El municipio de El Puerto de Santa María ha dado un nuevo paso en la recuperación del Parque Guadalete con una plantación masiva de árboles y arbustos que vuelve a situar este espacio verde como referencia en materia de restauración ambiental en Andalucía. La actuación, desarrollada sobre el terreno de la antigua escombrera clausurada a comienzos de siglo, refuerza un proyecto de largo recorrido en el que la participación ciudadana se ha convertido en pieza clave.
En esta ocasión, la iniciativa se ha centrado en la plantación de 500 nuevos ejemplares entre árboles y arbustos autóctonos, con la implicación directa de alumnado de Primaria y personas con diversidad funcional. Además de aumentar la masa forestal, la actividad busca acercar a los jóvenes a la realidad del cambio climático y la contaminación, mostrando de forma práctica cómo se puede contribuir a la regeneración de los ecosistemas más cercanos.
Una repoblación con 500 ejemplares y 250 escolares como protagonistas
La actuación ha sido coordinada por el Servicio Municipal de Medio Ambiente, Movilidad y Playas, que continúa así con el programa de repoblación forestal del Parque Guadalete. En la jornada han participado 250 escolares de quinto de Primaria de los centros CEIP Costa Oeste, CEIP El Juncal, CEIP Pinar Hondo y Safa San Luis Gonzaga, además de personas usuarias de la asociación Apadeni, que se han sumado a la iniciativa como parte de la Oferta Educativa Municipal.
El escenario de trabajo ha sido un área de 70 hectáreas situada entre el río Guadalete y el Polígono Industrial Las Salinas, donde se está consolidando de forma gradual un nuevo bosque periurbano. Cada grupo de escolares ha colaborado en la colocación de los plantones, siguiendo las indicaciones del personal técnico y respetando las distancias necesarias para asegurar un desarrollo adecuado de la vegetación.
Para garantizar el éxito de la plantación, los niños y niñas han contado con un ahoyado previo realizado por los operarios municipales, lo que ha facilitado el trabajo sobre el terreno. Además, se han puesto a su disposición cubas de agua, tierra enriquecida, azadas, cubos, tutores de caña y protectores biodegradables, materiales que permiten mejorar la supervivencia de los ejemplares durante sus primeros años.
La actividad se ha desarrollado en un ambiente didáctico, pero también muy práctico, en el que los participantes han podido conocer sobre el terreno qué pasos son necesarios para que un árbol recién plantado pueda adaptarse correctamente. Desde la preparación del hoyo hasta la colocación del tutor y el riego inicial, cada fase ha sido explicada por el personal especializado.
El acompañamiento del Servicio Municipal de Conservación de Espacios Forestales y del equipo del Centro de Educación Ambiental y Actividades en la Naturaleza (CEAAN) ha sido constante, resolviendo dudas y supervisando que la plantación se realizara de manera adecuada para evitar daños en raíces y plántulas.
Especies autóctonas para un bosque mediterráneo diverso
El listado de especies utilizadas en la plantación se ha diseñado para crear un bosque mediterráneo adaptado al entorno y resistente a las condiciones del clima local. Entre los 500 ejemplares colocados en el Parque Guadalete se encuentran árboles como el pino carrasco y el algarrobo, junto a especies arbustivas como el acebuche, el taraje, el aladierno y la olivilla.
En las zonas más próximas al cauce y áreas con mayor humedad relativa se ha optado por introducir tarajes, una especie muy tolerante a suelos salinos y encharcados, adecuada para la ribera del Guadalete. Por su parte, el aladierno y la olivilla completan el estrato arbustivo, generando refugio para fauna y aumentando la diversidad vegetal del parque.
Con esta combinación se persigue crear un sistema forestal más equilibrado, capaz de soportar episodios de calor intenso, sequías recurrentes y vientos fuertes. A la vez, se incrementa la capacidad del parque para funcionar como sumidero de carbono y como corredor ecológico para aves y otros animales.
Los técnicos implicados en el proyecto han insistido en la importancia de seleccionar especies locales y bien adaptadas, ya que ello reduce las necesidades de riego y mantenimiento a medio plazo. El objetivo no es solo plantar árboles, sino consolidar un bosque maduro que pueda evolucionar de forma autónoma con el paso de los años.
De vertedero clausurado a gran pulmón verde del municipio
El espacio que hoy se conoce como Parque Guadalete fue durante décadas una escombrera a cielo abierto, utilizada como lugar de vertido de residuos de obra y otros materiales. La Junta de Andalucía ordenó su clausura en 2001 y, a partir de ese momento, se pusieron en marcha trabajos de descontaminación y sellado del suelo que se prolongaron hasta 2008.
Tras finalizar esa fase técnica, el terreno pasó a titularidad municipal y comenzó una transformación paulatina orientada a convertir la antigua escombrera en un parque forestal. El Ayuntamiento, en colaboración con entidades sociales y educativas, ha impulsado desde entonces sucesivas campañas de plantación y mejora de infraestructuras.
En estos años se han llegado a plantar más de 10.000 árboles y arbustos en el recinto, gracias a la participación de vecinos, asociaciones, grupos juveniles y centros educativos. Este esfuerzo acumulado ha permitido que una parte muy significativa del parque presente ya una vegetación consolidada, con ejemplares de porte medio y alto.
Además de la repoblación, se han llevado a cabo intervenciones para dotar al parque de cerramiento perimetral, mobiliario y cartelería, así como senderos y zonas de estancia. Todo ello ha favorecido que el antiguo vertedero se convierta en un entorno accesible y utilizable por la ciudadanía, con un claro enfoque de ocio verde.
La evolución del Parque Guadalete se ha visto reforzada por iniciativas como el Campus de Ocio Verde, que organiza actividades periódicas para promover un uso responsable del entorno natural y reforzar el vínculo entre la población local y este espacio en plena recuperación.
Aprendizaje ambiental y ciencia práctica con el alumnado
La plantación de los 500 ejemplares no se ha limitado a un simple gesto simbólico, sino que ha estado integrada en un programa educativo más amplio coordinado desde el Campus de Ocio Verde y el CEAAN. El objetivo es que cada jornada de repoblación sirva también para reforzar conocimientos sobre ecología, suelos, agua y biodiversidad.
Durante la actividad, los escolares han trabajado en pequeños grupos realizando mediciones del pH del suelo, con el fin de conocer su grado de acidez y obtener pistas sobre el estado del terreno. Este tipo de prácticas acercan al alumnado a métodos de análisis ambiental sencillos, pero muy útiles para interpretar la salud de un ecosistema.
Los monitores han explicado cómo la contaminación previa y los materiales de relleno utilizados en una escombrera pueden alterar las características del suelo, afectando tanto a la retención de agua como a la presencia de nutrientes. También se ha incidido en la importancia de los trabajos de sellado y restauración para garantizar que la vegetación pueda desarrollarse con normalidad.
Además de la parte más técnica, se han organizado dinámicas sobre el respeto y conservación de los bosques, subrayando la necesidad de dar tiempo a la naturaleza para regenerarse y la relevancia de cuidar los árboles durante sus primeros años de vida. Así, se fomenta que los jóvenes vean el parque como algo propio y se impliquen en su cuidado futuro.
La combinación de trabajo de campo y explicaciones sencillas ha permitido que el alumnado comprenda mejor cómo influyen la calidad del suelo, el agua y la elección de especies en el éxito de una repoblación. No se trata únicamente de plantar, sino de entender por qué y cómo se hace para que el esfuerzo tenga resultados visibles a medio y largo plazo.
Un modelo de restauración ambiental participativa
Las repoblaciones escolares y vecinales realizadas en el Parque Guadalete han logrado regenerar cerca del 80 % de su superficie, que hoy empieza a mostrar un arbolado de porte notable en diversas zonas. Esta recuperación gradual ha convertido el entorno en un ejemplo de cómo la implicación ciudadana puede acelerar la transformación de un terreno degradado.
El modelo de trabajo se basa en la colaboración entre administración local, centros educativos y tejido asociativo, combinando acciones puntuales de plantación con un seguimiento continuado. Esta fórmula ha demostrado ser eficaz para mantener vivo el interés por el parque y sumar cada año nuevos participantes.
La experiencia del Parque Guadalete ha tenido un efecto contagio en otros enclaves del municipio que también han sufrido el impacto de incendios o plagas. Entre ellos destacan el pinar del Cuvillo, el Coig y el Coto de la Isleta, donde se han realizado actuaciones de recuperación forestal en las que de nuevo el alumnado y diferentes colectivos han tenido un papel activo.
Más allá del incremento de la superficie arbolada, este enfoque de restauración participativa ayuda a reforzar una cultura ambiental más arraigada en la población, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Al ver la evolución de los árboles que ellos mismos plantaron, los escolares perciben de manera directa el impacto positivo de su contribución.
El Ayuntamiento y los servicios técnicos municipales prevén continuar con nuevas campañas de plantación y mantenimiento en los próximos años, con el objetivo de completar la regeneración del parque y consolidarlo como un gran pulmón verde en la fachada fluvial de El Puerto de Santa María, integrando usos recreativos, educativos y de conservación.
Con la reciente plantación de 500 nuevos árboles y arbustos, el Parque Guadalete suma una pieza más en un proceso de transformación que ha convertido una antigua escombrera en un espacio forestal de referencia. La combinación de trabajo técnico, participación escolar y compromiso vecinal ha permitido avanzar hacia un modelo de parque más verde, diverso y resiliente, que ya es símbolo de cómo la restauración ambiental puede ir de la mano de la educación y la implicación social.