Combinar placas solares y mandarinos en la misma parcela ya no es una idea futurista, sino una realidad que se está poniendo a prueba en Llíria (Valencia). En una finca de cítricos en plena producción se ha levantado la primera planta piloto agrivoltaica sobre mandarinos de la Comunitat Valenciana, una instalación que busca demostrar si es posible producir energía renovable sin sacrificar la rentabilidad del cultivo citrícola.
Esta experiencia surge en un momento en el que el campo valenciano se enfrenta a costes energéticos crecientes, exigencias ambientales cada vez más estrictas y la necesidad de mantener la competitividad de un cultivo tan emblemático como los cítricos. La agrivoltaica aparece como una posible tabla de salvación, pero todavía hay muchas preguntas por resolver: qué pasa con la calidad de la fruta, cómo se realizan los tratamientos, de qué forma afecta la sombra de los paneles o si el modelo es económicamente viable para un agricultor real.
Qué es la agrivoltaica y por qué interesa tanto a los citricultores
La agrivoltaica consiste en compatibilizar el uso agrícola de una parcela con la instalación de paneles solares fotovoltaicos elevados, de forma que en un mismo terreno se genera energía y se mantiene el cultivo. Este enfoque pretende responder de golpe a dos grandes retos globales: aumentar la producción de energías renovables y garantizar la seguridad alimentaria sin ampliar la superficie cultivada.
Aunque el concepto empezó a explorarse en los años 80, la mayoría de los proyectos agrivoltaicos consolidados se centran en hortícolas o cultivos de porte bajo, donde es relativamente sencillo instalar estructuras a poca altura. Ahí se ha visto que, con un buen diseño, los paneles no tienen por qué reducir la producción agrícola, e incluso pueden aportar beneficios como menor estrés térmico o ahorro de agua.
En cambio, en cultivos leñosos como los cítricos prácticamente no existían experiencias reales hasta ahora. El principal freno ha sido la necesidad de estructuras muy altas para no estorbar al arbolado, lo que incrementa el coste inicial y complica el diseño. Además, el manejo agronómico (tratamientos, poda, recolección) es más complejo y hay más incertidumbre sobre el impacto del sombreo en la calidad y el calibre de la fruta.
En la Comunitat Valenciana, donde los naranjos y mandarinos son una pieza clave del paisaje y de la economía, esta falta de datos era un problema serio: muchos proyectos se planteaban desde la óptica energética, pero sin evidencias sólidas sobre cómo reaccionarían los cítricos a una instalación de este tipo a largo plazo.
La Cátedra Agrivoltaica de la Universitat Politècnica de València (UPV) nace precisamente para cubrir este vacío de conocimiento, con un enfoque muy claro: medir de forma rigurosa qué ocurre cuando se combina una planta fotovoltaica con un cultivo de cítricos en producción, y hacerlo en condiciones reales de explotación.

La primera planta agrivoltaica entre mandarinos en Llíria
El proyecto estrella de esta línea de trabajo es la planta piloto agrivoltaica instalada en una finca de mandarinos Tango Gold en el término municipal de Llíria. Se trata de árboles de unos cuatro años de edad, ya en fase productiva, propiedad de la empresa Agro Cycle Life, especializada en agricultura 4.0 y manejo avanzado de datos.
Sobre aproximadamente 500 m² de parcela se ha montado una instalación fotovoltaica de 30 kWp de potencia, diseñada a medida para adaptarse al cultivo. La estructura alcanza unos 5,5 metros de altura con el objetivo de no interferir con el porte de los mandarinos y permitir las labores agrícolas habituales. Este detalle no es menor: levantar tanto las placas encarece sensiblemente el proyecto, pero es la única forma de que los árboles y la maquinaria puedan convivir con los paneles.
La planta se divide en tres bloques experimentales claramente diferenciados: una fila de estructura fija, otra con estructura móvil equipada con seguidor solar (agritracker) y una tercera zona de control sin paneles. Este diseño permite comparar directamente qué ocurre bajo cada configuración y frente a un cultivo idéntico pero sin sombreo ni estructuras encima.
En los tramos con paneles se han instalado placas bifaciales, capaces de captar radiación tanto por la cara superior como por la inferior. Esto es especialmente interesante en un entorno agrícola, donde la luz reflejada por el suelo y la vegetación puede aprovecharse para aumentar la producción eléctrica sin ocupar más superficie.
La instalación se concibe también como planta de autoconsumo para la propia finca, de forma que la energía producida se destina principalmente a cubrir necesidades como el riego y otros consumos agrícolas. Así se puede analizar a la vez la parte agronómica y la parte energética, y valorar si, en conjunto, el sistema mejora la cuenta de resultados de la explotación.
Un proyecto de colaboración entre universidad, empresas y regantes
La planta de Llíria no es una iniciativa aislada, sino que se enmarca en un convenio amplio de colaboración de la Cátedra Agrivoltaica UPV, en el que participan entidades de referencia de los sectores energético y agrario. Entre ellas destacan EMIN Energy, Fundación Elecnor, VAO Sistemas, GSFI Energía, Gestión y Administración Técnica Agraria y la Comunidad de Regantes de Llíria.
EMIN Energy se ha encargado de la ingeniería y el diseño técnico de la instalación, es decir, de traducir las necesidades agronómicas y experimentales en una solución fotovoltaica concreta. La construcción ha sido ejecutada por la empresa Ruano, especializada en este tipo de montajes, mientras que Agro Cycle Life aporta la finca en producción y su experiencia en manejo de datos agrícolas.
La Comunidad de Regantes de Llíria juega un papel clave como propietaria de la parcela y como actor representativo del regadío de la zona. Su presidente, José Alfonso Soria —que también preside la Federación de Comunidades de Regantes de la Comunidad Valenciana (FECOREVA)— ha recalcado el valor estratégico del proyecto para anticiparse a los retos del sector y explorar soluciones que puedan trasladarse después a otras explotaciones.
Por parte de la Universitat Politècnica de València, el rector José E. Capilla ha subrayado que esta planta piloto generará información “sólida, propia y útil” para tomar decisiones en el sector citrícola valenciano. La universidad aporta el equipo investigador, la infraestructura científica y la capacidad de análisis necesaria para que los datos recogidos se transformen en conocimiento aplicable.
En el día a día del proyecto destacan nombres como Zulema Sousa, ingeniera agrónoma doctoranda e investigadora de la Cátedra Agrivoltaica y miembro de EMIN Energy, y César González Pavón, doctor ingeniero agrónomo y profesor asociado en el Departamento de Física Aplicada de la UPV. Ambos forman parte del núcleo investigador que diseña los ensayos, define las variables a medir y interpreta los primeros resultados.
Qué se está investigando en la planta agrivoltaica sobre mandarinos
El corazón científico del proyecto es la tesis doctoral de Zulema Sousa, titulada “Análisis de las interacciones de instalaciones agrivoltaicas sobre cultivos instaurados de cítricos”. Su objetivo es obtener datos robustos que permitan responder a la gran pregunta: ¿puede un mandarinar en plena producción convivir con una estructura fotovoltaica elevada sin perder rentabilidad agronómica y comercial?
Para ello, se está desplegando un sistema avanzado de sensorización que registrará de manera continua variables microclimáticas, energéticas y agronómicas en las tres zonas de ensayo (control, estructura fija y estructura móvil). Entre otras cosas, se medirá la irradiancia real que llega al cultivo, la temperatura y humedad del aire y del suelo, el viento, así como los flujos energéticos de la instalación fotovoltaica.
En la parte puramente agrícola, se analizará con detalle el rendimiento en kilos y la calidad de la fruta: calibre, comportamiento postcosecha y valor comercial. También se estudiará el crecimiento vegetativo de los árboles, su balance hídrico y posibles cambios en el manejo del riego, aspectos especialmente sensibles en un clima mediterráneo con veranos cada vez más calurosos.
Otro bloque importante del estudio será comprobar la compatibilidad de las tareas agrícolas con la estructura: aplicaciones fitosanitarias (por ejemplo, con dron), poda, recolección, tránsito de maquinaria ligera, etc. Algunos productos fitosanitarios podrían dañar o ensuciar los paneles, y cualquier complicación extra en las labores de campo puede traducirse en más costes y menos atractivo para el agricultor.
Desde el punto de vista energético, se evaluará la productividad de la instalación (30 kWp) en términos de generación anual, eficiencia de las placas bifaciales en un entorno agrícola, mantenimiento y posibles incidencias propias de un contexto agrario (polvo, humedad, impactos accidentales, etc.). Todo ello con la intención de estimar cómo se compensan los ingresos por energía con los costes de inversión y operación.
El papel del diseño: primero el cultivo, luego las placas
Una de las ideas fuerza que repite el equipo investigador es que el éxito de una instalación agrivoltaica sobre cítricos depende en gran medida del diseño. No se trata de clonar un parque solar convencional y plantarlo sobre una finca, sino de adaptar la solución fotovoltaica al cultivo, al terreno y al clima, y no al revés.
En Llíria se ha optado por estructuras elevadas hasta 5,5 m precisamente para respetar el crecimiento de los mandarinos y evitar interferencias directas con la copa de los árboles. Además, la zona con seguidor solar (agritracker) puede colocarse en posición casi vertical en momentos concretos, por ejemplo, durante aplicaciones con dron, para minimizar la interferencia con los tratamientos fitosanitarios.
El uso de tecnología de agricultura 4.0 por parte de Agro Cycle Life y de empresas como GOTA —en la que trabaja César González, especializada en soluciones de riego— permite ajustar el manejo del agua y de los insumos a las nuevas condiciones de microclima que generan las placas. Se trata de aprovechar al máximo los datos de sensorización para que el agricultor tenga decisiones basadas en información y no en suposiciones.
El rector de la UPV ha insistido en que el proyecto no sólo busca demostrar que la agrivoltaica es técnicamente posible, sino que intenta comprobar si ofrece una ventaja real en términos de competitividad y resiliencia frente a escenarios de precios energéticos altos y cambios climáticos cada vez más acusados.
En este sentido, el diseño también contempla la facilidad de mantenimiento y la durabilidad de la instalación. Las estructuras elevadas son más caras, pero si se demuestra que permiten compatibilizar correctamente el cultivo y la energía durante muchos años, la balanza económica podría inclinarse a favor del modelo, sobre todo si se plantean fórmulas de colaboración entre el propietario agrícola y el inversor energético.
Sombras, calor y calidad de la fruta: las grandes incógnitas
Uno de los aspectos más delicados del estudio es el efecto del sombreo de los paneles sobre los mandarinos Tango Gold. Hay hipótesis que apuntan a que, en los momentos de mayor estrés térmico del verano, una cierta reducción de la radiación directa podría ser positiva, disminuyendo quemaduras en fruto y mejorando el balance hídrico del árbol.
Zulema Sousa recuerda que algunos trabajos previos sugieren que esta variedad podría tolerar, e incluso agradecer, cierta protección durante las olas de calor. Sin embargo, hasta ahora no existían datos específicos en cítricos bajo estructuras agrivoltaicas; por eso, el proyecto de Llíria es tan relevante como banco de pruebas real para confirmar o desmentir estas hipótesis.
Para César González, el punto crítico no será sólo la producción total en kilos, sino el calibre y la calidad comercial de la fruta. Si el sombreo reduce el tamaño de los frutos o altera sus características de manera negativa para el mercado, la instalación perdería sentido desde el punto de vista del agricultor, por muy bien que funcione en la parte energética.
También se analizará cómo influye la sombra en el crecimiento vegetativo, la floración y el cuajado. Cambios en la distribución de la luz dentro de la copa pueden modificar la estructura del árbol, la ventilación y la incidencia de algunas plagas o enfermedades, lo que a su vez repercutiría en la necesidad de tratamientos y en la gestión del cultivo.
Al mismo tiempo, la instalación permitirá estudiar si la combinación de sombreo parcial y energía fotovoltaica ayuda a mitigar algunos efectos del cambio climático sobre los cítricos, como temperaturas extremas o estrés hídrico. Si se demuestra una sinergia positiva en este terreno, el interés del sector por la agrivoltaica podría dispararse.
Costes, modelos de negocio y plazos de la investigación
Más allá de la parte técnica, el proyecto afronta de frente la cuestión económica, que es la que en última instancia decidirá si el modelo despega. Las estructuras altas necesarias para no interferir con los mandarinos suponen una inversión importante, y eso obliga a pensar bien el reparto de roles entre quien pone el capital para la planta fotovoltaica y quien gestiona la explotación agrícola.
César González apunta a que, en un escenario comercial futuro, es probable que la inversión en la parte energética corra a cargo de un promotor específico, mientras que el agricultor recibiría un alquiler o una compensación por permitir la instalación en su parcela. La clave, en cualquier caso, será que la combinación de ingresos por energía y producción agraria ofrezca una rentabilidad atractiva.
El equipo investigador insiste en que no se pueden esperar respuestas rápidas. En cultivos leñosos, los efectos relevantes tardan en manifestarse y hacen falta varias campañas completas para obtener conclusiones sólidas. Ellos sitúan el horizonte mínimo en torno a dos años para contar con resultados suficientemente robustos, y más tiempo para confirmar tendencias estables.
Mientras tanto, la planta piloto funcionará como infraestructura estable de investigación, abierta a nuevas preguntas y ensayos que puedan surgir sobre la marcha. El proyecto se enmarca, además, en una tesis doctoral y en una colaboración Universidad-Empresa que prevé ir generando publicaciones y materiales técnicos para el sector.
En paralelo a esta experiencia, la Comunitat Valenciana sigue avanzando en otras líneas de innovación citrícola, como el desarrollo de nuevos patrones tolerantes a enfermedades y estreses abióticos. El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), por ejemplo, ha presentado el patrón CIVAC 19, un híbrido de mandarino Cleopatra y Poncirus trifoliata tolerante al virus de la tristeza (CTV), con efecto semienanizante e interesante para plantaciones intensivas y mecanizadas.
Este tipo de avances en mejora genética, junto con propuestas como la agrivoltaica, refuerzan la apuesta por una citricultura más competitiva y sostenible, donde la tecnología, la investigación pública y la colaboración con empresas privadas se combinan para modernizar el sector sin perder de vista su realidad económica.
La experiencia de Llíria está llamada a ser un referente: si los datos confirman que los mandarinos pueden convivir con las placas solares sin perder calidad ni rentabilidad, y además la energía producida ayuda a reducir los costes de riego y gestión, muchos agricultores verán en la agrivoltaica una oportunidad real para ganar resiliencia frente a un futuro incierto. Si, por el contrario, se detectan mermas significativas o complicaciones de manejo difíciles de asumir, el sector contará al menos con información objetiva para decidir con criterio. Esta planta piloto supone un paso decisivo para pasar del discurso teórico a los hechos en la integración de energía solar y cítricos en la Comunitat Valenciana.
