Plagas descontroladas en el campo andaluz: qué está pasando y por qué preocupa tanto

  • El pulgón en Almería y otras plagas han disparado la superficie afectada hasta el 70% del campo andaluz.
  • La retirada de materias activas y fitosanitarios deja al sector con pocas herramientas eficaces de control.
  • El asesoramiento profesional de ingenieros técnicos agrícolas y la receta fitosanitaria son clave para manejar la crisis.
  • El sector reclama una respuesta institucional urgente y coordinada para salvaguardar la viabilidad de las explotaciones.

plagas descontroladas en el campo andaluz

El campo andaluz vive uno de sus momentos más delicados en décadas, con plagas agrícolas fuera de control, pérdidas millonarias y miles de empleos en riesgo. Lo que hace unos años se consideraba un problema puntual o estacional se ha transformado en un auténtico quebradero de cabeza para agricultores, cooperativas, técnicos y administraciones.

El diagnóstico que lanza el Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Ingenieros Técnicos Agrícolas (CACOITA) es contundente: la situación fitosanitaria de Andalucía ha cruzado la línea de la alerta para situarse en un escenario crítico. El avance explosivo del pulgón en Almería, la expansión del Thrips parvispinus, la presencia de mildiu, algodoncillo y nuevas plagas en hortícolas, junto con especies invasoras como la avispa oriental, dibujan un mapa de riesgos que amenaza la viabilidad de muchas explotaciones.

Un termómetro fitosanitario en rojo: panorámica del problema

Según CACOITA, el campo andaluz se enfrenta a un incremento sin precedentes de plagas y enfermedades que golpean de lleno la producción y la rentabilidad agraria. No se trata de una percepción subjetiva del sector, sino de una realidad medible: hasta el 70% de la superficie agrícola de la comunidad estaría ya afectada por diferentes plagas y patologías.

Este escenario no solo compromete el resultado de la campaña actual, sino que pone en cuestión la continuidad de muchas explotaciones y la estabilidad del empleo agrario. Las afecciones no se limitan a un cultivo concreto ni a una provincia aislada, sino que se extienden por buena parte del territorio andaluz y alcanzan a sistemas productivos muy diversos: hortícolas, viñedo, olivar y apicultura, entre otros.

El llamado “termómetro fitosanitario” del país se ha disparado, y Andalucía se ha convertido en uno de los focos más preocupantes de todo el mapa agrario español. Las alertas emitidas por los servicios técnicos y los ingenieros agrícolas se repiten y se intensifican, mientras el ritmo de expansión de determinadas plagas sobrepasa la capacidad de respuesta con las herramientas actuales.

La combinación de cambio climático, globalización de intercambios comerciales, limitaciones normativas en fitosanitarios y la aparición de nuevas especies invasoras conforma un cóctel perfecto para que el problema no deje de crecer. A esto se suma la presión económica sobre los agricultores, que ven cómo suben costes y bajan rendimientos al mismo tiempo.

El pulgón en Almería: una plaga que se dispara

En la provincia de Almería se concentra el que, hoy por hoy, se considera el frente más agresivo de esta crisis fitosanitaria: la expansión del pulgón en cultivos hortícolas en Almería. Lo que en otros años podía manejarse como una plaga molesta pero relativamente controlable ha pasado a convertirse en un problema estructural.

Los datos que manejan los ingenieros técnicos agrícolas son demoledores: más de 2.000 hectáreas de hortícolas ya están afectadas por pulgón, con un ritmo de avance estimado entre 200 y 250 hectáreas adicionales cada semana. Si no se adoptan medidas contundentes y eficaces de inmediato, la superficie dañada podría superar con creces las 10.000 hectáreas en un corto plazo.

El impacto no se reparte de forma uniforme. En determinados cultivos al aire libre, como lechuga y espinaca, la incidencia del pulgón alcanza entre el 60% y el 70% de la superficie. Esto se traduce en pérdidas de producción que oscilan habitualmente entre el 30% y el 50% en muchas explotaciones concretas, una merma que compromete seriamente la rentabilidad e incluso la continuidad de la actividad.

La gravedad del problema en Almería ha dejado de ser un asunto local para convertirse en un referente de lo que puede ocurrir en otros territorios si no se actúa con anticipación. De hecho, el fenómeno se ha extendido más allá de Andalucía y ya se contabilizan más de 20.000 hectáreas afectadas entre esta comunidad, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana, con pérdidas económicas millonarias.

El pulgón no solo reduce rendimientos; también abre la puerta a enfermedades secundarias, debilita las plantas y obliga a realizar más intervenciones, con el coste extra que esto supone. Para muchas explotaciones de hortícolas intensivos, la suma de daños directos y costes de control está poniendo al límite la capacidad de aguante financiero.

Thrips parvispinus y otras plagas que se extienden por Andalucía

Mientras el pulgón acapara titulares en Almería, otras plagas siguen una trayectoria de expansión silenciosa pero igual de preocupante. Una de las más señaladas por CACOITA es Thrips parvispinus, un trips que se ha asentado con fuerza en el Poniente almeriense y que está alterando profundamente el equilibrio de muchos invernaderos.

Los informes técnicos apuntan a que entre el 40% y el 50% de los invernaderos de esta zona ya tienen presencia de Thrips parvispinus. Los cultivos más castigados son pimiento, pepino y calabacín, donde se observan daños severos en hojas y frutos, pérdida de calidad comercial y un aumento de los descartes en almacén.

En algunos casos extremos, la presión de la plaga ha sido tan intensa que ha obligado al arranque total de explotaciones, con la consiguiente ruina económica para los productores afectados. Esta situación genera una enorme incertidumbre en el tejido agrícola del Poniente, una de las principales despensas hortícolas de Europa.

Pero el problema no termina en los invernaderos almerienses. A nivel andaluz, CACOITA advierte de que hasta el 70% de la superficie agraria de la comunidad se encuentra afectada por diferentes plagas y enfermedades. Entre las más destacadas se citan:

  • Mildiu en viñedo, causando daños relevantes en racimos y vegetación, con pérdidas de cosecha y aumento de costes de tratamiento.
  • Algodoncillo en olivar, que compromete el estado sanitario del arbolado y afecta a la producción de aceituna en numerosas fincas.
  • Nuevas plagas emergentes en hortícolas, que se adaptan con rapidez a las condiciones de invernadero y al aire libre, muchas veces con pocos medios de control eficaces.

Este mosaico de amenazas genera una situación en la que los agricultores se ven obligados a convivir con varias plagas simultáneas, con dinámicas muy distintas y en continua evolución. El manejo integrado se complica y la planificación de tratamientos se vuelve un auténtico rompecabezas técnico y económico.

Especies invasoras y nuevos riesgos biológicos: el caso de la avispa oriental

Dentro de este escenario ya de por sí complejo, se suma otro factor que preocupa especialmente a los expertos: la expansión de especies invasoras que no formaban parte del elenco tradicional de plagas en Andalucía. Entre ellas, destaca de forma muy clara la avispa oriental (Vespa orientalis).

Esta especie se ha detectado en varias provincias andaluzas, concretamente en Cádiz, Málaga, Sevilla, Granada y Huelva, y su impacto está siendo especialmente duro sobre el sector apícola. Las colmenas se convierten en un objetivo prioritario para esta avispa, que ejerce una fuerte presión predadora.

Los datos que llegan desde el territorio apuntan a que se han perdido miles de colmenas como consecuencia directa de la presencia de Vespa orientalis. Esto no solo supone un golpe económico para los apicultores, sino que tiene implicaciones ambientales y agronómicas de mayor alcance, dado el papel clave de las abejas en la polinización de numerosos cultivos y ecosistemas.

La irrupción de esta avispa oriental es un ejemplo claro de cómo el riesgo biológico y fitosanitario se ha disparado en toda la comunidad autónoma. El cambio climático, el movimiento de mercancías y el tránsito de material vegetal favorecen la entrada y consolidación de nuevas plagas y especies invasoras que encuentran en el clima templado andaluz un hábitat propicio.

Todo ello eleva de forma notable la presión sobre el agricultor y sobre los sistemas de control existentes, que no siempre están preparados para responder con rapidez a amenazas desconocidas o poco estudiadas. La necesidad de reforzar la vigilancia, la detección temprana y los protocolos de actuación se hace evidente.

Un sector con la caja de herramientas medio vacía: falta de fitosanitarios eficaces

Si algo pone de acuerdo a agricultores, cooperativas, asesores e ingenieros técnicos es que la crisis de plagas se ve enormemente agravada por la falta de herramientas eficaces para su control. No se trata solo de la complejidad biológica de las plagas, sino de las limitaciones normativas y del mercado en materia de productos fitosanitarios.

En los últimos años, la disponibilidad de materias activas autorizadas se ha reducido de forma muy notable. Numerosos productos que antes formaban parte de la estrategia habitual de control han sido retirados del mercado o han visto restringidos sus usos, muchas veces sin que exista una alternativa realmente eficaz que pueda ocupar su lugar.

Este proceso de retirada progresiva de fitosanitarios, sin reemplazos que ofrezcan un nivel de eficacia comparable, está dejando al sector agrario en una situación de clara vulnerabilidad técnica. Los agricultores se encuentran con plagas más agresivas, más extendidas y más resistentes, y al mismo tiempo con menos opciones para combatirlas.

Ante la magnitud del problema, la Junta de Andalucía se ha visto obligada a dar un paso más y solicitar al Gobierno central autorizaciones excepcionales de productos fitosanitarios, amparadas en la normativa europea para situaciones de emergencia. Se trata de una vía pensada para contextos muy puntuales, pero que ilustra la gravedad del momento actual.

Pese a estas peticiones y a algunas medidas adoptadas, buena parte del sector sigue considerando que la respuesta institucional no está siendo suficiente para frenar el avance de las plagas. La sensación general es la de ir por detrás del problema, más reaccionando que anticipando, mientras las hectáreas afectadas y las pérdidas económicas se acumulan campaña tras campaña.

Asesoramiento técnico y receta fitosanitaria: el papel clave de los ingenieros

En medio de este contexto tan complejo, CACOITA insiste en un mensaje que considera estratégico: sin asesoramiento técnico profesional reforzado, es imposible gestionar con éxito la actual crisis fitosanitaria. Ya no basta con aplicar productos de forma rutinaria; hace falta criterio, análisis y planificación.

La coexistencia de múltiples plagas activas, muchas de ellas en constante evolución y con dinámicas muy distintas, convierte el manejo de la sanidad vegetal en un trabajo altamente especializado que requiere conocimientos actualizados. Por eso, el Consejo Andaluz subraya la necesidad de que los agricultores cuenten con recomendaciones fitosanitarias (la conocida “receta”) elaboradas por profesionales universitarios colegiados.

Estas recetas fitosanitarias permiten ajustar las intervenciones a cada cultivo, zona, momento fenológico y situación concreta de la explotación. No se trata únicamente de elegir un producto, sino de diseñar estrategias integradas que combinen medidas culturales, biológicas y químicas de la forma más racional posible.

En este sentido, los ingenieros técnicos agrícolas son reivindicados por CACOITA como los profesionales mejor preparados para liderar este tipo de asesoramiento. Su formación específica, su pertenencia a colegios profesionales y su contacto directo con la realidad del campo les permite aportar rigor técnico, soluciones válidas en la práctica y una visión global de la sanidad vegetal.

Reforzar estas figuras en el territorio, integrar su trabajo con el de cooperativas, SAT y agrupaciones de productores, y potenciar los sistemas de asesoramiento independiente y colegiado se perfila como una de las claves para no ir siempre a remolque de las plagas. La receta fitosanitaria, bien planteada, se convierte así en una herramienta de gestión y no solo en un mero trámite administrativo.

Llamamiento urgente a las administraciones: coordinación y medidas a la altura

Ante la suma de todos estos factores, CACOITA ha decidido elevar el tono y realizar un llamamiento explícito a las administraciones para que actúen con verdadera urgencia y coordinación. La organización advierte de que el campo andaluz se encuentra en un punto de inflexión en el que lo que se haga -o no se haga- en los próximos meses dará forma al futuro del sector agrario.

La expansión de plagas en varias provincias, las pérdidas económicas crecientes, el impacto sobre la apicultura y los problemas en cultivos estratégicos como hortícolas, viña u olivar dibujan un escenario de riesgo sistémico, no de simples incidencias locales. El temor no es solo perder una campaña, sino que determinadas zonas queden marcadas durante años por una presión de plagas muy difícil de revertir.

Por ello, desde el Consejo Andaluz se reclama una respuesta institucional que vaya más allá de los parches puntuales: refuerzo de los servicios de sanidad vegetal, mejora de los sistemas de vigilancia y alerta temprana, impulso a la investigación aplicada y revisión ágil de las autorizaciones excepcionales de fitosanitarios cuando la situación lo justifique.

Al mismo tiempo, se incide en la necesidad de alinear las políticas agrarias, medioambientales y de seguridad alimentaria, de forma que las restricciones en el uso de productos no dejen al agricultor sin alternativas reales. El equilibrio entre protección del medio ambiente, salud pública y sostenibilidad económica del sector agrario es delicado, pero imprescindible.

En última instancia, lo que está en juego es la sanidad vegetal, la viabilidad de miles de explotaciones familiares y la capacidad de Andalucía para seguir siendo una potencia agroalimentaria. El campo andaluz, auténtico motor económico y social en muchas comarcas, no puede afrontar en solitario un desafío de esta magnitud sin un respaldo firme, coordinado y rápido por parte de las administraciones.

La fotografía que dejan estas plagas descontroladas en el campo andaluz muestra un sector tensionado al límite, con pulgón, trips, mildiu, algodoncillo y especies invasoras como la avispa oriental presionando cada vez más, mientras los agricultores trabajan con menos herramientas, más incertidumbre y una urgente necesidad de apoyo técnico y político; de la capacidad colectiva para reaccionar a tiempo dependerá que esta crisis se quede en un serio aviso o se convierta en un daño estructural de largo recorrido para la agricultura andaluza y, por extensión, para buena parte del campo español.

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