Preocupación en Huelin por la caída de un árbol en el colegio Eduardo Ocón

  • Un árbol de gran tamaño ha caído sobre el muro del CEIP Eduardo Ocón en la barriada de Huelin, Málaga, sin causar heridos.
  • Es el segundo ficus que se desploma en menos de una semana en la misma calle, lo que ha intensificado la inquietud vecinal.
  • Vecinos y familias denuncian falta de mantenimiento y riesgos diarios para alumnado, peatones y vehículos.
  • Expertos apuntan a una combinación de mala planificación urbana, escaso espacio para las raíces y efectos del cambio climático.

árbol caído en colegio de Huelin

La caída de un árbol de grandes dimensiones sobre el muro del CEIP Eduardo Ocón, en la barriada malagueña de Huelin, ha encendido todas las alarmas entre familias y residentes de la zona. Aunque el suceso no ha dejado heridos, el incidente ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el estado del arbolado urbano en Málaga y los riesgos que conlleva su falta de mantenimiento en entornos escolares y áreas muy transitadas.

Este nuevo desplome se produce en un contexto de temporales de viento y lluvia asociados a las borrascas Joseph y Kristin, que han dejado numerosas incidencias en la ciudad. Para los vecinos, sin embargo, el problema va más allá del mal tiempo y tiene que ver con años de abandono y escasa poda en los árboles de la calle Antonio Soler y su entorno, justo donde se encuentra el colegio.

El árbol que cayó sobre el muro del colegio de Huelin

El último episodio se registró en la calle Antonio Soler, junto al CEIP Eduardo Ocón, cuando un árbol de gran porte cedió y se desplomó sobre el muro del centro educativo y una farola cercana. La fachada afectada da directamente al patio del recreo, un espacio que suele estar lleno de menores en horario escolar, lo que ha generado una gran inquietud entre las familias del alumnado.

Según relatan testigos, el suceso ocurrió en torno a las cinco de la tarde. En ese momento no soplaba un viento especialmente fuerte, pero los días previos sí se había notado un temporal intenso asociado a las borrascas. Un enfermero que trabaja por la zona, Fernando Pérez, presenció la escena y describe cómo el árbol cayó de repente, rompiendo vallas y dañando la estructura del entorno inmediato.

Fue este testigo quien, al ver el árbol en el suelo y la calle afectada, avisó a la Policía Local y a los servicios de emergencia. El 1-1-2 recibió el aviso sobre las 16:30 horas y hasta el lugar se desplazaron también efectivos del Cuerpo de Bomberos, que aseguraron la zona y revisaron la estabilidad de otros ejemplares cercanos.

Los vecinos recuerdan que la calle ya estaba acordonada desde días antes por la caída de otro ficus en el mismo punto. En esa ocasión, el árbol se vino abajo sobre un camión de reparto, cuyo conductor se encontraba en el interior y pudo salir ileso, aunque el susto fue considerable. El hecho de que se trate del segundo árbol que cae en menos de una semana en esa misma zona ha reforzado la sensación de que el problema no es puntual.

Indignación vecinal y miedo en las familias

El entorno del colegio Eduardo Ocón es muy transitado a diario por padres, madres, alumnado y residentes del barrio de Huelin. A media mañana del día siguiente a la caída, la calle Antonio Soler volvía a estar llena de gente, muchos de ellos comentando lo ocurrido y manifestando su preocupación.

Uno de esos vecinos, Francisco Navarro, que paseaba con su hija, alumna del centro, explica que el problema de los árboles en mal estado se extiende también a otras calles cercanas. Según cuenta, hace años que muchos ejemplares no se podan y los residentes han presentado escritos y recogido firmas pidiendo soluciones, pero aseguran que sus reclamaciones han sido ignoradas. Navarro apunta al peligro que suponen estas copas enormes, de las que a menudo se escucha el crujir de ramas, sobre todo cuando pasan autobuses y camiones que llegan a golpear con ellas.

Otra vecina, Lioba García, afirma que suele pasar a diario por la zona del colegio y que ha visto cómo, en apenas una semana, dos árboles se han desplomado. Pese a que se habían instalado refuerzos desde Navidad, considera que las medidas adoptadas han sido insuficientes. Explica que muchas personas del barrio prefieren aparcar sus coches lejos de las alineaciones de árboles por miedo a encontrarse el vehículo dañado o literalmente sepultado tras un nuevo desplome.

Para Isabel Inés Enríquez, también residente en Huelin, el problema no se soluciona apuntalando un tronco con hierros. A su juicio, algunos ejemplares son tan voluminosos y tan antiguos que habría que plantearse seriamente una poda profunda o incluso su retirada si no se puede garantizar la seguridad. Subraya que la mayor preocupación en el barrio son los niños, ya que el patio del colegio se llena de alumnado y, en caso de coincidir la caída con la hora del recreo, las consecuencias podrían haber sido muy graves.

En la misma línea se expresa Carmina Merino, otra vecina del barrio que recuerda también la reciente caída de un árbol en la misma calle sobre un camión de reparto. En aquella ocasión, destaca, hubo poco tránsito y mucha suerte, porque el desenlace podría haber sido muy distinto. Merino comenta que ya se aprecia parte de la estructura del colegio afectada y observa cómo los equipos municipales trabajan con prisas para podar otros árboles del entorno.

Actuación del Ayuntamiento y trabajos de poda

Tras los últimos incidentes en Huelin, los servicios municipales del Ayuntamiento de Málaga se han desplazado a la calle Antonio Soler para revisar la arboleda y reducir el riesgo de nuevos desplomes. Durante la mañana posterior a la caída, las brigadas han procedido al podado de la parte superior de varios árboles, en concreto tres ejemplares que se consideraban especialmente afectados por el temporal.

El técnico arborista Daniel González ha explicado que, cuando se retira un árbol de alineación, se puede llegar a crear un efecto túnel de viento que impacta con mayor fuerza en los que quedan alrededor. Por ello, los trabajos se han centrado en realizar lo que se denomina un «terciado», es decir, un rebaje importante de la copa para aligerar el peso y reducir la superficie de viento, con la idea de minimizar las posibilidades de que se vengan abajo en futuros temporales.

El objetivo de estas actuaciones, según detalla González, es que en unos años los árboles puedan desarrollar un sistema radicular más sólido, con raíces mejor adaptadas al entorno urbano. Sin embargo, este tipo de intervenciones no calma del todo a los vecinos, que consideran que la respuesta llega después de varios sustos y no como parte de una estrategia preventiva bien planificada.

Desde el área de Parques y Jardines del Ayuntamiento se recuerda que la ciudad cuenta con unos 112.000 árboles urbanos, cuyo mantenimiento asumen diversas empresas adjudicatarias. El contrato anual de conservación de zonas verdes y arbolado viario ronda los 18,1 millones de euros, a lo que se suman subvenciones específicas para espacios gestionados por entidades urbanísticas de conservación.

Responsables municipales han defendido en otras ocasiones que se realiza un seguimiento sistemático del estado del arbolado mediante inspecciones técnicas. Estos controles se apoyan en herramientas digitales que permiten registrar el estado de cada ejemplar y comunicar a las empresas de mantenimiento las actuaciones necesarias. El propio Consistorio ha insistido en que, en caso de incumplimientos, se contemplan sanciones a las empresas que no garanticen la seguridad y la buena conservación de los árboles.

Un problema que va más allá de Huelin

El caso del colegio Eduardo Ocón no es aislado. En los últimos meses se han producido múltiples caídas de árboles en Málaga, varios de ellos de gran tamaño y en zonas muy transitadas. Hace menos de un mes, un ficus se desplomó en el paseo marítimo Antonio Machado; dos días antes, otro ejemplar cayó en la calle Deba, en el distrito Palma-Palmilla, dejando a un hombre herido. En noviembre, fue un árbol centenario el que se vino abajo en la zona de La Malagueta, en la calle Cervantes.

Estas situaciones se repiten también en otras localidades de la provincia, lo que ha llevado a muchos expertos a señalar que estamos ante un problema estructural de gestión del arbolado urbano, y no solo ante la mala suerte de unos temporales concretos. Cada vez que se registran rachas de viento más intensas, empiezan a conocerse nuevos episodios de árboles desplomados sobre aceras, calzadas o vehículos estacionados.

El director de la Cátedra de Cambio Climático de la Universidad de Málaga, Enrique Salvo Tierra, advierte de que «vamos a tener más caídas» si no se adoptan medidas profundas. A su juicio, no es normal que un árbol bien gestionado se venga abajo con los vientos que se están registrando, ya que la mayoría de estas especies están preparadas para soportar rachas muy superiores a las de los últimos temporales.

Salvo señala que la clave está en que muchos árboles urbanos se están quedando sin capacidad de anclaje al suelo. Las aceras estrechas, la construcción de nuevos carriles bici y la reducción progresiva de los alcorques -el espacio excavado alrededor del pie del árbol- hacen que las raíces dispongan de cada vez menos volumen de sustrato donde fijarse correctamente.

En el caso de especies como los ficus, explica el experto, a menudo se recortan las raíces aéreas por motivos estéticos o funcionales. Esto, unido a copas muy voluminosas que actúan como una especie de «vela» frente al viento, incrementa el riesgo: basta una racha más fuerte para que el tronco pierda estabilidad y termine por volcar.

El papel del cambio climático y la planificación urbana

Además de los problemas de diseño urbano, el director de la Cátedra de Cambio Climático apunta al cambio climático como factor que agrava la situación. Durante años, la sequía ha limitado la disponibilidad de agua, dificultando el desarrollo robusto de las raíces. Más recientemente, se han alternado periodos de otoños lluviosos con temperaturas más bajas, lo que ha favorecido un crecimiento acelerado de la parte aérea de los árboles.

Este fenómeno, que el experto describe como hipertrofia o hiperdesarrollo de los árboles, supone que los ejemplares aumentan de volumen y peso sin que el sistema radicular haya podido adaptarse y fortalecerse en la misma medida. El resultado es un arbolado más frágil ante episodios de viento o de suelo reblandecido por fuertes lluvias.

Dentro de la propia ciudad, Salvo destaca que hay zonas donde la arboleda nueva está bien cuidada y se han aplicado criterios más modernos de arboricultura urbana. Sin embargo, persisten plantaciones muy antiguas, especialmente en urbanizaciones de los años 70 y 80, que se hicieron sin tener en cuenta la distancia adecuada a fachadas, la anchura de las calles o las necesidades reales de espacio para las raíces.

En particular, se observa que en la zona oeste de Málaga existen numerosos árboles que parecen estar «aguantando como pueden», con estructuras muy tensionadas y soportando obras que incrementan todavía más la presión sobre sus raíces y su estabilidad. El experto insiste en que muchas intervenciones urbanísticas recientes han reducido el margen de maniobra de las raíces y han sellado el suelo con pavimentos poco permeables.

Para avanzar hacia una solución, se propone apostar por criterios de arboricultura sostenible. Esto implica que, al diseñar nuevas urbanizaciones o remodelar calles, no baste con colocar un árbol en un alcorque pequeño, sino que se recurran a sistemas de pavimento permeable, suelos drenantes y espacios suficientes para que la raíz se desarrolle. De lo contrario, el riesgo de nuevas caídas seguirá presente, especialmente en barrios densamente poblados y con mucho tráfico peatonal.

La situación vivida en el colegio Eduardo Ocón de Huelin es para muchos la demostración palpable de que estas cuestiones ya no son solo un asunto técnico, sino también de seguridad ciudadana. La combinación de árboles envejecidos, poco espacio para las raíces, falta de mantenimiento regular y episodios meteorológicos más extremos está generando un escenario en el que los incidentes se repiten con demasiada frecuencia.

Aunque en esta ocasión no ha habido que lamentar heridos, el hecho de que un árbol de gran tamaño haya caído sobre el muro de un centro escolar y que en la misma calle se hayan producido varios desplomes en pocos días ha incrementado la sensación de vulnerabilidad en el barrio. Vecinos y familias reclaman revisiones exhaustivas, podas más frecuentes y una planificación a largo plazo que priorice la seguridad sin renunciar a la importancia de mantener zonas arboladas en la ciudad.