Una reciente autorización oficial para la tala de 96 araucarias en la región de La Araucanía ha generado una fuerte oposición de las comunidades mapuche-pehuenche y organizaciones medioambientales. Esta especie, catalogada como Monumento Natural y en peligro de extinción por la UICN, es además considerada un pilar dentro de la espiritualidad y la cultura de los habitantes ancestrales del territorio.
El conflicto surge a raíz de la decisión del Ministerio de Obras Públicas (MOP) y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), quienes argumentan que la intervención es indispensable para la pavimentación y mejora de las rutas S-61 (Icalma-Melipeuco) y R-95 (Liucura-Icalma) en aras del “interés nacional” y la conectividad regional. La autorización permite la corta de 96 ejemplares —39 en Liucura-Melipeuco y 57 en Icalma-Melipeuco— y afecta el hábitat de más de 1.700 árboles adicionales.
Las comunidades impactadas han reaccionado con unidad y firmeza. En un histórico trawün realizado el 2 de agosto en el Rewe de Lof Kmkeñ, con presencia de más de 200 personas y líderes tradicionales, los representantes manifestaron su rechazo a lo que consideran una agresión a su espiritualidad y a su vínculo con la tierra. El árbol pewen (araucaria) es mucho más que un elemento natural: es sustento material, memoria y símbolo vivo.
Uno de los principales puntos de crítica es la ausencia de una consulta indígena vinculante, como exige el Convenio 169 de la OIT. Las organizaciones subrayan que, a pesar de tratarse de territorio ancestral y de una especie sagrada para los mapuche-pehuenche, la resolución fue tomada sin un real diálogo con los habitantes locales.
La medida impulsada por CONAF justifica la tala bajo la figura del “interés nacional” y promete medidas de mitigación, como la plantación de 3.648 araucarias en la Reserva Nacional Alto Biobío. Sin embargo, expertos advierten que ninguna compensación puede igualar el valor ecológico, espiritual y cultural de los ejemplares centenarios, dada la lentitud de crecimiento de la especie.

Reacción de las comunidades y exigencias
Durante la asamblea territorial, los asistentes dejaron claro su desacuerdo: el territorio pewenche de Lonquimay no acepta la tala de pewen, considerado fuente de identidad, alimento y espiritualidad. Se solicitarán acciones legales inmediatas para revertir la medida y se exigió una respuesta formal del Estado en una reunión con las autoridades el 8 de agosto en Marimenuco Alto.
Entre los argumentos de rechazo, destacan:
- Ruptura del tejido social y espiritual: el impacto de perder árboles milenarios es irreversible tanto para la biodiversidad como para el bienestar de las comunidades.
- Desconocimiento de la cosmovisión indígena: el árbol pewen es considerado sagrado, y su pérdida afecta la transmisión de saberes y ritos ancestrales.
- “Soluciones técnicas” insuficientes: la plantación de nuevos ejemplares no garantiza la supervivencia de una especie que tarda siglos en alcanzar su madurez y rol en el ecosistema.
Las agrupaciones reunidas en la zona (Lof Kmkeñ, Lof Rikalmá, Lof Marimenuco, entre otros) y respaldadas por lonkos reconocidos, reiteraron que no se oponen al mejoramiento de la conectividad, pero exigen que el proyecto se ajuste al territorio y no al revés.

Perspectiva institucional y debate sobre el desarrollo
Desde las autoridades, la postura oficial matiza la controversia: Patricio Poza, Seremi de Obras Públicas de la región, aseguró que “no se tocará ninguna araucaria para construir un camino” tras reunirse con representantes del territorio. Sin embargo, el proyecto y su trazado permanecen en revisión, en busca de una alternativa que permita compatibilizar la mejora vial con la protección del patrimonio natural.
El alcalde de Lonquimay, Eduardo Yáñez, destacó que muchas comunidades han apoyado la necesidad de la obra durante años, pero también llamó a minimizar el daño y dar espacio a un diálogo real.
Por su parte, la CONAF defiende que la aprobación se ha dado tras cumplir los requisitos técnicos y legales, y que se evaluarán sanciones en caso de afectar más ejemplares de los autorizados.

Un símbolo amenazado y un llamado a la protección activa
La araucaria o pewen es un árbol endémico, milenario y vital para los ecosistemas subantárticos de Chile y Argentina. Su protección está garantizada desde 1990 como Monumento Natural, lo que en teoría prohíbe su tala y explotación. Pero el debate actual pone sobre la mesa las tensiones entre crecimiento económico, derechos indígenas y conservación ambiental.
Varias organizaciones han alertado sobre el posible trasfondo de este tipo de obras, advirtiendo que la “conectividad” puede facilitar futuros proyectos mineros en la zona, aumentando la presión sobre territorios delicados y ya militarizados.
El caso de la araucaria demuestra que la defensa del patrimonio natural requiere más que leyes y compensaciones técnicas. Las voces del territorio, en especial de quienes han protegido estos bosques por generaciones, insisten en que el futuro debe construirse con respeto y diálogo real.
