósito. Participar en la creación o recuperación de un espacio verde urbano genera la sensación de estar haciendo algo valioso, tanto para uno mismo como para la comunidad y el planeta. Ver un árbol plantado por tus propias manos y saber que seguirá creciendo durante años es una fuente de satisfacción difícil de obtener en otras actividades más abstractas.

También entra en juego la activación sensorial. El contacto directo con la tierra, el olor del suelo húmedo, la textura de las raíces, la temperatura del aire o el sonido del entorno natural estimulan nuestros sentidos de una forma que contrasta con los ambientes cerrados y digitales en los que pasamos gran parte del tiempo. Este tipo de estimulación suele asociarse a una sensación de calma y de presencia en el aquí y ahora.

No hay que olvidar la actividad física moderada implicada en cavar, transportar tierra, colocar los plantones o regar. Aunque no sea un ejercicio intenso, moverse al aire libre, agacharse, levantarse y coordinar movimientos suaves contribuye a liberar tensiones musculares y a activar mecanismos fisiológicos relacionados con la regulación del estrés.

Un aspecto especialmente interesante es la relación entre la exposición al suelo y la regulación del eje intestino-cerebro. En los últimos años, diferentes estudios han sugerido que los microorganismos presentes en la tierra y en los entornos naturales pueden influir indirectamente en nuestra microbiota intestinal, y a través de ella, en el funcionamiento del sistema nervioso y el estado de ánimo. Aunque este campo aún se está investigando, cada vez hay más evidencias de que el contacto con la naturaleza va mucho más allá de lo psicológico.

Por último, la dimensión social de estas actividades también cuenta. Plantar en grupo, compartir una experiencia en la que todos colaboran hacia un objetivo común, favorece la conexión entre personas, el sentimiento de pertenencia y el apoyo mutuo. Esa red social, aunque sea puntual, tiene un efecto protector frente a la sensación de soledad o aislamiento tan frecuente en las ciudades.

Jardinería urbana y salud mental

Salud mental en la ciudad: por qué la jardinería importa tanto

El estudio realizado en Granada se enmarca en un contexto global de creciente preocupación por la salud mental en entornos urbanos. La vida en la ciudad suele ir asociada a ruido constante, prisas, contaminación, largos desplazamientos y una exposición continua a pantallas y estímulos digitales. Todo ello contribuye a incrementar el estrés crónico y los niveles de ansiedad.

Además, en muchas ciudades existe una clara desconexión con la naturaleza: escasez de zonas verdes, falta de árboles en las calles, patios escolares sin vegetación, viviendas sin balcones o terrazas… Esta falta de contacto con entornos naturales se ha relacionado con una mayor incidencia de problemas emocionales, especialmente en jóvenes y personas que ya arrastran otras cargas psicológicas.

En este escenario, las actividades de revegetación urbana y jardinería comunitaria se convierten en herramientas muy valiosas. No solo mejoran la calidad del aire, reducen la temperatura ambiental o generan sombra; también ofrecen a la población oportunidades reales y accesibles de reconectar con la naturaleza y de cuidar su salud mental sin necesidad de intervenciones complejas ni costosas.

El trabajo de ibs.GRANADA y la Universidad de Granada apunta precisamente en esta dirección: la plantación de árboles, organizada de forma adecuada, puede funcionar como una intervención complementaria para el bienestar emocional, compatible con otros enfoques terapéuticos y de promoción de la salud. No sustituye a la atención psicológica o médica cuando es necesaria, pero sí puede ser un recurso más en la caja de herramientas para prevenir y aliviar el malestar.

Además, este tipo de iniciativas tiene una dimensión colectiva muy marcada. A medida que las personas mejoran su bienestar emocional, también están contribuyendo a crear espacios verdes que permanecen y benefician a vecinos, fauna urbana y al propio ecosistema de la ciudad. Se genera así un círculo virtuoso: cuidar la naturaleza ayuda a cuidar a las personas, y unas personas más sanas se implican más en proteger su entorno.

El papel del grupo de investigación EE12‑HYGIA

Detrás de este tipo de proyectos hay equipos multidisciplinares que combinan experiencia clínica, docencia e investigación aplicada. En este caso destaca el grupo EE12‑HYGIA: Cuidados y factores condicionantes en salud, integrado en el ibs.GRANADA. Se trata de un grupo formado fundamentalmente por profesionales de enfermería asistencial y docente de Granada, junto con personal de Atención Primaria.

Su labor se centra en estudiar las intervenciones y resultados en cuidados de salud, poniendo especial atención en cómo distintos factores biopsicosociales influyen en el bienestar. Esto incluye desde la promoción de hábitos de vida saludables y la prevención de la enfermedad, hasta la organización de los servicios sanitarios y la forma en que el conocimiento científico se traslada a la práctica clínica real.

Dentro de sus líneas de trabajo se encuentran áreas clave como los cuidados centrados en la persona, la innovación en la práctica de enfermería y la prevención en salud a lo largo de todo el ciclo vital. La integración de actividades en contacto con la naturaleza, como la jardinería o la plantación de árboles, encaja en este enfoque amplio que va más allá del tratamiento puntual de síntomas para intentar abordar las causas de fondo del malestar.

El grupo EE12‑HYGIA participa además en redes europeas de investigación como RISEUP-PPD y TREASURE, ambas orientadas al estudio del estrés perinatal y su impacto en la salud maternoinfantil. Estas colaboraciones internacionales permiten compartir datos, estrategias y experiencias con otros equipos, lo que contribuye a mejorar la calidad de los estudios y a ampliar el alcance de las intervenciones basadas en la evidencia.

Quien desee profundizar en su trabajo puede encontrar más detalles sobre sus proyectos, líneas de investigación y publicaciones en la información disponible a través de los recursos oficiales del ibs.GRANADA y el grupo EE12‑HYGIA, donde se recogen sus actividades en promoción del bienestar y cuidado de la salud.

Un estudio clave en ecopsicología: referencia y relevancia

La investigación sobre los efectos emocionales de plantar árboles liderada por este equipo se publicó bajo el título en inglés “Participating in Tree Planting Improves Mood, Reduces Stress, and Alleviates Anxiety” en la revista Ecopsychology, una publicación especializada en la relación entre mente y entorno natural. El trabajo está firmado por Doğukan Baran Güngörmüş y José Manuel Pérez-Mármol.

Este tipo de artículos científicos siguen un proceso de revisión por pares, lo que significa que otros expertos independientes analizan la metodología, los resultados y las conclusiones antes de que el estudio vea la luz. Esto ayuda a garantizar que los datos presentados sean sólidos, que las herramientas de evaluación utilizadas sean fiables y que las interpretaciones estén bien fundamentadas.

El valor de esta investigación reside en que demuestra de forma cuantitativa algo que muchas personas perciben de manera intuitiva: que el contacto directo con la naturaleza, incluso en pequeñas dosis, tiene un impacto positivo en el estado de ánimo y el estrés. Además, lo hace a partir de una intervención concreta y replicable (una sesión de 90 minutos de plantación), lo que facilita que otros equipos puedan repetirla o adaptarla en diferentes contextos urbanos.

La publicación en una revista centrada en ecopsicología contribuye también a consolidar este campo de estudio, que integra conocimientos de psicología, biología, salud pública y ciencias ambientales. Con cada nuevo trabajo, se refuerza la idea de que la salud humana y la salud de los ecosistemas están profundamente interconectadas y no pueden abordarse por separado.

En términos prácticos, este tipo de evidencia respalda el diseño de políticas públicas y programas comunitarios que incorporen la jardinería, la plantación de árboles y la creación de espacios verdes como parte de las estrategias de promoción del bienestar emocional, especialmente en barrios con menos recursos o menor acceso a la naturaleza.

Todo este cuerpo de conocimiento nos lleva a una idea sencilla pero potente: dedicar tiempo a cuidar plantas, participar en la creación de zonas verdes o simplemente ensuciarse un poco las manos con tierra puede marcar una diferencia real en cómo nos sentimos, tanto a corto como a largo plazo, al tiempo que contribuye a construir ciudades más amables y resilientes frente a los retos del futuro.

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