València convierte su huerta en banco de pruebas de fertilizantes circulares para regenerar el suelo agrícola

  • València lidera un Living Lab europeo que prueba fertilizantes circulares elaborados con residuos orgánicos.
  • Los ensayos se centran en mejorar la calidad del suelo y reducir la dependencia de abonos minerales.
  • El proyecto BioSoilutions implica a agricultores, estudiantes, empresas y centros de investigación.
  • Murcia y Bélgica completan la red de laboratorios vivos que impulsan la economía circular en fertilización.

fertilizantes circulares en agricultura

La huerta valenciana se ha transformado en un auténtico escenario de pruebas para fertilizantes circulares diseñados a partir de residuos orgánicos. En pleno corazón del área metropolitana, parcelas agrícolas tradicionales conviven estos meses con ensayos técnicos que buscan demostrar que es posible nutrir el suelo reutilizando subproductos que, hasta hace poco, se consideraban simplemente desechos.

Este trabajo se enmarca en el proyecto europeo BioSoilutions, en el que València participa desde hace varios años a través de València Innovation Capital. Bajo este paraguas, la ciudad actúa como un Living Lab o laboratorio vivo agrario, en el que se experimenta sobre el terreno cómo responder a un problema que preocupa cada vez más al sector: la degradación progresiva del suelo agrícola y la necesidad de avanzar hacia una fertilización más sostenible y circular.

València, Living Lab europeo de fertilizantes circulares

En este Living Lab, la huerta periurbana se utiliza como zona demostrativa a escala real, donde se comparan tratamientos y se observan efectos sobre cultivos y suelos. La idea es sencilla, pero ambiciosa: comprobar si los fertilizantes circulares desarrollados en el marco de BioSoilutions son capaces de mejorar la calidad del suelo y mantener la productividad, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental asociado a los abonos convencionales.

La concejalía de Innovación del Ayuntamiento de València, a través de su participación en el proyecto, impulsa un modelo en el que agricultores, técnicos y científicos comparten información de manera continua. El distrito agrícola tradicional se convierte así en un espacio donde se prueban soluciones que, si funcionan, podrán replicarse en otras comarcas españolas y europeas con problemáticas similares de pérdida de fertilidad y erosión.

Según ha explicado la responsable municipal del área, Paula Llobet, BioSoilutions se plantea como una apuesta firme por alinear las políticas locales con los objetivos europeos en materia de sostenibilidad y protección del suelo. La lucha contra la degradación y la mejora de la estructura edáfica se abordan, en este caso, no solo con normativa, sino con innovación aplicada directamente sobre las fincas.

El enfoque de Living Lab permite, además, que las decisiones no se tomen únicamente desde los despachos. En cada campaña se recogen observaciones de quienes trabajan día a día la tierra, se contrastan con los resultados medidos por los equipos de investigación y se ajustan las formulaciones de los fertilizantes circulares para adaptarlas a las condiciones reales de la huerta valenciana.

ensayos de fertilizantes circulares

Residuos orgánicos que se convierten en fertilizantes circulares

Uno de los pilares del proyecto es la valorización de residuos orgánicos locales. BioSoilutions trabaja con corrientes que ya existen en el entorno de València y que, al ser tratadas y formuladas adecuadamente, se transforman en productos fertilizantes capaces de aportar nutrientes y materia orgánica al suelo.

Entre los materiales de partida destaca la sangre animal procedente del matadero de Mercavalencia, un subproducto de la industria cárnica que, mediante procesos de tratamiento, puede convertirse en fuente de nitrógeno de liberación progresiva. También se emplea frass de mosca (las deyecciones generadas en instalaciones de insectos), que aporta tanto nutrientes como microorganismos y compuestos orgánicos de interés agronómico.

Junto a estos residuos se están utilizando dos sales cristalinas, N-estruvita y K-estruvita, recuperadas de las aguas de lavado de la industria de la patata. Estas estruvitas concentran nutrientes clave como el fósforo, el nitrógeno y el potasio, elementos básicos para el crecimiento vegetal y cuya recuperación encaja de lleno en los principios de la economía circular, evitando que terminen vertidos o desaprovechados.

A partir de la combinación y el procesado de estos componentes se formulan fertilizantes mejoradores del suelo específicamente orientados a cultivos típicos de la huerta. El objetivo no es solo aportar nutrientes, sino también incrementar la materia orgánica y mejorar la estructura del terreno, de forma que aumente su capacidad de retener agua, se reduzca la compactación y se favorezca una mayor actividad biológica en el perfil del suelo.

Los ensayos realizados hasta ahora se centran en observar cómo responden los cultivos a medio plazo, qué impacto tienen estos productos sobre parámetros como la capacidad de intercambio catiónico, la porosidad y la estabilidad de los agregados y cómo se comportan en comparación con prácticas fertilizantes más convencionales basadas en abonos de síntesis.

La huerta como aula al aire libre: formación y cocreación

Además de la parte estrictamente técnica, BioSoilutions incorpora una dimensión formativa importante, en la que se busca que el conocimiento generado en el proyecto se integre en la educación agraria y llegue a quienes serán los profesionales del campo en los próximos años interesados en el huerto circular.

En ese contexto, el alumnado del IES La Garrigosa de Meliana, que cursa el Ciclo Medio de Producción Agroecológica, ha participado en talleres prácticos de testeo de fertilizantes circulares en parcelas reales de la huerta. El estudiantado ha podido seguir todo el proceso, desde la explicación de los materiales de origen hasta la aplicación de los productos y la evaluación inicial de resultados sobre los cultivos.

Durante estas jornadas, el grupo ha recibido explicaciones tanto de personal de València Innovation Capital como de representantes de la Sociedad de Agricultores de la Vega (SAV), entidad que coordina el proyecto a nivel europeo, y del agricultor ecológico Quico Espinosa, que aporta la visión de quien conoce de primera mano las particularidades de trabajar en la huerta valenciana.

La implicación del alumnado no se limita a una demostración puntual. La idea es que estos talleres sirvan para fomentar la cocreación de soluciones, recogiendo opiniones y dudas de los futuros agricultores. De esta forma, se pretende que los fertilizantes circulares que salgan de BioSoilutions sean productos utilizables en explotación, adaptados a las necesidades concretas de riego, manejo y rotación de cultivos que se encuentran en el terreno.

Para muchos de estos estudiantes, la experiencia supone también una primera toma de contacto con el concepto de economía circular aplicada a la fertilización, más allá de las explicaciones teóricas del aula. Ver sobre el terreno cómo un residuo de la industria alimentaria se transforma en un insumo que puede alimentar al suelo ayuda a entender mejor los retos y oportunidades del cambio de modelo.

Alianzas entre agricultores, empresas y centros de investigación

BioSoilutions se caracteriza por agrupar a una amplia variedad de actores vinculados a la cadena de valor agrícola. En los espacios de trabajo generados por el proyecto participan agricultores, cooperativas y empresas del sector primario, junto a centros de investigación, startups innovadoras, industria de fertilizantes y representantes del ámbito educativo.

Estas alianzas permiten que la información fluya en ambas direcciones: por un lado, los científicos y técnicos trasladan resultados sobre rendimientos, indicadores de salud del suelo y comportamiento de los nutrientes; por otro, los productores aportan su experiencia en manejo de riego, plazos de trabajo, limitaciones de maquinaria y otras cuestiones muy prácticas que condicionan la adopción real de cualquier nueva tecnología fertilizante.

La industria de fertilizantes también forma parte de este engranaje, interesada en explorar nuevas formulaciones con base en recursos locales que se ajusten a los objetivos europeos de reducción de emisiones y dependencia de materias primas importadas. El proyecto abre así un espacio para analizar posibles líneas de desarrollo de productos comerciales basados en el concepto de fertilizantes circulares.

Asimismo, la dimensión municipal y regional tiene un papel destacado, ya que las administraciones deben integrar los aprendizajes generados en el proyecto con normativas sobre gestión de residuos y protección de suelos. Las experiencias recogidas en València pueden resultar útiles a la hora de diseñar incentivos, planes de ayuda o marcos regulatorios que favorezcan el uso de fertilizantes de origen circular frente a alternativas más intensivas en recursos fósiles.

Este enfoque colaborativo refuerza la idea de que la transición hacia una fertilización más sostenible no depende de un único actor. La coordinación entre campo, industria y administración aparece como condición necesaria para que los fertilizantes circulares dejen de ser una experiencia piloto y pasen a integrarse de forma estable en los sistemas agrícolas europeos.

Proyección europea: laboratorios vivos también en Murcia y Bélgica

Aunque la huerta valenciana actúa como imagen visible del proyecto, BioSoilutions tiene una clara dimensión europea. Junto al Living Lab de València se han puesto en marcha otros dos laboratorios vivos que operan en Murcia y Bélgica, extendiendo la experimentación a contextos agronómicos y climáticos diferentes.

La presencia de un Living Lab en Murcia permite testar estos fertilizantes circulares en sistemas de regadío con condiciones semiáridas, donde la presión sobre el recurso hídrico y la salinización de suelos plantean retos específicos. Analizar cómo se comportan los productos en cultivos típicos de la región ayuda a determinar su versatilidad y a ajustar las dosis para situaciones de escasez de agua y altas temperaturas.

En el caso de Bélgica, el laboratorio vivo trabaja en un entorno con clima templado húmedo y rotaciones de cultivos diferenciadas, lo que amplía el abanico de pruebas. Allí, los ensayos ponen el acento en aspectos como el riesgo de lixiviación de nutrientes y la adaptación a unas normativas muy exigentes en materia de nitratos, dos factores clave a la hora de validar los fertilizantes circulares en el contexto de la Unión Europea.

El intercambio de datos entre los tres Living Labs facilita comparar cómo influyen el clima, el tipo de suelo y el modelo de explotación en la eficacia agronómica de los fertilizantes. Así, resultados obtenidos en la huerta valenciana pueden complementarse con los de otras zonas, contribuyendo a definir recomendaciones de uso que tengan en cuenta la diversidad de condiciones que se encuentran en el territorio europeo.

Además, la red de laboratorios vivos sirve como plataforma para que equipos técnicos, empresas y agricultores de distintos países compartan experiencias sobre el aprovechamiento de residuos orgánicos y la innovación en fertilización circular. De este modo, BioSoilutions se posiciona como un proyecto que va más allá del ámbito local y que aspira a influir en la forma en que se concibe la nutrición de cultivos en Europa durante los próximos años.

Con este tipo de iniciativas, la fertilización deja de basarse únicamente en productos de síntesis y se abre a la posibilidad de incorporar insumos procedentes de cadenas alimentarias y ganaderas ya existentes, siempre que se demuestre su seguridad, eficacia y compatibilidad con las exigencias ambientales. La experiencia de València, Murcia y Bélgica apunta a que los fertilizantes circulares pueden convertirse en una herramienta relevante para regenerar suelos, cerrar ciclos de nutrientes y disminuir la dependencia de materias primas externas en los sistemas agrícolas europeos.

Biorresiduos pieza clave para la bioeconomía circular.
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