Longicornio del pino (Monochamus galloprovincialis)

dos insectos con antenas muy largas y llamados Monochamus galloprovincialis

El Monochamus galloprovincialis es un diminuto insecto, específicamente un escarabajo, que sirve como vector para llevar de un pino a otro un diminuto gusano que es capaz de acabar con cientos de coníferas y otras especies de árboles en muy poco tiempo.

Se trata de una especie que procede de América del norte, tan microscópica como letal. Este escarabajo llamado también longicornio del pino, pertenece a la familia de los cerambicidos, cuyo radio de acción no excede más de los 3 kilómetros en toda su vida.

Características del Monochamus galloprovincialis

imagen de un pino donde se ven sus ramas totalmente secas

Durante su etapa adulta, estos insectos llegan a los coníferos cargados de los diminutos gusanos en sus antenas, los cuales a su vez proceden de algún árbol que ya se encuentra infectado.

Una vez allí, el nematodo o gusano accede al interior del árbol utilizando las hifas de los hongos, que por lo general están en ellos y también, penetrando por las heridas que tengan estos árboles, es decir cualquier grieta presente en la superficie de la corteza es buena para ingresar e infectar la planta.

Al mismo tiempo, este en su proceso invasivo, da lugar a una serie de galerías en la parte interna del tronco del pino, lo cual hace que este pierda buena parte de su atractivo y valor para el comercio aun cuando reciba tratamientos con productos químicos.

¿Cómo afecta a la planta?

Cuando los microscópicos nematodos ingresan al pino, invaden por completo los canales de resinas y allí se alimentan del parénquima presente en dichos canales, al igual que de las células epiteliales. Al verse afectados los canales resiníferos, ya no hay más producción de resina, lo que impide la transpiración de las acículas.

Muy pronto, el pino comienza a presentar signos inequívocos de la infección, luciendo marchito y un color amarillo en las aurículas. Aun sería posible observar acículas entre pardo y amarillas en las ramas, sin embargo, en un máximo de 3 meses el árbol habrá muerto.

Este pequeño organismo posee una elevada capacidad de adaptación gracias a su tremenda plasticidad. Para conseguir una buena adaptación, le basta con un clima templado que se ubique sobre los 20 grados en temporada de verano, siendo más fácil su distribución a altitudes menores a los 1.000 metros.

Por estas razones es que en la actualidad es muy común notar su presencia en la región sur de Pontevedra y también en Extremadura, donde la mortalidad del arboles entre julio y agosto cuando las temperaturas oscilan entre los 20 y los 25 grados, es evidente.

Además, hay otros elementos que favorecen que este nematodo se instale y se desarrolle rápidamente en los pinos, siendo estos la ausencia de lluvia, lo cual genera estrés en los pinos durante el verano.

¿Qué hacer si se detecta la infección en los árboles?

Si se detecta que el pino se encuentra infectado, hay que informar de inmediato a las autoridades competentes en materia forestal para que inicien las correspondientes acciones que el caso amerita.

Lo que se hace en estos casos es determinar la denominada zona A, la cual comprende desde 1 hasta 2 kilómetros dentro del radio donde se detectó el foco. Allí se deben aplicar las medidas de erradicación que están al alcance, entre ellas cuenta la tala de los pinos como la más radical y a la vez efectiva.

Esta tala se realiza en un radio que comprende el primer kilómetro del foco de infección, lo cual impide que el coleóptero siga avanzando. Incluso hay sitios donde se procede con la tala de hasta unos 1,5 kilómetros, aun cuando esto afecte hectáreas de alta productividad.

Es de destacar que en la temporada de invierno, este nematodo tiende a caer en una especie de letargo, pero una vez que las temperaturas comiencen a ser más elevadas, al llegar a las condiciones óptimas este se va a expandir con toda seguridad. Por ello hay que hacer las talas con la mayor prontitud.

En paralelo se asumen otras acciones que sirven para erradicar las posibles fuentes de alimentación del vector Monochamus galloprovincialis, consisten en la eliminación de árboles muertos o en proceso en radio de 20 kilómetros.

Toda esta madera que ha sido talada en estos 20 kilómetros que se asumen en cuarentena, está limitada para la venta salvo que reciban un tratamiento que pasa por someterla a elevadas temperaturas dentro de cámaras, lo cual conlleva a la muerte del parásito si es que aún se encuentran dentro de dichas porciones de madera.

¿Cuándo inicio la expansión de esta plaga?

insecto encima un tronco cortado de un pino muerto

Se inició en el año 1999 en Portugal, donde hay grandes extensiones arboríferas muy afectadas, que de hecho en el 2018, ya abarcaba un territorio mayor de la mitad. Por su parte en España para este mismo año existían 6 focos específicos en nivel crítico ubicados en Extremadura, Castilla y León y Galicia.

Respecto a las zonas de mayor potencial para que la infección se disperse en España, estas están muy bien identificadas de acuerdo a un modelo de propagación que cuenta con la validación de la UPM y del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.

Dicho modelo ha sido de gran utilidad ya que permiten la prever cuales son las zonas por donde sería más probable que la plaga ingrese a España, basado en las zonas que se conocen ya infectadas en el vecino Portugal y en las que no se hayan tomado medidas de control efectivas.

Lamentablemente este nematodo experto en generar daños en la madera del pino y conocido científicamente, se ha unido con esta otra especie, la cual le sirve como el vector idóneo para poder ir a distintos arboles donde se establece con desenlaces siempre fatales para el mismo, ya que termina muriendo en muy poco tiempo.

Dicho vector es nada menos que un pequeño escarabajo común en la fauna propia de España, al cual se le llama popularmente longicornio del pino gracias a sus antenas largas. Este pequeño insecto típico del país, consigue su fuente de alimentos en las ramas tiernas del pino y en cuando en su afán alimenticio, va llevando de árbol en árbol al microscópico parásito.

Pero no es todo lo que hace por facilitar la propagación del nematodo, ya que ambos seres tienen su ciclo de vitalidad atado al del otro, es decir, mientras el escarabajo le facilita nuevas arboles nuevos al parásito los cuales sería imposible alcanzar, este le retribuye su trabajo con ejemplares débiles donde puede hacer la puesta lo cual no sería posible en uno sano ya que la presión normal de supuración de la resina no lo permitiría.

El nematodo una vez dentro del árbol desata un apetito voraz y se reproduce a velocidades impactantes, lo que en igual medida genera daños irreparables al impedir el flujo del agua por el árbol, acabando con su vida de manera muy veloz.


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