Tras una mala temporada otoñal de setas en buena parte del norte de España, la primavera se asoma con un escenario desigual para los aficionados a la micología. En zonas como La Rioja las expectativas son más bien discretas, mientras que en otras áreas de Castilla y León se respira un cierto optimismo ante lo que podría ser una buena campaña de hongos primaverales.
En este contexto, los buscadores de setas se enfrentan a un reto doble: localizar especies de primavera en un año meteorológicamente irregular y hacerlo de forma segura, sin confundirlas con especies tóxicas. Los marzuelos, perrechicos, senderuelas, colmenillas y otras setas de pradera toman el relevo de los boletus y níscalos, más propios del otoño, y marcan el ritmo de las cestas en estas semanas.
Un otoño flojo y una primavera incierta en el norte peninsular
En La Rioja, los expertos coinciden en que el pasado otoño ha sido de los peores en décadas en cuanto a recolección de setas, principalmente por el calor prolongado y la falta de lluvias en verano. Pese a las borrascas atlánticas que han barrido la península este invierno, no se ha alcanzado el nivel de precipitación ideal para garantizar una primavera especialmente generosa.
Según el Grupo Cultural Micológico Verpa, la campaña primaveral se prevé más bien discreta en esta comunidad. Ha llovido, pero no en exceso, de modo que el suelo mantiene cierta humedad, aunque sin llegar al punto óptimo que favorecería una gran explosión de fructificaciones. La clave, señalan, está en combinar suelos húmedos con temperaturas suaves y ausencia de vientos secos.
En contraste, en zonas de la provincia de Burgos algunos especialistas se muestran mucho más optimistas con la temporada. Se habla incluso de una posible «grandísima» campaña de marzuelos, perrechicos y senderuelas si se mantienen las condiciones actuales: un invierno con lluvia suficiente y un inicio de primavera templado que permite a los micelios desarrollarse sin sobresaltos. Esta situación se asemeja a lo descrito en la campaña micológica en Castilla y León en años con condiciones favorables.
Esta disparidad de previsiones ilustra hasta qué punto la micología depende de factores locales: cantidad de lluvia, tipo de suelo, altitud, orientación de las laderas o la vegetación acompañante. Lo que en una comarca puede ser un año excelente, en otra apenas alcanza para llenar unas pocas cestas.
Las grandes protagonistas: principales setas de primavera
Con la llegada de los días más largos y el retroceso del frío, diversas especies típicamente primaverales comienzan a asomar en praderas, claros de bosque y zonas de montaña. Los boletus u otras setas otoñales ceden el protagonismo a un repertorio diferente, adaptado a estas condiciones más templadas.
Entre las setas más habituales de la estación destacan el Hygrophorus marzuolus (marzuelo), los perrechicos, las senderuelas, las colmenillas, la seta de majada o la seta de cardo, además de algunos champiñones silvestres. Cada una tiene su hábitat, su calendario y sus particularidades culinarias, lo que alimenta el interés de tanto buscadores experimentados como de aficionados que se inician.
Aunque la cantidad total de setas que se recolecta en primavera suele ser, según varios micólogos, aproximadamente un 20% de lo que se recoge en otoño, la riqueza de especies en determinadas zonas compensa en parte esa menor abundancia. En comarcas como el Alto Oja, por ejemplo, la gran diversidad de flora y árboles favorece una buena variedad de hongos, aunque no siempre en grandes cantidades.
La primavera es, además, un buen momento para quienes prefieren salidas más tranquilas al monte, ya que hay menos presión recolectora que en los grandes picos otoñales de boletus y níscalos. Eso sí, el trabajo de búsqueda suele ser más exigente: a menudo hay que caminar mucho para encontrar algunos ejemplares repartidos aquí y allá.
Marzuelo: la seta que abre la temporada
El marzuelo es considerado por muchos como la primera gran seta de primavera, aunque en realidad aparece justo en el tránsito entre el final del invierno y el inicio de la nueva estación. En algunos enclaves de montaña ya se estaba recolectando mientras aún quedaban trufas en los montes, lo que lo convierte en un hongo de transición muy esperado.
Se trata de una especie que puede resultar difícil de localizar. En el norte de España suele crecer entre pinares, hayedos e incluso bajo robles, a menudo en zonas de alta montaña con suelos básicos. Sus ejemplares suelen ser carnosos y a veces brotan en grupos, pero muchas veces permanecen casi ocultos bajo el musgo o parcialmente enterrados.
En sus primeros estadios, el marzuelo puede ser prácticamente blanco y poco llamativo. A medida que el sombrero entra en contacto con el aire, la superficie se va oscureciendo y adquiere tonalidades más grises, lo que complica todavía más su detección a simple vista. Los recolectores con experiencia aprenden a identificar pequeños abultamientos del terreno o cambios en la textura del musgo que delatan su presencia.
Desde el punto de vista gastronómico, quienes lo conocen lo describen como un hongo muy fino en sabor y textura, que no necesita elaboraciones complicadas: salteado con un poco de ajo, revuelto con huevos o acompañado de algo de jamón suele ser suficiente para sacarle partido en la cocina.
Senderuelas y perrechicos: setas de pradera muy apreciadas
La senderuela es una clásica seta de pradera que muchos aficionados esperan cada primavera. Se reconoce porque suele aparecer formando los conocidos «corros de brujas» o en hileras, dibujando círculos o bandas en los pastos. Es de tamaño pequeño, con pie firme y láminas de tono blanquecino.
Esta especie es muy valorada en la cocina, ya que aporta un sabor intenso tanto a sopas como a tortillas. Suele encontrarse en praderas, claros herbosos y campas, a menudo en zonas de montaña o media montaña donde el pasto está bien establecido. La combinación de humedad y temperaturas templadas favorece la aparición de grandes corros.
Los perrechicos, por su parte, son quizá una de las setas primaverales más populares entre los aficionados. Tienen defensores apasionados y también quienes no les encuentran tanto encanto, pero en cualquier caso gozan de gran fama y se consideran una auténtica delicadeza en muchos pueblos.
Son ejemplares carnosos y totalmente comestibles que, cuando se dan las condiciones adecuadas, pueden formar también corros de brujas amplios en praderas de montaña, especialmente sobre suelos calcáreos o básicos. En ocasiones aparecen junto a zarzales y matorrales, por lo que conviene revisar bien los bordes de los prados y las zonas algo más enmarañadas.
Algunos especialistas señalan que en temporadas en las que el invierno no ha sido especialmente frío se adelanta ligeramente la aparición de los primeros perrechicos, que suelen recolectarse sobre todo a lo largo de abril. Los ejemplares jóvenes, firmes y sin daños suelen ser los más apreciados para la cocina.
Colmenillas, setas de majada y otras especies de primavera
Entre las setas primaverales que suscitan más curiosidad se encuentran las colmenillas, inconfundibles por su sombrero lleno de alvéolos irregulares en forma de panal. Son especies relativamente frágiles, con pie consistente y hueco en su interior, de color crema o tonos claros.
Su aparición es a menudo muy irregular e impredecible. Pueden darse en abundancia un año en ciertos puntos de ribera o en pastizales y, al siguiente, apenas dejarse ver. Prefieren los bosques de ribera y los lugares herbosos con buena humedad, aunque no siempre responden de la misma forma incluso cuando el clima parece favorable.
La llamada seta de majada es, en cambio, menos conocida por el gran público y por eso se consume relativamente poco, pese a ser comestible. Se caracteriza por un sombrero amplio, con cutícula lisa y brillante, y una gama de colores que va del ocre al marrón. Suele crecer en zonas de pastos y claros de bosque, por lo que a menudo pasa desapercibida para quienes se centran en las especies más populares.
Otras setas propias de esta época incluyen la seta de cardo y algunos champiñones silvestres, que también pueden encontrarse durante la primavera si las condiciones acompañan. Sin embargo, varios expertos subrayan que, en campañas complicadas, para dar con ellas hay que caminar bastante y peinar bien el terreno, ya que su presencia puede ser más bien puntual.
La combinación de todas estas especies hace que, aunque el volumen total de hongos recolectados sea menor que en otoño, la primavera resulte muy interesante para quienes disfrutan con la variedad y con la observación detallada de hábitats distintos: praderas de montaña, bosques de ribera, claros de hayedo, pastos de altura, etc.
Previsiones: entre la cautela y el optimismo según la zona
La situación de partida para esta primavera es, en palabras de varios micólogos, incierta y muy dependiente de cada comarca. En La Rioja, por ejemplo, se insiste en que el invierno ha sido algo escaso de lluvias para lo que sería deseable, de modo que se espera una campaña más bien «normalita» o incluso floja si no llegan nuevas borrascas acompañadas de temperaturas suaves.
En cambio, en partes de Burgos se habla de condiciones prácticamente ideales de humedad en el campo tras las lluvias de enero y febrero. Algunos expertos consideran que el monte ya no necesita más agua, sino que se airee un poco para permitir que los micelios respiren y fructifiquen con fuerza, tras registrar en algunos puntos acumulados de hasta 700 litros por metro cuadrado en dos meses.
La experiencia reciente recuerda, sin embargo, que la naturaleza no siempre responde a las previsiones humanas. Aunque hubiera motivos para el optimismo en invierno respecto a especies otoñales como cantharellus o lenguas de vaca, estas apenas aparecieron, lo que dejó una campaña muy pobre de esas setas. La micología mantiene así una parte de sorpresa que a muchos les parece parte de su encanto.
En comarcas como el Alto Oja se señala que, aun cuando la primavera representa sólo una pequeña fracción de la producción anual de setas, ya se observan brotes de marzuelos, senderuelas y setas de majada. Allí, más que la cantidad, se valora la riqueza micológica derivada de la diversidad de bosques y de los procesos de reforestación de las últimas décadas.
La sensación general es que, si las lluvias se mantienen de forma moderada y se combinan con temperaturas suaves y ausencia de vientos secos, las próximas semanas pueden ofrecer buenas oportunidades de recolección, aunque probablemente de forma muy desigual según la altitud y la orientación de los terrenos.
Seguridad en el monte: parecidos peligrosos y buenas prácticas
Más allá de la abundancia o escasez de hongos, los especialistas insisten en la importancia de la seguridad en la recolección. La primavera presenta algunos riesgos por la presencia de especies comestibles muy apreciadas que pueden confundirse con otras tóxicas, sobre todo cuando factores como el frío o las heladas alteran sus colores habituales. Por eso, la identificación de setas resulta esencial antes de consumir cualquier ejemplar.
Un ejemplo recurrente es la posible confusión entre la senderuela y la Clitocybe rivulosa, una especie altamente peligrosa. En principio, la senderuela suele mostrar un tono café con leche y la especie tóxica es más bien blanca, pero las bajas temperaturas pueden modificar estos colores y hacerlos menos fiables a simple vista. La Clitocybe rivulosa figura entre las especies que conviene conocer bien.
Por ese motivo, los micólogos recomiendan no basarse únicamente en el color y prestar atención a otras características, como la disposición y el aspecto de las láminas, el tipo de pie, el olor o el hábitat exacto. En caso de duda, la regla más repetida es sencilla: si no se está completamente seguro de la identificación, es mejor no consumir la seta.
También se hace hincapié en respetar los acotados micológicos y las normas locales de recolección, tanto en La Rioja como en Navarra, Burgos u otras zonas con tradición setera. En muchos casos es necesario contar con permisos específicos y respetar cupos diarios, de forma que la afición pueda mantenerse en el tiempo sin degradar el recurso ni el entorno.
Por último, los expertos diferencian entre simples recolectores y verdaderos buscadores de setas: los primeros se limitan a coger lo que ven, mientras que los segundos disfrutan del proceso de rastrear el monte, de observar el ecosistema y de aprender a leer el paisaje. Para muchos, el momento de encontrar una seta que uno lleva tiempo buscando tiene un valor casi emocional.
Experiencias guiadas y educación ambiental en torno al marzuelo
En el Pirineo navarro, algunas iniciativas están apostando por un enfoque más educativo y sostenible de la micología, tomando como protagonista precisamente al marzuelo, una de las setas clave de esta época. Se organizan salidas guiadas en pequeños grupos para buscar Hygrophorus marzuolus en hayedos, pinares y hayedo-abetales cuando la nieve empieza a retirarse.
Estas actividades, dirigidas por micólogos con experiencia en gestión de acotados y educación ambiental, ponen el foco tanto en el aprendizaje de la identificación de la especie como en el respeto por el entorno. Se insiste en la necesidad de llevar los permisos en regla cuando son obligatorios y de realizar una recolección moderada, sin dañar el micelio ni remover en exceso el suelo.
Los organizadores plantean estas rutas como experiencias inmersivas en el bosque al comienzo de la primavera, en las que la seta se convierte casi en la excusa para pasar unas horas de observación y contacto directo con la naturaleza. La recolección, cuando la hay, se entiende como un añadido a esa vivencia más amplia.
Para muchos participantes, este tipo de salidas supone una vía segura de iniciarse en la micología, acompañados por especialistas que resuelven dudas y corrigen errores de identificación. Además, se fomenta una actitud más responsable y consciente en el monte, algo cada vez más necesario dado el aumento de aficionados que salen a por setas cada año.
En conjunto, la temporada de setas de primavera se presenta como un periodo con luces y sombras, marcado por previsiones muy distintas según la región pero también por una oferta creciente de experiencias formativas y por el interés constante que despiertan especies como el marzuelo, los perrechicos, las senderuelas o las colmenillas. Quienes decidan salir al monte encontrarán menos abundancia que en otoño, pero una diversidad de hongos que, con paciencia y respeto por el entorno, puede ofrecer momentos muy satisfactorios tanto para el paladar como para la afición micológica.