
El plan de tala de árboles en el Canal de Castilla, especialmente en el ramal de Campos, ha encendido todas las alarmas en las provincias de Palencia y Valladolid. Lo que para la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) es una obra de consolidación y mejora del corredor ecológico y cultural, para buena parte de los vecinos y colectivos ecologistas se ha convertido en un conflicto de primer orden.
En las últimas semanas miles de chopos y otros ejemplares han sido marcados y comienzan a ser derribados a lo largo de los caminos de sirga, lo que está transformando de forma drástica la imagen de este histórico canal. Asociaciones, alcaldes y plataformas ciudadanas advierten de que se está vaciando de sombra, biodiversidad y valor paisajístico uno de los espacios más emblemáticos de Tierra de Campos.
Un proyecto de la CHD que prevé la tala de decenas de miles de árboles
La intervención se integra en la “Obra de Consolidación del Canal de Castilla como corredor ecológico y cultural (Palencia, Burgos y Valladolid), ramal Campos”, un proyecto de la CHD valorado en torno a seis millones y medio de euros. El plan contempla, entre otras actuaciones, la tala de unos 27.000 chopos a lo largo de unos 87 kilómetros del ramal de Campos, además de la reforestación posterior y la mejora de los caminos de sirga para hacerlos transitables en bicicleta.
Según ha explicado la propia Confederación, la selección de árboles se rige por un triple criterio: ejemplares con una inclinación igual o superior a 15 grados, árboles puntisecos y aquellos que presentan un mal estado fitosanitario. Todos ellos se consideran de riesgo potencial para la seguridad y para la conservación a largo plazo del arbolado de ribera.
Desde la CHD se insiste en que, pese a las cifras de madera apeada, la tala afectaría aproximadamente a un 10% del total de árboles existentes en el entorno del canal. La institución recalca que la falta de actuación conduciría, a su juicio, a un deterioro progresivo de la vegetación actual y defiende una “silvicultura activa” para prevenir problemas estructurales y sanitarios en la masa arbórea.
El proyecto incluye también la plantación de casi 30.000 nuevos ejemplares entre árboles y arbustos, con predominio de especies de ribera autóctonas como álamos, fresnos u olmos resistentes a la grafiosis, junto a otras naturalizadas y muy ligadas al territorio, como higueras, ciruelos o acerolos. El objetivo declarado es avanzar hacia una vegetación más diversa en edades y especies, rompiendo el modelo de choperas productivas que ha dominado en muchos tramos.
La Confederación precisa que, en los márgenes inmediatos al vaso del canal, no se repondrán todos los árboles retirados, recordando que históricamente los caminos de sirga estaban despejados para permitir el paso de las caballerías que tiraban de las barcazas. En el resto de zonas, se plantea una repoblación progresiva y el acondicionamiento de humedales y áreas de esparcimiento.
Alarmas vecinales: recogidas de firmas y malestar en los pueblos canaleros
Mientras las máquinas avanzan, en el territorio crecen las críticas. Vecinos de municipios como Villaumbrales, Becerril de Campos, Belmonte de Campos, Paredes de Nava, Grijota o Medina de Rioseco han empezado a organizarse para frenar lo que consideran una tala desproporcionada de árboles a lo largo del ramal de Campos.
En plataformas como Change.org se han puesto en marcha campañas de recogida de firmas con centenares y, en pocos días, más de un millar de apoyos. Bajo lemas como “Paremos la tala de árboles en el Canal de Castilla”, los promotores denuncian que el plan, tal y como está diseñado, puede acabar con prácticamente toda la vegetación de sombra que acompaña a los caminos de sirga y que forma parte del día a día de quienes pasean, practican deporte o huyen del calor del verano a la orilla del canal.
Los textos de estas peticiones remarcan que el Canal de Castilla no es solo una infraestructura hidráulica, sino un símbolo del patrimonio histórico y cultural de la comarca. Los árboles que hoy lo flanquean se han integrado durante décadas en el paisaje y en la memoria colectiva, hasta el punto de que muchos vecinos temen que, tras las cortas masivas, “eso quede como un solar” y “se acabe la sombra en verano”.
Los impulsores de las campañas ciudadanas insisten en que avalan la necesidad de garantizar la seguridad, pero critican que los criterios de selección de árboles son tan amplios que, en la práctica, permiten talar casi todos los ejemplares. Piden que se apueste por soluciones más moderadas: podas selectivas, tratamientos preventivos y una gestión que priorice la conservación de los árboles sanos.
Varios ayuntamientos han trasladado ya por escrito su malestar a la CHD. La alcaldesa de Villaumbrales, Carolina Valbuena, ha calificado la medida como “masiva” y “poco adecuada”, y lamenta que, mientras se impulsa desde la Diputación y el Consorcio la promoción del Canal como recurso turístico, se estén eliminando precisamente los elementos naturales que lo hacen atractivo para el visitante.
La respuesta de la CHD y la promesa de reforestación
Ante la avalancha de críticas, la Confederación Hidrográfica del Duero ha remitido comunicados a los pueblos ribereños y ha atendido a diversos medios para explicar los detalles del proyecto. En esos documentos se reitera que la actuación se centra en árboles en mal estado sanitario, con copas secas o con inclinaciones superiores a los quince grados, que podrían suponer un riesgo para los usuarios de los caminos de sirga y las infraestructuras del canal.
Responsables técnicos del organismo de cuenca, como el jefe de área de Coordinación y Medio Agrícola-Forestal, han subrayado que no todos los árboles marcados terminarán siendo talados y que, antes de ejecutar cada corta, se valorarán también criterios paisajísticos. El compromiso es dejar ejemplares aislados en determinados puntos para evitar tramos completamente desprovistos de sombra, siempre que no representen un peligro.
La CHD recalca que el proyecto no se limita a la tala, sino que contempla una reforestación ambiciosa con más de 30.000 árboles y arbustos autóctonos, así como la plantación de unos 2.000 olmos resistentes a la grafiosis. La idea es sustituir las choperas de origen productivo, muchas de ellas envejecidas y con problemas fitosanitarios, por una vegetación de ribera más variada y adaptada a las condiciones ecológicas actuales.
Con todo, el propio organismo reconoce que los próximos cinco a siete años serán críticos hasta que los nuevos árboles alcancen un porte suficiente. Admiten que el terreno no es especialmente favorable y que será necesario un esfuerzo de riego y mantenimiento, en el que incluso algunos ayuntamientos están dispuestos a colaborar para asegurar la supervivencia de las plantaciones.
La Confederación recuerda asimismo que el proyecto estuvo sometido a exposición pública y que en ese periodo los municipios pudieron presentar alegaciones. Desde el organismo de cuenca se muestran preocupados por una posible paralización cautelar de las obras, que podría comprometer la financiación y la ejecución global del plan.
Ecologistas y naturalistas hablan de “talas abusivas” y “aspecto desolador”
Si la posición de la CHD busca tranquilizar, las organizaciones conservacionistas dibujan un escenario muy distinto. La Asociación de Naturalistas Palentinos y Ecologistas en Acción han solicitado de forma reiterada la paralización inmediata, aunque sea temporal, de las talas que se están llevando a cabo en el Canal de Castilla, tanto en Palencia como en Valladolid.
Estas entidades denuncian que se están eliminando miles de árboles, incluidos muchos en buen estado sanitario y con gran valor ecológico, lo que está generando un grave deterioro ambiental y paisajístico en la comarca de Tierra de Campos. Allí donde hace poco había un continuo bosque de ribera con sombra abundante, describen ahora tramos kilométricos en los que ha desaparecido prácticamente toda la masa arbolada.
Técnicos en gestión forestal vinculados a estos colectivos hablan de “talas abusivas e indiscriminadas” y alertan de que se están cortando ejemplares con más de 40, 50 o 60 años. A su juicio, la pérdida de estos árboles maduros no podrá compensarse en el corto y medio plazo, y estiman que podrían pasar varias décadas antes de que el canal vuelva a tener un aspecto similar al que presentaba antes de las obras.
Los ecologistas cuestionan también la coherencia del proyecto actual con actuaciones previas de restauración en el mismo espacio. Recuerdan que la propia CHD participó como socio en el proyecto LIFE Naturaleza “Restauración y gestión de lagunas: ZEPA Canal de Castilla”, donde se llevaron a cabo plantaciones de unas 84.400 plantas entre árboles y arbustos para reforzar la vegetación de ribera y proteger las márgenes de humedales y del propio canal.
Desde estas organizaciones consideran que pasar ahora de plantar a talar en las mismas zonas supone una contradicción difícil de justificar, más aún cuando el Canal de Castilla está integrado en la Red Natura 2000 y la vegetación de ribera figura entre los elementos clave a conservar. A su entender, se podría estar incurriendo en un serio riesgo para la integridad de este espacio protegido.
Un espacio protegido y emblemático en el punto de mira
El Canal de Castilla goza de un doble reconocimiento: forma parte de la Red Natura 2000, la principal red europea de espacios protegidos, y fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Conjunto Histórico-Artístico en 1991. Este estatus implica una atención especial tanto a sus valores naturales como a su paisaje cultural.
La vegetación de ribera desempeña funciones esenciales en este entorno: proporciona refugio y alimento a numerosas especies, contribuye a la estabilidad de las márgenes, ayuda a mantener un microclima más fresco y protegía del sol a quienes recorren los caminos de sirga a pie o en bicicleta. Su desaparición repentina en determinados tramos puede alterar de forma significativa el equilibrio ecológico y la experiencia de uso público del canal.
Algunos vecinos se preguntan incluso si las actuaciones de tala han contado con todas las autorizaciones necesarias en materia de patrimonio, dada la protección que la ley otorga a la “silueta paisajística” de los conjuntos históricos. Desde diversos municipios se está solicitando aclaraciones y se ha puesto sobre la mesa la necesidad de revisar el alcance de las obras.
Para quienes viven en los pueblos ribereños, el Canal de Castilla es además un motor turístico y un recurso de ocio creciente. El cicloturismo y las rutas de senderismo han encontrado en los caminos de sirga un itinerario cada vez más valorado, gracias precisamente a la combinación de agua, arbolado y patrimonio industrial. El temor es que, tras las talas, se pierda buena parte de ese atractivo en los próximos años.
En algunos municipios se ha llegado a plantear la realización de protestas más visibles, como tractoradas o el estacionamiento de maquinaria agrícola junto al canal para frenar el avance de las cortas. La sensación de muchos vecinos es que su territorio no ha sido suficientemente tenido en cuenta a la hora de diseñar y ejecutar el proyecto.
Reacciones institucionales: cartas, reuniones y demandas de revisión
El malestar ciudadano ha obligado a moverse también a distintas administraciones. Varios ayuntamientos afectados han enviado escritos a la CHD pidiendo una reconsideración del plan y reclamando medidas menos agresivas para el arbolado de ribera.
La Diputación de Palencia, ante las preocupaciones trasladadas por los municipios, ha remitido una carta a la presidencia de la Confederación Hidrográfica del Duero en la que solicita que se valore la posibilidad de detener temporalmente las cortas en curso y revisar la planificación. La institución provincial propone un desarrollo más gradual de las intervenciones, compatible con los objetivos ecológicos y de seguridad, pero evitando una afección tan intensa sobre el paisaje.
En el ámbito local, algunos regidores, como el alcalde de Medina de Rioseco, han mantenido reuniones “sobre el terreno” con los responsables de la obra para analizar árbol por árbol los ejemplares marcados. Aunque reconocen la existencia de un problema de seguridad con ciertos árboles inclinados o deteriorados, insisten en que las reforestaciones deben respetar el carácter actual del paisaje y que los nuevos ejemplares han de tener un porte suficiente para no “hipotecar” durante demasiado tiempo la imagen y el microclima del canal.
Paralelamente, la Asociación de Naturalistas Palentinos y Ecologistas en Acción han solicitado la intervención de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Piden que se inste a la Confederación a paralizar de inmediato los trabajos de tala, que se valore la afección de la obra sobre la Red Natura 2000 y que se aclare qué porcentaje del proyecto queda todavía por ejecutar.
Los colectivos conservacionistas lamentan lo que consideran una actitud demasiado tibia de las instituciones competentes en medio ambiente, y reclaman una postura más firme ante unas cortas que califican de “desmesuradas”. La presión social ha llevado incluso a convocar reuniones del Consorcio para la Gestión Turística del Canal de Castilla, en el que participan las diputaciones de Valladolid, Burgos y Palencia, para abordar el impacto del proyecto sobre el principal recurso turístico fluvial de la zona.
Debate abierto sobre seguridad, biodiversidad y modelo de gestión
El choque de posturas en torno a la tala de árboles en el Canal de Castilla pone sobre la mesa un debate más amplio sobre cómo gestionar los espacios fluviales y protegidos. Por un lado, la CHD insiste en la necesidad de actuar frente a masas arbóreas envejecidas, rebrotes mal conformados y problemas de estabilidad que pueden suponer un peligro para las personas y las infraestructuras, además de dificultar la evolución hacia una vegetación autóctona más resiliente.
En el lado opuesto, buena parte de los vecinos y asociaciones ecologistas entiende que se ha optado por una solución demasiado radical, que sacrifica una parte esencial del bosque de ribera y altera de forma intensa el paisaje, en lugar de aplicar intervenciones más finas, como podas selectivas, retiradas puntuales y trabajos de mantenimiento preventivo.
También planea sobre la polémica la sospecha de que la gran cantidad de madera resultante pueda alimentar negocios ligados a la biomasa o a la producción de pellets. Aunque no existen pruebas concluyentes que lo demuestren, en algunas peticiones de firmas se advierte de un posible “enriquecimiento de unos pocos” en perjuicio de los municipios ribereños, lo que añade desconfianza al proceso.
En cualquier caso, el caso del Canal de Castilla vuelve a evidenciar las dificultades para conciliar la seguridad, la conservación ecológica y el uso público en espacios emblemáticos. La gestión de la vegetación de ribera y la planificación de grandes obras de restauración o consolidación exigen, según los expertos independientes, un diálogo más profundo con el territorio y una evaluación detallada de los efectos a corto, medio y largo plazo.
La controversia generada por la tala de árboles en el Canal de Castilla muestra hasta qué punto la ciudadanía se siente vinculada a este paisaje histórico y natural, y cómo cualquier intervención que modifique de forma drástica su fisonomía despierta una reacción inmediata. Entre la necesidad de atajar problemas de seguridad y la obligación de preservar un entorno protegido y cargado de memoria, el futuro del arbolado de ribera en el ramal de Campos dependerá en buena medida de la capacidad de las administraciones, los expertos y los vecinos para encontrar un punto de equilibrio que permita conservar tanto la funcionalidad del canal como el bosque y la sombra que le dan vida.

