
Si tienes una planta de araña en casa (también llamada cinta, lazo de amor o mala madre), quizá te hayas preguntado alguna vez si es capaz de florecer o si solo sirve para lucir sus hojas colgantes. Aunque no siempre se hable de ello, esta planta tan popular sí que puede dar flores, y además lo hace de una forma muy curiosa, creando pequeñas plantitas que parecen auténticas arañitas colgando de la maceta.
En las siguientes líneas vamos a ver con calma cómo son esas flores, cuándo aparecen, qué cuidados necesita la planta de araña para florecer con ganas y cómo puedes aprovechar esos hijuelos para multiplicarla y llenar tu casa de verde. También te contaré algunos datos interesantes de otra “flor araña” muy distinta, la Cleome hassleriana, que se cultiva sobre todo en exteriores. Así tendrás toda la información bien ordenada para disfrutar de estas plantas sin complicaciones.
Planta de araña, cinta o lazo de amor: características esenciales
La conocida como planta de araña, cinta, lazo de amor o mala madre tiene como nombre científico Chlorophytum comosum. Es una planta perenne, muy rústica y agradecida, ideal para principiantes y para quienes reconocen que se les suelen olvidar los riegos.
Originaria de zonas tropicales de África y Asia, en la naturaleza crece en áreas protegidas del sol directo, donde la luz es abundante pero filtrada. Por eso, en casa se comporta de maravilla en interiores luminosos, lejos de los rayos solares más intensos.
Se trata de una planta relativamente compacta: no suele sobrepasar los 60 cm de altura, aunque sus hojas son bastante largas. Pueden medir de 15 a 75 cm de largo, con un grosor aproximado de 2 cm, formando una mata colgante o arqueada muy decorativa. Es habitual verla en macetas colgantes o en estanterías donde sus hojas caen a modo de cascada verde.
Lo más característico de la cinta son sus hojas: son alargadas, afiladas y, según la variedad, pueden ser totalmente verdes o presentar franjas blancas o amarillas. Este contraste de tonos la hace especialmente interesante para decoración de interiores, ya que aporta luz y dinamismo sin necesidad de flores llamativas constantes.
Además de bonita, es una especie muy resistente a la humedad relativa alta y a las bajas temperaturas moderadas, lo que explica que sea de las favoritas para colocar en el baño o cerca de la cocina, donde otras plantas se resentirían.
¿Sabías que la planta araña puede dar flores?
La respuesta es que sí: la planta de araña produce flores pequeñas, generalmente de color blanco. No son muy grandes ni especialmente llamativas por sí solas, pero tienen una función muy interesante, porque de esas flores surgirán más tarde los famosos hijuelos colgantes.
Las flores suelen aparecer en los extremos de unas varas alargadas que salen de la planta madre. Primero verás cómo esas varas se estiran, después brotan las florecillas blancas, discretas y estrelladas, y más adelante, cuando caen, se forman las pequeñas plantas bebé.
Esos hijuelos, o “arañas bebé”, crecen al final de los tallos largos y parecen pequeñas cintas en miniatura. Conforme maduran, desarrollan protuberancias en la base que esconden las incipientes raíces. Esa es la parte que luego te permitirá propagarlas con toda facilidad.
Aunque la planta puede florecer en distintos momentos del año, lo normal es que lo haga con más ganas desde finales de la primavera hasta el otoño, si tiene buenas condiciones de luz, riego y temperatura. En esa época también es cuando más hijuelos produce, por lo que es el mejor momento para multiplicarla.
Conviene saber que la cinta no destaca por producir frutos interesantes; lo verdaderamente importante son sus flores simples y los hijuelos que generan, que te permitirán obtener nuevas plantas prácticamente gratis.
Cuidados básicos de la planta de araña para que crezca sana y florezca
Para que tu planta de araña florezca y produzca muchos hijuelos, necesita una serie de cuidados muy sencillos pero importantes. Aunque es una especie muy resistente, si quieres que esté realmente bonita, es buena idea prestar atención a estos puntos.
Luz y ubicación adecuada
La cinta prefiere una iluminación abundante pero sin sol directo. Colócala en un lugar con luz brillante o semisombra, donde reciba claridad la mayor parte del día pero no rayos de sol fuertes pegando sobre las hojas.
Si la pones al sol directo, sobre todo en verano, las hojas pueden secarse, amarillear o quemarse por las puntas. En cambio, si la dejas en un rincón demasiado oscuro, crecerá débil, con hojas largas y flácidas, y podría florecer mucho menos.
En interiores, suele funcionar muy bien cerca de una ventana con cortina fina, en pasillos luminosos o en el baño si entra buena claridad. También es perfecta para oficinas y zonas de trabajo, donde ayuda a dar un toque verde y fresco.
Temperatura y resistencia
La planta de araña soporta una horquilla de temperatura bastante amplia. Se siente cómoda con máximas de unos 30 ºC y mínimas cercanas a -2 ºC. Esto la hace muy resistente para interiores y para exteriores en climas suaves.
Aun así, no conviene exponerla a heladas intensas ni periodos largos por debajo de esos -2 ºC. Si vives en una zona fría, lo mejor es tenerla dentro de casa o protegerla en los meses más duros del invierno.
Riego y humedad
La cinta es una planta a la que le gusta la humedad, pero sin encharcamientos. En verano, con el calor, necesitará un riego frecuente, unas 2 o 3 veces por semana, siempre comprobando que la capa superior del sustrato empiece a secarse antes de volver a regar.
En invierno, cuando el crecimiento se ralentiza y la evaporación es menor, bastará con un riego semanal. Es preferible quedarse un poco corto a pasarse: si el sustrato permanece encharcado, las raíces pueden pudrirse con facilidad, y la planta comenzará a resentirse.
Además de regar, le sienta muy bien pulverizar sus hojas de vez en cuando, especialmente en climas secos o cuando la tengas cerca de fuentes de calor. Esta humedad ambiental extra la ayuda a mantener las hojas frescas y flexibles.
Sustrato, drenaje y abono
Para que la planta de araña prospere, es importante que tenga un sustrato de calidad, que combine buena retención de humedad con un drenaje correcto. Lo ideal es una mezcla que incluya turba, corteza de pino, vermiculita o perlita, de manera que el agua no se estanque.
La maceta debe tener orificios suficientes en la base. Si los agujeros son escasos, se pueden hacer algunos más con un destornillador caliente o una herramienta similar. Después, coloca un plato o bandeja debajo para recoger el exceso de agua tras el riego.
En cuanto al abono, la cinta agradece que la fertilices en las épocas de mayor crecimiento. Durante la primavera y el verano, puedes aportar un fertilizante equilibrado disuelto en el agua de riego cada 15 días, o cada 2 semanas. En otoño e invierno, con una vez al mes tienes de sobra.
Cómo se reproducen las cintas: hijuelos y división de mata
La planta de araña es una de las especies más fáciles de multiplicar en casa. De hecho, si está sana, lo normal es que te “pida” a gritos que la reproduzcas porque empieza a colgar hijuelos por todas partes. Hay dos métodos muy sencillos para lograr nuevas plantas: trasplante de los hijuelos y división de la mata.
Reproducción por hijuelos o arañas bebé en tierra
El método más popular consiste en utilizar las pequeñas plantas que cuelgan de los tallos de la cinta. Estos brotes, o “arañas bebé”, son perfectos para iniciar una nueva maceta sin necesidad de semillas ni procesos complicados.
Para propagarlas en tierra, necesitas tener a mano macetas, sustrato adecuado, unas tijeras de jardinería bien afiladas y, por supuesto, los hijuelos que vayas a sembrar.
Primero, identifica en las varas largas aquellas arañas bebé que veas más formadas, con varias hojas y una pequeña base engrosada. Después, córtalas con cuidado, procurando que conserven la zona de protuberancias, donde se esconden las raíces incipientes que se aferrarán al sustrato.
Llena las nuevas macetas con tierra de buena calidad y haz un pequeño agujero en el centro. Coloca cada hijuelo en su hueco, ajustando la profundidad para que la base quede bien cubierta por el sustrato, pero las hojas permanezcan al aire. Presiona ligeramente la tierra alrededor para sujetarlo.
Tras la plantación, riega de inmediato hasta que salga agua por los orificios de la base. Es importante desechar el agua sobrante del plato o bandeja para evitar que el sustrato siga absorbiendo y se generen charcos permanentes que dañen las raíces.
Durante los primeros días, conviene mantener la tierra ligeramente húmeda, regando cada dos días hasta que compruebes que los hijuelos han empezado a crecer con normalidad. Después, podrás espaciar los riegos a medida que la planta se vaya equilibrando y emita hojas nuevas.
Reproducción de la planta de araña en agua
Otra opción muy decorativa es enraizar los hijuelos en agua. Este método, además de práctico, queda genial para embellecer el hogar o la oficina con vasos o jarrones llenos de raíces blancas y hojas colgantes.
Para hacerlo, prepara un vaso o contenedor transparente con agua limpia. Localiza los hijuelos en las varas que salen de la planta madre y córtalos, dejando una buena parte de tallo. De este modo, podrás apoyar el tallo en el borde del vaso para que las hojas queden fuera y solo la base toque el agua.
Si el hijuelo ya trae raíces algo desarrolladas, ajusta el nivel del agua para que solo las puntas queden sumergidas. Si aún no tiene raíces visibles, sube el nivel de manera que la parte basal del hijuelo esté en contacto constante con el agua, sin mojar en exceso las hojas.
Es fundamental cambiar el agua a diario o, como mínimo, muy a menudo. Así se evita la aparición de hongos y malos olores, y se mantiene un entorno limpio que favorece el enraizamiento. En unos 15 días, aproximadamente, las nuevas raíces estarán bien formadas y listas para el trasplante.
En ese momento puedes optar por dejarlos en agua de forma decorativa, recordando renovar el líquido con regularidad, o pasarlos a una maceta con sustrato, siguiendo el mismo procedimiento que con la propagación en tierra y evitando errores comunes al trasplantar.
División de la mata
Además de los hijuelos, la cinta se puede reproducir por división de mata, aprovechando la estructura compacta de sus raíces. Esta técnica es muy útil cuando la planta principal ha crecido tanto que desborda la maceta.
Para hacerlo, saca con cuidado la planta de su contenedor y retira el exceso de tierra de las raíces. Con un cuchillo bien afilado y desinfectado con alcohol, corta el cepellón en dos partes, procurando que cada una tenga raíces suficientes y varias hojas sanas.
Después, planta cada sección en una maceta independiente con sustrato nuevo y bien drenado. Riega en profundidad para que la tierra se asiente y coloca ambas macetas en un lugar luminoso pero sin sol directo. Es preferible realizar este tipo de división en primavera o verano, cuando las temperaturas suaves favorecen el enraizamiento y la recuperación.
Plagas, enfermedades y otros problemas frecuentes
Aunque la cinta es una planta bastante resistente, puede verse afectada por algunas plagas habituales. Entre las más comunes encontramos la cochinilla, los pulgones y la araña roja, que atacan sobre todo las hojas y los brotes tiernos.
La cochinilla y los pulgones se pueden eliminar siguiendo recomendaciones para controlar los pulgones, retirando manualmente los insectos con un algodón humedecido en alcohol y aplicando después el tratamiento que consideres oportuno.
La araña roja, un diminuto ácaro, se detecta porque las hojas pierden brillo, se vuelven grises y, en ocasiones, aparecen finas telarañas. Para combatir la araña roja, además de un acaricida específico, ayuda mucho aumentar la humedad ambiental alrededor de la planta, ya que estos ácaros prosperan en ambientes muy secos.
Otro problema relativamente frecuente es el daño por exceso de sol o por golpes de calor, especialmente en verano. En esos casos, las hojas se secan por las puntas o pierden su color habitual. Colocar la planta en un interior más fresco y húmedo, alejada de ventanas donde el sol incida directamente, suele ser la mejor solución preventiva.
La cinta como planta decorativa y purificadora de aire
Además de ser fácil de cuidar y de multiplicar, la planta de araña es muy valorada en decoración de interiores. Sus hojas colgantes aportan un toque de frescor y movimiento a cualquier estancia, y se adapta a distintos estilos, desde los más clásicos hasta los más modernos.
Es perfecta para crear rincones verdes en el salón, combinándola con otras plantas de interior, o para darle vida a esos huecos que “piden verde” en estanterías, repisas o macetas colgantes. También funciona de maravilla en el baño, donde resiste la humedad y la luz suave, y en zonas de trabajo u oficinas en casa.
Uno de sus grandes puntos fuertes es su capacidad para purificar el aire. La cinta puede ayudar a reducir contaminantes presentes en interiores, como el monóxido de carbono o compuestos procedentes de barnices, aerosoles y cosméticos. Se ha señalado que puede llegar a eliminar porcentajes muy elevados de monóxido de carbono en un periodo corto de tiempo.
Además, contiene compuestos como flavonoides y bufadienólidos, que se asocian a propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estos aspectos se han aprovechado tradicionalmente, sobre todo mediante infusiones de sus hojas.
¿Se puede consumir la cinta?
En algunos usos tradicionales se prepara una infusión con hojas frescas de la cinta. Se pueden emplear en torno a 20 gramos de hojas en agua caliente para obtener una bebida con efectos antioxidantes y antiinflamatorios suaves.
Además de tomarla, hay quien aprovecha el vapor de esta infusión para descongestionar las vías respiratorias, inhalando el vaho con cuidado para aliviar la sensación de carga en nariz y garganta. Como siempre, conviene ser prudente y, si tienes dudas médicas o alergias, consultar antes de usarla con fines terapéuticos.
Tipos de cinta más habituales
Dentro del género Chlorophytum existen más de 200 especies y variedades, aunque en casa solemos ver solo unas pocas. Estas son algunas de las más conocidas y fáciles de encontrar en viveros:
- Chlorophytum comosum ‘Variegatum’: presenta hojas verdes con franjas claras en los bordes. Es una de las variedades más populares por su contraste de color.
- Chlorophytum comosum ‘Picturatum’: tiene hojas verdes de tono más oscuro, con un borde amarillo. Su crecimiento es algo más lento, pero resulta muy elegante.
- Chlorophytum comosum ‘Vittatum’: se caracteriza por sus hojas más retorcidas, también de crecimiento lento, con una franja clara central muy vistosa.
- Chlorophytum capense: otra especie de cinta, con hojas algo más anchas y un porte muy decorativo, ideal para macetas amplias.
Sea cual sea la variedad que elijas, todas comparten esa combinación de facilidad de cultivo, gran capacidad de adaptación y aspecto decorativo que ha convertido a la cinta en una de las plantas de interior más queridas.
Flor araña de exterior: la Cleome hassleriana
Conviene no confundir la planta de araña de interior con otra especie muy distinta que también recibe el nombre común de flor araña: la Cleome hassleriana. Esta es una planta anual de jardín, con un aspecto totalmente diferente, aunque su estructura floral recuerde vagamente a una araña.
La Cleome hassleriana presenta tallos erectos y ramificados, con hojas palmadas y flores grandes y llamativas cuyos estambres sobresalen bastante. Esa forma tan peculiar es la que da lugar al nombre de flor araña.
Sus pétalos pueden ser de color rosa, morado o blanco, y se agrupan en inflorescencias vistosas, muy apreciadas para dar color a parterres y borduras. A diferencia de la cinta, que es una planta perenne de interior, la Cleome se cultiva sobre todo en el jardín como anual ornamental.
Se adapta mejor a climas cálidos y necesita pleno sol para florecer abundante. Es moderadamente tolerante al calor y a algunos periodos de sequía, aunque agradece un riego regular que mantenga el sustrato ligeramente húmedo.
En cuanto al suelo, la flor araña de jardín prefiere terrenos bien drenados y ricos en materia orgánica. No tolera bien la salinidad elevada y es sensible a las heladas, por lo que en zonas frías se debe proteger o cultivar como anual en la época cálida.
La siembra suele hacerse entre marzo y mayo, y la floración se extiende desde finales de primavera hasta bien entrado el otoño. No destaca por sus frutos, ya que su uso principal es ornamental, tanto en macizos de jardín como en flor cortada para ramos.
Aunque no se considera tóxica para animales domésticos, siempre es aconsejable vigilar a las mascotas para evitar que ingieran partes de la planta sin control. Taxonómicamente, pertenece al reino Plantae, división Magnoliophyta, clase Magnoliopsida, orden Brassicales, familia Cleomaceae y género Cleome.
La planta de araña de interior y la flor araña de jardín comparten nombre común, pero en realidad pertenecen a grupos botánicos distintos y se cultivan en entornos y condiciones muy diferentes. Ambas, eso sí, tienen en común que aportan color, frescor y un punto muy original a cualquier espacio donde se planten.
