La verbena es de esas plantas que lo tienen casi todo: una floración larga y vistosa, un aroma inconfundible y, en muchas especies, un interesante arsenal de propiedades medicinales. Desde antiguos rituales sagrados hasta los parterres más modernos, esta planta ha sabido ganarse un hueco en jardines, balcones y huertos de medio mundo.
Dentro del nombre verbena se esconde, en realidad, un grupo diverso de especies y variedades que pueden ser anuales o perennes, rastreras o altas, decorativas o medicinales. Algunas son perfectas para tapizar el suelo con una alfombra de color; otras, como Verbena officinalis o la verbena de limón, se usan en infusión para relajarse, mejorar la digestión o cuidar la piel. Vamos a verlas con calma porque esta planta da mucho de sí.
Taxonomía, origen y panorama general del género Verbena
Botánicamente hablando, la verbena pertenece al reino Plantae, división Magnoliophyta (plantas con flor), clase Magnoliopsida, orden Lamiales y familia Verbenaceae. Dentro de esta familia se incluyen también otros géneros ornamentales conocidos, como Lantana o Duranta, pero cuando hablamos de “verbena” en sentido estricto nos referimos al género Verbena.
El género Verbena agrupa aproximadamente unas 100 especies aceptadas, aunque si ampliamos el foco a toda la familia Verbenaceae se superan con creces las 1.000 especies. Muchas de las verbenas cultivadas en jardinería proceden de América Central y del Sur, mientras que otras, como Verbena officinalis, son nativas de Europa y regiones templadas de Asia y África.
En su hábitat natural, las verbenas suelen aparecer en lugares abiertos y soleados: praderas, cunetas, terrenos baldíos, márgenes de caminos o zonas pedregosas. Esto ya nos da una pista importante: son plantas que, en general, agradecen muy buena luz y suelos con drenaje excelente, sin encharcamientos prolongados.
La especie más clásica desde el punto de vista medicinal es Verbena officinalis, conocida como verbena común o hierba sagrada. Fue descrita por Linneo en 1753 en su célebre «Species Plantarum» y ha acompañado a la humanidad desde hace siglos como planta ritual y remedio casero. En el lado más ornamental brilla con fuerza la Verbena x hybrida, híbrido hortícola de porte rastrero y espectacular floración, y la altísima Verbena bonariensis, ideal para jardines de estilo naturalista.
Verbena officinalis: la hierba sagrada y medicinal
Verbena officinalis, la verbena común o hierba sagrada, es una planta herbácea perenne que suele aparecer en terrenos algo alterados y ricos en nitrógeno, como cunetas o márgenes de cultivos. Puede alcanzar alrededor de 1 metro de altura o algo más, y se caracteriza por un porte erguido, con tallos cuadrados y muy ramificados que muestran dos surcos longitudinales bien marcados.
Sus hojas son opuestas, pecioladas y bastante ásperas al tacto, generalmente pinnadas o con lóbulos profundos, de forma lanceolada. Las flores, pequeñas y sentadas (sésiles), se disponen en espigas delgadas y paniculadas, tanto en posiciones terminales como en las axilas de las hojas. Presentan una corola en forma de embudo y tonalidades que van del azul violáceo al lila pálido.
El fruto de la verbena común es una cápsula seca que, al madurar, se divide en cuatro pequeños segmentos que contienen sendas semillas, método con el cual la planta se reproduce de forma muy eficaz. Además, puede extenderse mediante raíces, por lo que no es raro que se naturalice y reaparezca año tras año en el mismo lugar.
Verbena officinalis se distribuye ampliamente por Europa, Asia, África y América, donde se ha naturalizado fuera de su área original. Prefiere suelos algo frescos pero bien drenados, con cierto contenido en nitrógeno, y aguanta muy bien en bordes de camino y terrenos incultos con algo de humedad.
Usos tradicionales y simbolismo de Verbena officinalis
La verbena común ha sido considerada durante siglos una planta sagrada y protectora. En el noreste de Europa se le atribuían propiedades mágicas para ahuyentar enfermedades de origen «demoníaco», males de ojo o incluso vampiros. Se colgaban matas de verbena en puertas y camas para mantener a raya a los malos espíritus, y en algunos lugares los recién casados solían llevar ramitos ocultos de verbena como amuleto de buena fortuna.
Los celtas, por su parte, la asociaban al muérdago y los druidas la empleaban en rituales adivinatorios. En la antigua Roma, las ramas de verbena se usaban para purificar altares y templos, y los heraldos que acudían a negociar la paz con el enemigo portaban un ramo de verbena como señal de reconciliación. No es casual que el nombre latino «verbena» hiciera referencia originariamente a hierbas consagradas empleadas en ceremonias.
Desde el punto de vista etimológico, el término Verbena deriva del latín «verbēnaca» o «verbena», ya mencionado por autores clásicos como Plinio el Viejo. El epíteto específico officinalis indica su uso en «oficinas de farmacia» o herbolarios, es decir, hace referencia directa a sus propiedades medicinales.
Principios activos y propiedades medicinales
Como planta medicinal se emplea la parte aérea desecada, fundamentalmente hojas y flores, aunque en menor medida también la raíz. Su principal principio activo es un heterósido iridoide denominado verbenalósido, que ejerce una acción estimulante sobre el sistema nervioso parasimpático. Por hidrólisis se transforma en compuestos relacionados como verbenalol, verbenalina, verbenanina y hastatósido.
La composición de la verbena es compleja: contiene mucílagos, glucósidos, aceite esencial (con citral, diversos terpenos y alcoholes terpénicos como el geraniol), además de saponinas, ácido silícico, ácido cafeico, taninos y principios amargos. Esta mezcla de sustancias explica la variedad de efectos que se le atribuyen en fitoterapia tradicional.
Entre sus principales propiedades farmacológicas se describen efectos sedantes ligeros, actividad neuroprotectora, acción astringente, antiinflamatoria, antiespasmódica, hipnótica suave y cierto poder galactogogo. Diversos preparados de verbena se han empleado históricamente para tratar nerviosismo, insomnio, migrañas, trastornos digestivos, congestión respiratoria y problemas reumáticos, entre otros.
El extracto acuoso de Verbena officinalis ha mostrado, en investigaciones experimentales, efectos neuroprotectores frente a procesos similares a la enfermedad de Alzheimer. Los taninos confieren efecto astringente y hemostático, útil para frenar diarreas leves y favorecer la coagulación superficial en pequeñas heridas. Los mucílagos calman la irritación y se usan como demulcentes en piel y mucosas inflamadas.
En el ámbito digestivo, la verbena estimula la producción de jugos gástricos y se ha empleado como coadyuvante en dispepsias y trastornos biliares. No obstante, en dosis altas puede llegar a provocar vómitos, por lo que conviene no pasarse con la cantidad. También se ha utilizado para favorecer la diuresis, aliviar edemas y apoyar la convalecencia tras enfermedades infecciosas agudas.
Usos ginecológicos, acción sobre el sistema nervioso y precauciones
Uno de los usos tradicionales más conocidos de la verbena es como galactogogo moderado, es decir, planta que ayuda a incrementar la producción de leche materna. Algunos de estos efectos se han atribuido a la presencia de aucubina. También se han empleado extractos del fruto para aliviar dismenorreas (reglas dolorosas) y problemas menstruales.
Desde el punto de vista farmacológico, los iridoides de Verbena officinalis muestran una acción parasimpaticomimética ligera, con efectos como la contracción uterina suave, aumento del peristaltismo intestinal y reducción de la frecuencia y fuerza del latido cardiaco. La verbenalina, en particular, ha sido descrita como estimulante uterino y con una actividad simpática algo compleja: a dosis bajas actuaría como agonista en terminaciones simpáticas y a dosis altas ejercería un efecto antagonista.
En el sistema nervioso central, la verbena se considera un sedante leve, con cierto efecto hipnótico que puede ayudar a conciliar el sueño cuando el insomnio está asociado a estados de nerviosismo o ansiedad moderada. También se ha utilizado tradicionalmente contra migrañas y neuralgias por su efecto calmante.
No obstante, a dosis elevadas la verbenalina puede llegar a producir parálisis del sistema nervioso central, con aparición de estupor y convulsiones en experimentación animal. Además, los extractos de verbena parecen tener una acción hipotiroidea (disminuyen la actividad del tiroides), por lo que podrían interferir con determinadas hormonas o tratamientos.
Por todo ello, el uso de verbena está desaconsejado en mujeres embarazadas, ya que el verbenalósido y sus derivados pueden ejercer una acción uterotónica que altere las contracciones fisiológicas del parto. Como siempre con plantas medicinales de cierto potencial farmacológico, es prudente evitar el consumo descontrolado y consultar con un profesional sanitario.
Verbenas ornamentales: color, aroma y diversidad
Más allá de la clásica verbena medicinal, en jardinería se cultivan numerosas verbenas ornamentales por su floración espectacular y su facilidad de cultivo. Aquí entran en juego especies como Verbena bonariensis, Verbena rigida, Verbena peruviana, Verbena hastata y, sobre todo, la popular Verbena x hybrida, que agrupa un sinfín de variedades y colores.
Las verbenas pueden ser perennes o anuales, herbáceas o semi-leñosas, con portes muy variados: desde tapizantes rastreras que apenas superan los 20-25 cm, hasta plantas altas que pueden alcanzar entre 1,50 y 2 metros de altura. En general, presentan tallos erectos, bastante ramificados y de sección cuadrangular, que dan a la planta un aspecto ligero y aireado, perfecto para dar verticalidad y volumen a los parterres.
Las flores de verbena tienen una estructura bastante característica: poseen cinco pétalos soldados formando un tubo, dentro del cual se alojan cuatro estambres y el pistilo. Suelen ser flores pequeñas, muchas veces de apenas 5-6 mm de diámetro, pero se agrupan en inflorescencias densas que crean auténticas nubes de color.
En cuanto a colorido, las especies perennes como Verbena bonariensis y Verbena hastata ofrecen gamas suaves en tonos malva o lavanda, ideales para jardines de estilo naturalista. En cambio, las verbenas híbridas y anuales despliegan una paleta intensa y muy viva: rojos, rosas, blancos, violetas, azules y hasta naranjas, con numerosas variedades bicolores.
Las hojas suelen ser simples, de color verde intenso, con forma oblongo-lanceolada u ovalada y borde dentado. Se disponen de forma opuesta a lo largo del tallo, lo que contribuye a ese aspecto compacto en las variedades más bajas. En algunas especies y cultivares, el follaje puede desprender un agradable aroma al rozarlo, especialmente en la llamada verbena de limón.
Verbena x hybrida o Verbena hortensis
La Verbena x hybrida, también conocida como verbena hortensis, es uno de los grandes clásicos en jardinería. Se trata de un híbrido hortícola, con origen en cruces entre Verbena peruviana y otras especies del género. Es una planta de porte rastrero y muy ramificado, con tallos cuadrangulares que rara vez superan los 25-30 cm de altura.
Sus hojas, opuestas y oblongo-lanceoladas, presentan el borde irregularmente dentado, y lo más llamativo son sus numerosas flores, reunidas en umbelas planas extremadamente decorativas. Esta verbena florece, sobre todo, en verano, formando un tapiz de color muy llamativo en jardineras, macizos o borduras.
Dentro de Verbena x hybrida se diferencian dos grandes grupos: las de porte erguido, que pueden alcanzar los 30-50 cm, y las de porte postrado, más bajas (20-25 cm) y perfectas como tapizantes. Sus flores abarcan prácticamente todos los colores: blanco, rojo, rosa, azul, púrpura, etc., con variedades monocolores y bicolores. Curiosamente, las flores blancas suelen ser las más perfumadas.
Estas verbenas híbridas se utilizan muchísimo para cubrir el suelo en poco tiempo: con 3-5 plantas por metro cuadrado se consigue un efecto de manto floral en pocas semanas. También son muy populares en macetas colgantes, jardineras de balcón y cestas, donde sus tallos pueden caer en forma de cortina florída realmente vistosa.
Aunque la Verbena x hybrida es perenne en climas benignos, en zonas con inviernos fríos suele cultivarse como anual, renovándola cada año porque tiende a envejecer pronto. Lo habitual es que, a los 3-4 años, convenga reponerla para mantener plantas vigorosas y floraciones abundantes.
Verbena bonariensis: ligereza y estilo naturalista
La Verbena bonariensis, también llamada verbena de Buenos Aires o «verveine de Buenos Aires», es una herbácea vigorosa de porte alto, que puede alcanzar hasta 1,50 m de altura y cerca de 1 m de anchura. Aunque al principio es más bien blanda y herbácea, con el tiempo la base de los tallos se lignifica ligeramente.
Produce numerosas inflorescencias terminales formadas por pequeñas flores tubulares de color lavanda o malva, agrupadas en «cabezuelas» al final de tallos delgados de sección cuadrada. Las hojas son algo ásperas, de forma oval o lanceolada, con los bordes dentados. Toda la planta tiene una textura algo rugosa al tacto.
Florece desde pleno verano hasta la llegada de las heladas, proporcionando color y movimiento al jardín durante muchos meses. Visualmente es muy ligera: permite ver a través de sus tallos, por lo que combina de maravilla con gramíneas ornamentales y otras vivaces en diseños de estilo pradera.
Esta especie es originaria de la Sudamérica tropical (Colombia, Argentina, Brasil, etc.) y se ha popularizado enormemente en Europa como planta para jardines naturalistas. Tolera bastante bien la sequía, siempre que el suelo esté bien drenado, y agradece un emplazamiento a pleno sol en regiones de clima templado.
Requiere un sustrato fértil, suelto y bien drenado. No soporta bien las heladas fuertes, por lo que conviene acolchar la base de la planta en invierno en zonas frías. La eliminación regular de las espigas secas ayuda a prolongar la floración, aunque si se dejan algunas puede resembrarse espontáneamente y naturalizarse con facilidad.
Otros tipos de verbenas
Además de las anteriores, el género Verbena ofrece varias especies interesantes tanto desde el punto de vista ornamental como medicinal. Por ejemplo, Verbena peruviana destaca por su resistencia y sencillez de cultivo; sus flores de colores intensos la convierten en una magnífica opción para crear macizos vibrantes en distintos climas.
La Verbena hastata se reconoce por sus inflorescencias en espiga, repletas de pequeñas flores violetas o lavanda, y por su buena tolerancia a condiciones climáticas algo extremas. Es una perenne interesante para zonas algo húmedas, donde puede aportar verticalidad y color suave.
Por otro lado, se mencionan también especies como Verbena brasiliensis, Verbena rigida, Verbena supina y la propia Verbena officinalis dentro de la familia de verbenas cultivadas. Cada una presenta matices en porte, rusticidad y floración, pero comparten en mayor o menor medida esa combinación de resistencia, capacidad de floración prolongada y facilidad de cultivo que hace tan apreciado al grupo.
Cómo huele la verbena y qué sabor tiene en infusión
Uno de los grandes encantos de muchas verbenas, especialmente la verbena de limón y otras variedades aromáticas, es su fragancia. Al frotar sus hojas entre los dedos se libera un aroma fresco y cítrico, con notas herbales muy agradables que recuerdan a veces al limón o a ciertos tés suaves.
Este olor procede de sus aceites esenciales, ricos en citral, terpenos y alcoholes terpénicos como el geraniol. La intensidad del perfume puede variar según la especie, la variedad y si la planta está fresca o seca, pero en general es una de las hierbas aromáticas más fragantes que podemos tener en el jardín.
A lo largo del día, el aroma puede cambiar de intensidad: por la mañana suele ser más suave y luminoso, perfecto para dar un toque de frescor al jardín o la terraza; hacia el atardecer, con el descenso de la temperatura, los matices cítricos se perciben algo más marcados.
En infusión, la verbena ofrece un sabor muy agradable, fresco y cítrico, con toques vegetales suaves. No suele necesitar azúcar ni edulcorantes, ya que tiene un puntito ligeramente dulce y ácido que la hace muy fácil de beber. Para muchos aficionados a las plantas medicinales, solo la rivaliza el té en cuanto a disfrute diario.
Al secar la planta, especialmente en el caso de la verbena de limón, se intensifica la concentración de aceites esenciales en el material seco, por lo que la infusión puede resultar aún más aromática y sabrosa. Esto también facilita conservarla durante más tiempo y tenerla siempre a mano en la despensa.
Infusiones de verbena: preparación y usos básicos
Para preparar una buena infusión de verbena se utilizan sobre todo las hojas, frescas o secas. Las flores y partes leñosas más duras se suelen descartar, ya que aportan menos sabor y pueden enturbiar la textura final de la bebida.
Si se emplea verbena seca, es recomendable usar alrededor de 10 g por litro de agua, lo que equivale más o menos a una cucharada de postre bien colmada para una taza de unos 180-200 ml. Conviene contar con un colador o filtro de tamaño generoso, para que las hojas tengan espacio y no queden demasiados posos sueltos en la taza.
El agua se calienta hasta unos 95 ºC aproximadamente, evitando que llegue a hervir con fuerza, ya que no queremos «cocer» la planta, sino extraer suavemente sus componentes aromáticos y principios activos. Se vierte el agua caliente sobre las hojas y se deja reposar unos 5 minutos.
Pasado ese tiempo, se retira el filtro o se cuela la infusión. El resultado es una bebida de aroma intenso y sabor delicado que puede tomarse sola o combinada con otras plantas digestivas o relajantes. Muchas personas la utilizan como infusión de sobremesa tras comidas copiosas o como bebida calmante antes de ir a dormir.
Entre sus usos tradicionales más extendidos destacan su papel como digestivo natural (mitiga cólicos, espasmos digestivos, diarreas suaves e incluso náuseas o vómitos leves), como suave sedante y relajante en momentos de estrés, y como apoyo al aparato respiratorio en forma de expectorante ligero y calmante de la tos y la congestión.
Requisitos de cultivo: luz, suelo y ubicación ideal
En general, la mayoría de verbenas disfrutan con una exposición a pleno sol. Necesitan al menos unas seis horas de luz solar directa al día para desarrollar una floración abundante y un follaje bien aromático. En climas muy calurosos, algunas especies pueden agradecer una semisombra ligera durante las horas centrales del día.
Las verbenas híbridas y muchas ornamentales prefieren suelos fértiles, ricos en materia orgánica y con un buen grado de frescor en verano, siempre que el drenaje sea excelente. Un sustrato demasiado compacto y encharcado, especialmente en invierno, favorece la aparición de hongos de pudrición y puede fulminar la planta.
La Verbena bonariensis se adapta muy bien a suelos drenantes e incluso algo pedregosos, tolerando terrenos relativamente pobres. La verbena de limón, en cambio, suele preferir suelos más bien pobres pero muy bien drenados, sin exceso de humedad constante en las raíces.
En cuanto a ubicación, las verbenas perennes como bonariensis y hastata son perfectas para parterres naturalistas, mezclas con gramíneas y macizos de vivaces. Las verbenas híbridas de porte rastrero se lucen especialmente en jardineras, macetas colgantes y borduras. La verbena officinalis y la de limón encajan muy bien en huertos, bancales de plantas aromáticas y medicinales o pequeños jardines de hierbas.
En zonas con inviernos fríos, muchas verbenas se comportan mejor si se cultivan en maceta, de modo que puedan resguardarse durante las heladas más intensas. Es lo más recomendable para la verbena de limón, que no soporta bien el frío prolongado y agradece pasar el invierno bajo techo o en un invernadero ligero.
Plantación en suelo y en maceta: pasos y distancias
La época ideal para plantar verbenas es la primavera, en cuanto haya pasado el riesgo de heladas. Para las variedades híbridas de porte bajo, conviene dejar una distancia de unos 30 cm entre plantas, mientras que para especies más altas como bonariensis o hastata es mejor aumentar a unos 40-50 cm, de forma que dispongan de espacio para desarrollarse.
En plantación en suelo, es útil comenzar hidratando bien el cepellón: se introduce la maceta en un recipiente con agua hasta que deje de salir aire y el pan de tierra quede empapado. Después, se cava un agujero de plantación aproximadamente tres veces mayor que el cepellón, lo que facilita el arraigo de las raíces.
Si se trata de verbenas híbridas u otras especies exigentes en nutrientes, es buena idea añadir compost bien descompuesto o estiércol muy maduro al hoyo. Cuando el suelo es pesado y retiene mucha agua, se mejora con la incorporación de arena gruesa, grava o materiales drenantes. Una vez colocada la planta a la profundidad adecuada, se rellena el agujero, se presiona ligeramente con las manos y se riega abundantemente.
En cultivo en maceta o jardinera, se comienza colocando en el fondo una capa de drenaje (grava, bolas de arcilla, trozos de cerámica, etc.). Sobre ella se llena el contenedor con un buen sustrato para plantas de exterior, al que puede añadirse fertilizante de liberación lenta en el caso de verbenas híbridas muy floríferas. Luego se planta, se presiona suavemente el sustrato y se riega de forma generosa.
Cuidados y mantenimiento según el tipo de verbena
En líneas generales, la verbena es una planta bastante rústica y poco exigente. Muchas especies toleran bien la sequía una vez establecidas, lo que las hace ideales para jardines de bajo mantenimiento o de inspiración naturalista en los que se interviene lo justo.
Las verbenas híbridas de floración abundante, en cambio, agradecen algunos cuidados adicionales. Por ejemplo, un aporte periódico de compost o abono orgánico mejora notablemente la intensidad y duración de la floración. También se pueden usar fertilizantes líquidos cada 15 días durante primavera y parte del verano, especialmente en plantas cultivadas en maceta.
El riego debe ser regular pero sin excesos. En verano, conviene mantener el sustrato ligeramente húmedo, evitando tanto el encharcamiento como la sequía extrema. En maceta, el sustrato se seca más deprisa que en el suelo, por lo que habrá que vigilarlo de cerca en los meses más calurosos. Siempre es preferible regar a primera hora de la mañana o al atardecer.
Al regar, lo recomendable es dirigir el agua a la base de la planta, evitando mojar en exceso las hojas y flores. Esto ayuda a reducir el riesgo de enfermedades fúngicas como el oídio o la botritis. Un acolchado ligero (mulch) alrededor de la base puede ayudar a mantener el frescor del suelo y reducir la frecuencia de riego.
La poda también tiene su papel. En verbenas híbridas y tapizantes, es muy útil ir eliminando las flores marchitas, ya que esto libera energía y anima a la planta a producir nuevos capullos, prolongando el periodo de floración. Al final del verano puede hacerse una pequeña poda de limpieza para rejuvenecer la planta y favorecer una floración temprana la temporada siguiente, donde el clima lo permita.
Multiplicación, plagas y enfermedades más frecuentes
La verbena se multiplica con relativa facilidad tanto por semillas como por esquejes. En el caso de las verbenas híbridas, es habitual sembrar en semilleros protegidos a finales de invierno o principios de primavera. Se pueden colocar 2 o 3 semillas por pequeña maceta, seleccionar luego la plántula más vigorosa y eliminar las otras.
Tras una breve fase de endurecimiento al aire libre, las jóvenes plantas se trasladan a su emplazamiento definitivo, donde empezarán a florecer en unas 3-5 semanas, dependiendo del clima. Por esquejes, la multiplicación es especialmente sencilla a comienzos de otoño, enraizando los tallos cortados bajo cubiertas acristaladas o en propagadores.
En cuanto a problemas sanitarios, muchas verbenas son relativamente resistentes, pero pueden verse afectadas por enfermedades fúngicas si hay exceso de humedad o mala ventilación. El oídio es de los más comunes: se reconoce por un polvillo blanco sobre las hojas. Suele aparecer en ambientes cálidos y húmedos, o cuando las plantas están muy apretadas y el aire no circula.
La botritis puede atacar las flores en condiciones muy húmedas, provocando pudriciones grises. También existen hongos de pudrición de raíces y cuello, como los del género Rhizoctonia, que se favorecen con encharcamientos y exceso de materia orgánica sin descomponer en el suelo. En todos estos casos, es fundamental mejorar el drenaje, espaciar bien las plantas y regar solo cuando haga falta.
Algunas bacteriosis, como las causadas por Pseudomonas, pueden provocar amarilleo progresivo, marchitez y oscurecimiento de los vasos conductores en el tallo. En estos casos, lo más prudente es retirar y destruir las plantas muy afectadas y no reutilizar el mismo sustrato sin desinfectarlo.
En el apartado de plagas, las verbenas pueden ser mordisqueadas ocasionalmente por babosas y caracoles, sobre todo las plantas jóvenes en primavera. Para prevenirlo se puede rodear la planta con arena, serrín o emplear cebos específicos a base de fosfato férrico. También son relativamente frecuentes los pulgones, mosca blanca, ácaro araña roja y algunas orugas minadoras. En la mayoría de casos, un tratamiento con jabón potásico, aceite de neem o insecticidas específicos según la plaga suele ser suficiente.
Con unos cuidados básicos, la verbena ofrece largos periodos de floración, que en muchas variedades se extienden desde inicio de verano hasta las primeras heladas. Si a esto le sumamos su potencial medicinal, su fragancia refrescante y la variedad de colores disponibles, queda claro por qué esta planta sigue siendo protagonista en jardines, balcones y tazas de infusión de medio planeta.