Semillas tradicionales: el esfuerzo de Asturias y Nules por preservar su patrimonio agrícola

  • El banco de semillas del Serida en Villaviciosa cumple 35 años conservando variedades autóctonas como la faba y la escanda.
  • La Asociación de Agricultores de Nules recupera un tomate histórico a partir de solo seis semillas donadas por un agricultor.
  • Ambos proyectos buscan modernizar sus instalaciones y garantizar la conservación de la biodiversidad agrícola frente a los retos futuros.
  • La Bóveda de Svalbard, premiada con el Princesa de Asturias, abre la puerta a que semillas asturianas viajen al Ártico.

Semillas tradicionales

En los últimos años, la conservación de las variedades agrícolas autóctonas ha cobrado un protagonismo creciente en España. Tanto en Asturias como en la Comunidad Valenciana, distintas iniciativas trabajan para evitar que semillas que han alimentado a generaciones desaparezcan para siempre. Dos proyectos destacan por su labor: el banco de germoplasma del Serida en Villaviciosa y el banco comunitario de la Asociación Independiente de Agricultores de Nules.

Ambos comparten un objetivo común: preservar la diversidad genética de cultivos tradicionales, muchos de ellos vinculados a la historia y la identidad de sus territorios. La financiación, la modernización de las instalaciones y la colaboración de agricultores veteranos son claves para que estas semillas sigan siendo una opción real para la agricultura del futuro.

semillas
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Asturias: 35 años de trabajo con la faba y la escanda

Banco de semillas Serida

El Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) puso en marcha su banco de semillas en 1991, en Villaviciosa, con una pequeña colección de judías recogidas en Asturias a mediados de los ochenta. La iniciativa surgió de la necesidad de conservar y estudiar el material genético local, según explica Juan José Ferreira, responsable del programa de Genética Vegetal. Con el tiempo, la colección se amplió a unas veinte especies, entre ellas trigos, legumbres y hortícolas.

Hoy, tres décadas y media después, muchas de esas variedades han servido para desarrollar nuevas semillas que ya se comercializan. El banco ha sido clave para hacer frente a problemas como el deterioro de la semilla de la faba en 2024, y ha suministrado material a proyectos europeos. Ferreira destaca especialmente la faba, por su importancia histórica y económica en Asturias, y la escanda o espelta, un trigo tradicional del que ya se han cedido tres líneas a productores locales.

Variedades tradicionales

Sin embargo, el crecimiento de la colección ha puesto de manifiesto las limitaciones de las instalaciones. Ferreira considera urgente una modernización y redimensionamiento para garantizar la conservación del material durante los próximos cincuenta años. Las variedades autóctonas, afirma, son «una fuente insustituible de diversidad genética para la agricultura del futuro» y deberían ser consideradas una prioridad de las administraciones.

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El reciente Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional concedido a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard ha abierto la posibilidad de que parte de la colección del Serida viaje hasta el Ártico. La mayoría del germoplasma ya está duplicado en la colección nacional del CRF-INIA-CSIC, pero un depósito en Svalbard supondría una garantía adicional. La decisión, no obstante, corresponde al centro nacional, y el Serida propone que se envíen variedades tradicionales asturianas.

Nules: seis semillas para recuperar un tomate histórico

Tomate tradicional Nules

En la localidad castellonense de Nules, la Asociación Independiente de Agricultores (AIAN) ha logrado un hito similar. Un agricultor de avanzada edad entregó seis únicas semillas de una variedad de tomate de la Marjal que se cultivaba décadas atrás y que estaba a punto de desaparecer. A partir de ese mínimo material, el banco comunitario de semillas tradicionales de AIAN consiguió reproducir el cultivo y devolverlo al patrimonio agrícola del municipio.

La asociación presentó el resultado al alcalde, David García, como parte de un proyecto más amplio para recuperar variedades tradicionales de la provincia de Castellón. El objetivo es preservar la biodiversidad cultivada y proteger productos con valor histórico y cultural, que corren el riesgo de perderse frente a las variedades comerciales. Entre otros cultivos, destaca el calabacín de Nules, reconocido recientemente en un concurso culinario.

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Desde AIAN subrayan que la memoria de los agricultores veteranos resulta fundamental para rescatar estos cultivos. La experiencia acumulada durante generaciones permite recuperar semillas que ya no están en los circuitos habituales y que, sin embargo, pueden ofrecer nuevas oportunidades para una agricultura más sostenible y adaptada al territorio.

La conservación de las semillas tradicionales no es solo una cuestión de nostalgia. Tanto en Asturias como en Nules, estos proyectos demuestran que preservar la diversidad genética es una inversión de futuro. La modernización de los bancos, la colaboración de los agricultores y el reconocimiento internacional como el de Svalbard refuerzan la idea de que las variedades autóctonas tienen un papel que jugar en la agricultura que viene. Mantener vivas estas semillas es, en definitiva, mantener viva la historia y la capacidad de adaptación del campo español.

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