Picudo rojo en las palmeras de la Plaza Independencia: retirada de ejemplares y plan de control

  • La plaga del picudo rojo ha obligado a talar dos de las 33 palmeras históricas de la Plaza Independencia
  • La Intendencia de Montevideo aplica tratamientos fitosanitarios y cirugías en palmeras para frenar la expansión
  • El plan municipal prevé retirar unas 500 palmeras afectadas y tratar miles de ejemplares en diferentes zonas de la ciudad
  • La pérdida de palmeras plantea el reto de conservar un paisaje urbano con fuerte carga simbólica e histórica

picudo rojo en las palmeras

La aparición del picudo rojo en las palmeras de la Plaza Independencia ha dejado una estampa que muchos vecinos de Montevideo no esperaban ver: parte del histórico alineamiento de palmeras ha empezado a desaparecer. Dos de los ejemplares que flanquean el inicio de la avenida 18 de Julio han tenido que ser cortados y retirados ante el daño irreversible causado por esta plaga.

Lo que para algunos puede parecer solo un cambio en el paisaje urbano es, en realidad, el resultado de una crisis fitosanitaria que afecta a miles de palmeras en la capital uruguaya. Pese a los esfuerzos de la Intendencia de Montevideo para frenar el avance del insecto, el deterioro de estos árboles emblemáticos ha obligado a tomar medidas drásticas, con talas selectivas y tratamientos intensivos.

Dos palmeras menos en un conjunto cargado de simbolismo

palmeras afectadas por picudo rojo

Las 33 palmeras de la Plaza Independencia no son árboles cualquiera. Fueron plantadas en 1905 como un homenaje a los Treinta y Tres Orientales, el grupo que, bajo el mando de Juan Antonio Lavalleja, protagonizó la Cruzada Libertadora. Desde entonces, estas palmeras se convirtieron en uno de los elementos más reconocibles del corazón de Montevideo.

El diseño original de la plaza corrió a cargo del paisajista francés Carlos Thays, que introdujo canteros de inspiración francesa, fuentes y zonas verdes en un espacio que, hasta ese momento, apenas tenía vegetación. Dentro de esa renovación paisajística, la alineación de palmeras adquirió con el tiempo un fuerte valor simbólico e identitario.

Con la retirada de los dos ejemplares dañados por el picudo rojo, el conjunto queda reducido a 31 palmeras en pie. Las talas se llevaron a cabo con camiones, una grúa y operarios equipados con motosierras: primero desmontaron las hojas secas y después cortaron el tronco en tramos, que fueron trasladados a dependencias municipales para su destrucción segura, evitando así que el insecto se siga propagando.

La pérdida de estos ejemplares abre un debate que ya empieza a escucharse entre vecinos y especialistas: ¿cómo se verá la Plaza Independencia sin todas sus palmeras originales? Y, sobre todo, ¿qué medidas hay que tomar para que el resto de los árboles no corran la misma suerte?

Un plan de emergencia contra el picudo rojo en Montevideo

La retirada de las palmeras de Plaza Independencia no es un hecho aislado, sino parte de un plan municipal de lucha contra el picudo rojo que la Intendencia de Montevideo comenzó a desplegar en agosto. Desde entonces, se han puesto en marcha distintas actuaciones para proteger tanto las palmeras del centro como las de otras zonas verdes de la capital.

El plan, presentado de forma oficial el 28 de octubre, contempla el retiro de al menos 500 palmeras gravemente afectadas sobre un total aproximado de 31.000 ejemplares distribuidos por la ciudad. Para agilizar el trabajo y hacerlo más efectivo, Montevideo se ha dividido en ocho áreas de actuación, donde cuadrillas especializadas trabajan de manera simultánea.

Además de las talas selectivas, el gobierno departamental está aplicando tratamientos fitosanitarios en el sistema vascular de las palmeras, una técnica conocida como endoterapia. Consiste en inyectar productos específicos en el interior del tronco para que la savia distribuya el insecticida o el fungicida a lo largo de toda la planta.

Estos tratamientos se combinan con la llamada ducha foliar de la copa, un procedimiento que aplica productos sobre las hojas y la parte alta del tronco. El objetivo es adaptar la estrategia a las necesidades de cada especie de palmera, ya que no todas reaccionan igual ante la plaga ni admiten los mismos productos o dosis.

Desde el inicio de la campaña, las autoridades han recalcado la importancia del monitoreo constante y el control continuado de los ejemplares, tanto en espacios públicos como en ámbitos privados. La detección temprana es clave: cuanto antes se identifique la presencia del insecto, más posibilidades hay de salvar el árbol.

Cicatrizaciones, rescates y talas inevitables

En el caso concreto de la Plaza Independencia, las inspecciones revelaron que cuatro de las 33 palmeras presentaban daños compatibles con picudo rojo. Ante esa situación, los técnicos optaron por realizar una especie de “cirugía” en los troncos, retirando el tejido interno deteriorado y aplicando posteriormente un insecticida para frenar la expansión de las larvas.

Según explicó el ingeniero agrónomo Santiago Mena, dos de esos procedimientos dieron buen resultado y permitieron recuperar a las palmeras intervenidas. Sin embargo, con las otras dos no hubo suerte: el deterioro era tan avanzado que la única opción fue la tala. Eran precisamente esos ejemplares los que se encontraban más cerca del inicio de la avenida 18 de Julio.

Este tipo de cirugías no es sencillo ni siempre garantiza el éxito. Implica abrir el tronco de la palmera para localizar las galerías que excavan las larvas y, en la medida de lo posible, eliminar el material afectado. En muchos casos, cuando el daño estructural ya es muy severo, el árbol queda debilitado y se convierte en un riesgo para los transeúntes.

La Intendencia ha priorizado la retirada de entre cinco y siete palmeras al día, empezando por aquellas que suponen mayor peligro en caso de caída. En paralelo a la intervención en Plaza Independencia, se taló también una palmera en Plaza Cagancha y otra en Plaza Zabala, ambas igualmente dañadas por la plaga.

Hasta el momento, se calcula que se han retirado ya unas 50 palmeras afectadas en toda la ciudad, y los trabajos continuarán en las próximas semanas en lugares como la rambla, Plaza España, Parque Batlle y Parque Rodó. El ritmo de actuación dependerá de la evolución de la plaga y del estado que presenten los ejemplares en cada punto.

Qué es el picudo rojo y por qué es tan destructivo

El responsable de toda esta situación es el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), un coleóptero originario de Asia que se ha ganado la fama de ser una de las plagas más devastadoras para las palmeras a nivel mundial. Su expansión ha llevado décadas generando problemas en distintos países del Mediterráneo y de otras regiones, y en Uruguay se confirmó por primera vez en 2022 en el departamento de Canelones.

Este insecto se caracteriza por su color rojizo-anaranjado y su pico alargado, con el que perfora los tejidos de las palmeras. Sin embargo, el daño más grave no lo producen tanto los adultos como sus larvas, que se alimentan del interior del tronco y del cogollo, abriendo galerías que debilitan toda la estructura de la planta.

A medida que las larvas se multiplican y avanzan, la palmera empieza a mostrar síntomas externos difíciles de pasar por alto: hojas que se secan de forma repentina, copa desordenada o caída, e incluso partes del tronco que se reblandecen o desprenden un olor desagradable por la descomposición interna.

Cuando la infestación está muy avanzada, la palmera puede colapsar por completo. Por eso, muchos ayuntamientos y gobernaciones, tanto en Europa como en América Latina, han optado por protocolos estrictos de eliminación de ejemplares muy dañados, intentando al mismo tiempo conservar aquellos que aún pueden recuperarse mediante tratamientos.

En Montevideo, la rápida propagación desde Canelones hasta la capital ha obligado a activar un plan de choque similar al que han aplicado ciudades mediterráneas que llevan años lidiando con el mismo problema. La experiencia internacional indica que la lucha contra el picudo rojo es una carrera de fondo, en la que la constancia y la coordinación institucional son tan importantes como los productos utilizados.

Un paisaje histórico en transformación

La tala de palmeras en la Plaza Independencia ha generado un impacto que va más allá de lo puramente botánico. El conjunto de 33 palmeras, alineadas frente al Palacio Salvo y la Puerta de la Ciudadela, forma parte de la imagen icónica del centro de Montevideo, presente en postales, fotografías turísticas y en la memoria colectiva de varias generaciones.

La reducción del número de ejemplares obliga a plantear qué se hará a medio y largo plazo con este espacio: si se repondrán nuevas palmeras cuando la plaga esté controlada, si se optará por especies más resistentes o si se mantendrá el número actual, asumiendo que el paisaje ha cambiado. Todo ello, claro, con el reto añadido de respetar el simbolismo asociado a los Treinta y Tres Orientales.

En Europa y en otras partes del mundo, muchos municipios afectados por el picudo rojo han tenido que replantear sus alineaciones históricas de palmeras, bien sustituyéndolas por especies menos vulnerables, bien incorporando planes de mantenimiento mucho más intensivos y costosos para conservarlas.

En Montevideo, la Intendencia ha dejado claro que el objetivo inmediato es evitar la expansión descontrolada de la plaga y garantizar la seguridad de los viandantes. A partir de ahí, se abrirá probablemente un debate ciudadano y técnico sobre cuál es la mejor forma de recuperar, en la medida de lo posible, el carácter original de la plaza.

Mientras tanto, los trabajos de tala, tratamiento y seguimiento continuarán no solo en la Plaza Independencia, sino también en otros puntos clave de la ciudad donde las palmeras son parte del paisaje cotidiano. El desafío será combinar la protección del patrimonio paisajístico con una gestión eficaz de la salud vegetal en un contexto en el que el picudo rojo ya se ha consolidado como una amenaza seria para estas especies.

La situación creada por el picudo rojo en las palmeras de la Plaza Independencia muestra hasta qué punto una plaga puede transformar, en poco tiempo, un símbolo urbano consolidado: dos árboles menos en un conjunto histórico pueden parecer una pérdida menor, pero detrás hay decenas de talas en toda la ciudad, centenares de ejemplares bajo vigilancia y un esfuerzo técnico y económico considerable para salvar las palmeras que aún se pueden recuperar.