En la localidad castellonense de Nules, seis pequeñas semillas han bastado para devolver a la vida una variedad de tomate que se cultivaba hace décadas en los campos de la Marjal. La Asociación Independiente de Agricultores de Nules (AIAN) ha logrado recuperar este cultivo histórico gracias a la generosidad de un agricultor de avanzada edad, que entregó a la entidad las únicas semillas que conservaba de aquella variedad tradicional.
El trabajo de reproducción lo ha llevado a cabo el Banco Comunitario de Semillas Tradicionales de AIAN, que ha conseguido multiplicar el material genético y reincorporar el tomate al patrimonio agrícola y varietal del municipio. Recientemente, los responsables de la asociación presentaron el resultado al alcalde de Nules, David García, como un ejemplo de cómo la memoria del campo puede recuperar cultivos que parecían perdidos para siempre.
Un rescate que va más allá del tomate

La iniciativa no se limita a esta variedad de tomate. AIAN trabaja en un proyecto más amplio de conservación de semillas tradicionales en la provincia de Castellón, con el objetivo de preservar la biodiversidad cultivada y evitar la desaparición de cultivos con un alto valor histórico, cultural y productivo. Entre las variedades rescatadas destaca también el calabacín de Nules, que recientemente ha sido reconocido en el concurso culinario de la Feria de Villamalur, un galardón que ha puesto en valor la calidad y singularidad de los productos tradicionales del territorio.
Desde la asociación subrayan que la experiencia y los conocimientos de los agricultores más veteranos son una herramienta fundamental para construir el futuro de la agricultura. La recuperación de semillas tradicionales no solo permite mantener viva la historia agrícola local, sino que también abre nuevas oportunidades para desarrollar una agricultura más sostenible, arraigada al territorio y adaptada a los retos que afrontará el sector en los próximos años.
El papel de la memoria agrícola

El caso del tomate de la Marjal demuestra cómo una cantidad mínima de semillas puede conservar un legado cultivado durante generaciones. El agricultor que donó las seis semillas permitió que esa variedad no quedara únicamente en el recuerdo, sino que pudiera ser reproducida nuevamente. AIAN considera que la memoria de los agricultores de más experiencia resulta decisiva para recuperar variedades que ya han desaparecido de los circuitos agrícolas habituales.
Este proyecto de conservación no solo mira al pasado. Las variedades locales pueden ofrecer nuevas posibilidades para una agricultura más sostenible, vinculada al entorno y preparada para afrontar los desafíos del cambio climático y la homogeneización de los cultivos comerciales. La recuperación del tomate de Nules devuelve así al municipio una parte de su identidad agrícola y abre la puerta a que este cultivo pueda llegar también a las generaciones futuras.

La asociación ha puesto en valor el trabajo del Banco Comunitario de Semillas Tradicionales, que continúa recuperando y conservando otras variedades autóctonas de la provincia de Castellón. El calabacín de Nules, reconocido en la Fira de Villamalur, es otro ejemplo de cómo la apuesta por lo tradicional puede generar reconocimiento y valor añadido para los productos locales. Todo ello refuerza la idea de que la memoria agrícola, lejos de ser algo del pasado, es una herramienta clave para construir un futuro más sostenible y arraigado al territorio.

Con solo seis semillas, Nules ha recuperado una variedad de tomate que parecía condenada a desaparecer. El trabajo de AIAN demuestra que la colaboración entre agricultores veteranos y entidades de conservación puede devolver al campo cultivos de gran valor histórico y cultural, al tiempo que se abren nuevas vías para una agricultura más respetuosa con el medio ambiente y adaptada a las necesidades del siglo XXI. La memoria de los mayores, una vez más, se convierte en el mejor aliado para preservar el patrimonio agrícola y construir un futuro más sostenible.