¿Qué es el suelo y por qué es importante para las plantas?

El suelo es donde crecen las raíces

Imagen – Wikimedia/MerileyR

El suelo es el medio en el que se desarrollan las raíces de las plantas, y por consiguiente de sus características y propiedades va a depender en gran parte la salud de las mismas. Y es que en el planeta que vivimos hay muchos tipos de tierras, unas son esponjosas y muy ricas en nutrientes, otras están compuestas de poros o granos gruesos que pueden no tener casi valor nutricional pero sí una excelente permeabilidad.

Por ello, es crucial conocer bien el suelo, pues de esta forma podremos cultivar plantas más sanas y fuertes. Así pues, vamos a empezar.

¿Qué es el suelo y cuál es su importancia?

El suelo es importante para las plantas

Si comenzamos por el principio, tenemos que decir que suelo es la capa superficial de la corteza de la Tierra. La parte que pisamos la mayoría de los animales entre los que nos incluimos los humanos, y en la que crecen las raíces de las plantas. Pero además, en casi todas sus capas vamos a encontrar insectos (como las lombrices de tierra o las hormigas) y microorganismos (bacterias, hongos, virus) que habitan en él.

La importancia radica en una verdad que, aunque a priori es desagradable, es lo que permite que el ciclo continúe: todo aquello que está vivo, perece algún día. Y cuando lo hace, todos los nutrientes que contiene son liberados al suelo. Por ejemplo, cuando un árbol cae al suelo, los hongos se alimentarán de su corteza, hasta que pasados unos cuantos años (pueden ser décadas) de ese tronco no quede nada más que esos hongos que se alimentaron de él, los cuales también morirán algún día y nutrirán el suelo. Estos, cuando llueva, podrán quedar disponibles para que las plantas los aprovechen.

Pero además de vida y muerte, hay mucho más en cualquier suelo: agua, aire, rocas. No podemos olvidarnos tampoco de los fenómenos que a veces ocurren (pero por suerte son ocasionales) y que le afectan directamente, como el impacto de un meteorito o de un asteroide. Otros eventos son más frecuentes, sobre todo en el Pacífico, como las erupciones volcánicas.

Cualquier evento de este tipo puede alterar el suelo, y por consiguiente también provocar cambios en la vida de la flora y fauna que lo habita. Por ejemplo, una erupción volcánica puede fácilmente destruir un bosque en pocas horas, unas lluvias torrenciales, de por sí intensas, pueden arrasar con los huertos y jardines si estos no tienen una salida para el agua.

Hay cosas que no se pueden evitar. Es decir, aunque hoy en día por ejemplo podemos calcular el recorrido que va a seguir un meteorito, más o menos cuándo va a erupcionar un volcán, o cuáles son las zonas de riesgo de sufrir inundaciones, realmente el ser humano no puede luchar contra la naturaleza. Se tiene que adaptar, al igual que el resto de seres vivos.

Las plantas lo llevan haciendo desde sus inicios, hace más de 300 millones de años, y lo seguirán haciendo hasta que el Sol se »trague» a la Tierra, dentro de unos 5 mil millones de años, sino se extinguen antes, claro.

¿Cuál es la composición del suelo?

Para saber más del suelo hay que saber que tiene se compone de distintas capas que conviene conocer si queremos saber más sobre la forma de vida de las plantas:

  • Primera capa de materia orgánica, básicamente mantillo y hojas, ramas, etc.
  • Superficie del suelo, es rica en humus. Su color es más oscuro que el de la capa anterior.
  • El subsuelo se encuentra más abajo, y tiene menos cantidad de humus por lo que su color es algo más claro. Las raíces de las plantas crecen hasta aquí.
  • Roca madre, que es básicamente fragmentos de rocas carentes de nutrientes.

Además de lo comentado anteriormente: aire y agua. Estos ocupan el espacio que queda entre los poros, o si se quiere granitos, del suelo. Cuanto más pequeños sean estos poros, más compacto será y por lo tanto más dificultades tendrán las plantas, ya que por una parte si permanecen mucho tiempo secos, luego les costará más absorber el agua; y por otro lado, si permanecen demasiados días húmedos o encharcados, las raíces se pudrirán.

Por otro lado, si esos poros son grandes, será un suelo muy ligero que no retendrá mucho tiempo el agua. Esto para algunas plantas es lo ideal, como las que viven en las regiones áridas o semi-áridas (agaves, áloes arbóreos, etc.), pero no para las de bosque o selva (anturio, arces, etc.).

¿Qué tipos de suelo hay?

Dependiendo del tipo de suelo puede ser más o menos rico

El suelo no es igual en todas las partes del mundo. Por suerte, hay notables diferencias entre el que tengo en mi jardín en el sur de Mallorca, y el que puedes tener tú en el norte de la península ibérica. Además, dentro de una misma provincia, incluso dentro del mismo barrio, no hay dos suelos iguales.

Para que te hagas una idea, el que yo tengo es arcilloso, de color marrón y es vulnerable a la erosión pues llueve muy poco y el grado de insolación es alto. Pero el que hay en el norte de la isla es más oscuro, ya que llueve más, hay muchas más plantas (están los bosques de la Sierra de Tramuntana, por ejemplo), y por consiguiente hay más materia orgánica que al descomponerse nutre la tierra.

Así, los suelos se clasifican según su estructura:

  • Suelos arenosos: son muy permeables, y por consiguiente, casi no tienen nutrientes ya que el agua los arrastra. Contienen básicamente arena. Más información.
  • Suelos limosos: estos tienen sobre todo limo. Se caracterizan por tener sedimentos muy finos que han sido llevados por los ríos o el viento. Son además compactos, pero no demasiado, y de color marrón oscuro.
  • Suelos calizos: son los que contienen gran cantidad de sales calcáreas. Pueden ser de color marrón claro o blanco dependiendo de la frecuencia e intensidad de las precipitaciones. Más información.
  • Suelos arcillosos: están compuestos de granos de color marrón o marrón-rojizo. Tienen mucha arcilla, por lo que cuando llueve mucho se suelen formar charcos.
  • Suelos pedregosos: como su nombre indica, son suelos formados por piedras y rocas. No retienen agua, a menos que haya algún hueco, por lo que son pocas plantas crecen en ellos (si se comparan con las que crecen en otro tipo de suelo).
  • Tierra negra: conocida como suelo humífero. Es la mejor para cultivar ya que contiene gran cantidad de materia orgánica, absorbe el agua pero también la filtra, y permite u  buen crecimiento de las raíces.

Y también se pueden clasificar según su pH, es decir, según su grado de acidez/alcalinidad:

  • Suelos ácidos: son aquellos que tienen un pH inferior a 7. Su color suele ser el marrón-rojizo, y aunque las plantas pueden encontrar todos los micronutrientes que necesitan, como el hierro, el manganeso, o el cloro, no siempre van a conseguir nitrógeno, fósforo, potasio o calcio, bien porque no pueden absorberlos o porque no se encuentran en esa tierra.
  • Suelos neutros: son aquellos con un pH entre 7 y 7.5. Suelen tener todos los nutrientes que necesitan la mayoría de las plantas.
  • Suelos básicos: también llamados suelos alcalinos. Son aquellos que tienen un pH superior a 7.5. El inconveniente principal que tienen es la presencia de gran cantidad de carbonato cálcico, que puede impedirles a las raíces obtener los nutrientes que precisan.

Por lo tanto, un suelo puede ser arcilloso y además neutro; o arenoso y básico.

Además, dependiendo del pH del suelo en el que crezcan las plantas, distinguimos:

  • Plantas ácidas, que son aquellas que crecen en tierras con un pH inferior a 6.5, como los arces japoneses, las camelias o las hortensias, entre otras. Más información.
  • Plantas neutrófilas, que son las que crecen en tierras neutras, como los Ficus, Citrus o los Prunus.
  • Plantas alcalinas que son las que por el contrario lo hacen en tierras cuyo pH es de 7 o superior, como el Pinus halepensis, Rhamnus alaternus u Olea europaea.

Pero esto no significa que solo puedan crecer en tierras con ese pH. De hecho, muchas plantas alcalinas viven bien en suelos neutros, y viceversa también. Las ácidas sí son más delicadas, ya que cuando se plantan en suelos con un pH alto enseguida muestran síntomas de clorosis (amarilleo de las hojas, dejando los nervios de color verdoso).

Dependiendo de las características químicas del suelo, existen:

  • Plantas calcófilas, que crecen en tierras con un alto porcentaje de caliza.
  • Plantas calcífugas que son las que encontraremos en tierras cuyo nivel de calcio sea bajo.
  • Plantas gipsófilas, que viven en suelos en los que predomina el yeso.
  • Plantas nitrófilas, que se desarrollan únicamente en suelos con porcentajes altos de nitrógeno y nitratos.
  • Plantas silicícolas, propias de las tierras con gran cantidad de sílice.
  • Plantas halófilas, que crecen en suelos muy ricos en sales. Más información.
  • Plantas metalófilas o metalófitas, que pueden crecer en suelos ricos en metales pesados tales como el plomo o el níquel.

¿Cómo subir o bajar el pH de un suelo?

El pH puede ser ácido, neutro o acalino

Imagen – experimentoscientificos.es

Centrándonos un poco más en el uso del suelo en la agricultura y jardinería, vamos a ver cómo podemos cambiar el pH de la tierra si queremos cultivar un tipo de plantas determinado. Pero, antes de nada, tenemos que saber cuál es el pH que tiene, y para ello podremos utilizar un medidor digital de pH (en venta aquí). Este se inserta en la tierra y, automáticamente, no dirá cuál es.

Pero también se puede hacer de forma casera, de la siguiente manera:

  1. Lo primero es coger varias muestras de tierra del área donde van a estar las plantas, pero no de la superficie, sino de más hacia el interior. Lo que se hace es dividir esa zona en cuadrículas o líneas diagonales, y coger las muestras de distintos puntos a una profundidad de 10 centímetros si lo que quieres es cultivar plantas pequeñas (verduras, hortalizas, herbáceas de flor ornamental), y de 40 centímetros si lo que quieres es tener árboles, arbustos y/o palmeras.
  2. Después, se introducen las muestras cada una en un recipiente y se echa agua destilada. La proporción ha de ser 1:1, por ejemplo, 200 gramos de tierra mezclado con 200 ml de agua destilada. Luego, se remueve bien hasta que se forme una pasta.
  3. Pasadas 1-2 horas, se inserta una tira de pH (como estas) para saber cuál tiene. En el caso de que no te convenza el resultado, no dudes en volver a tomar muestras.

¿Qué hacer para subir el pH de la tierra?

Si el suelo que tenemos es ácido y queremos que sea neutro, lo que hay que echarle es caliza molida. Una buena capa, de unos diez centímetros de grosor, mezclada bien con la tierra de la zona. Pero es importante que tengas en cuenta que solo con esto no basta.

Hay que tomar muestras de vez en cuando para asegurarte de que no vuelve a bajar el pH, y además es aconsejable que a la hora de plantar se mezcle la tierra que se extrae del agujero de plantación con sustratos comerciales con un pH alto, de 6.5 o superior.

¿Cómo bajar el pH de la tierra?

Bajarlo es más difícil. Normalmente las regiones donde hay tierra alcalina hay también un agua que se utiliza para regar cuyo pH es alto, que es lo que ocurre en muchas partes del mediterráneo por ejemplo. Por lo tanto, hay que realizar unas cuantas tareas:

La primera está relacionada con la tierra. Para bajar su pH hay que echarle varias veces al año sustratos cuyo pH sea bajo, como la turba rubia (en venta aquí) o la fibra de coco (en venta aquí), y mezclarlo bien. Asimismo, a la hora de plantar, se hará un agujero grande -de 1 x 1 metro es lo mejor-  y se rellenará con sustratos ácidos (como este).

Por otro lado, hay que comprobar el pH del agua que se utiliza para regar, con tiras de pH o un medidor. Si es superior a 6.5, habrá que bajarlo mezclándola con el zumo de un limón o con vinagre. La cantidad a echar dependerá de lo alto que sea el pH, pero para que te hagas una idea: si es de 8, llena una botella de 1,5 litros de agua y mézclala con el zumo de medio limón. Mezcla, y si ves que sigue siendo alto, échale más zumo de limón.

El drenaje del suelo

Un suelo puede tener mal o buen drenaje

Imagen – Flickr/Prefectura de la Provincia del Guayas

El drenaje es otro tema del que no quería dejar de hablarte. Y es que muchas plantas lo pasan mal cuando se cultivan en tierras compactas. Pero, ¿qué es exactamente el drenaje? Se puede decir que es la facilidad que tiene un suelo de absorber y filtrar el agua.

Por ejemplo, si tras una lluvia torrencial se inunda el solar con 60 centímetros de agua, y se forman charcos que permanecen varios días, esa tierra muy mal drenaje; pero si por el contrario dura unas horas, entonces sería bueno.

¿Cómo saber si un suelo tiene buen drenaje?

Una manera fácil y rápida de saberlo es haciendo un agujero y llenándolo de agua. Si el drenaje es bueno, veremos que el agua se empieza a filtrar desde el primer momento que la echamos, y además lo hace a buen ritmo.

¿Cómo mejorar el drenaje de la tierra?

Hay varias formas de mejorarlo:

  • Instala un sistema de tuberías y bombas de drenaje.
  • Haz algún pozo o canal. Puedes incluso poner tubos de recogida de agua que la dirijan hasta él, y así poder tener agua de lluvia para regar cuando sea necesario.
  • A la hora de hacer el agujero para plantar, hazlo grande, de 1 x 1m, para echarle una capa gruesa (unos 30-40cm) de greda volcánica o gravilla, y luego mezcla turba con un poco de perlita.
Artículo relacionado:
Sistemas para mejorar el drenaje del suelo

Como ves, el suelo es muy importante para las plantas. Conocer el que tenemos nos va a ayudar a cultivar un jardín y/o huerto preciosos.


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