
El verano no es solo tiempo de cosecha; también es una fase clave para sembrar pensando en el otoño y el invierno. Más allá de los típicos tomates, pimientos o lechugas, existe todo un abanico de verduras “olvidadas” que encajan de maravilla con el calor y que muchas veces pasamos por alto cuando planificamos el huerto.
Si aprovechas bien estos meses, tu huerto puede darte raíces dulces, hojas tiernas y coles crujientes hasta bien entrado el frío. La clave está en saber qué sembrar, cuándo y cómo preparar el terreno, consultando recursos como libros de jardinería, además de entender cuáles son los cuidados básicos de riego, abonado, control de plagas y malas hierbas para que todo llegue a buen puerto.
Por qué merece la pena plantar verduras “olvidadas” en verano

Hay quien piensa que julio y agosto son meses dedicados casi en exclusiva a recoger lo sembrado en primavera. Sin embargo, la siembra de verano es una oportunidad enorme para llenar la despensa de otoño con productos sabrosos, nutritivos y cultivados por ti mismo. Muchas de estas hortalizas crecen rápido, soportan bien el calor inicial y encajan sin problemas con las primeras bajadas de temperatura.
Además, no necesitas un gran terreno para apostar por estas verduras menos habituales. En un huerto urbano, en bancales elevados o incluso en macetas profundas puedes combinar raíces, hojas y coles “olvidadas” con otras hortalizas más conocidas. De este modo, diversificas tus cultivos, mejoras el aprovechamiento de la tierra y reduces el riesgo de plagas específicas de un solo tipo de planta.
Otra ventaja de estas variedades es que muchas se adaptan bien a siembras escalonadas. Si vas plantando cada pocas semanas, tendrás una producción continua de hojas tiernas, raíces listas para arrancar cuando te apetezca o coles que irás cosechando poco a poco a medida que las necesites en la cocina.
Por último, hay un punto que pocas veces se menciona: sembrar verduras olvidadas ayuda a conservar biodiversidad hortícola. Mantener cultivos menos frecuentes (como el colinabo, el ruibarbo, la verdolaga o la acelga de colores) contribuye a que no se pierdan variedades tradicionales y te permite disfrutar de sabores y texturas diferentes, muy alejados de lo que sueles encontrar en el supermercado.
Preparación del terreno antes de sembrar en verano

Antes de lanzarte a sembrar, es fundamental poner a punto los bancales o la zona de cultivo. Las plantas de primavera-verano (tomates, pimientos, calabacines…) suelen agotar bastantes nutrientes del suelo, así que si quieres que las nuevas verduras tiren con fuerza tendrás que hacer una pequeña puesta a punto.
Lo primero es retirar todos los restos de cultivos agotados: plantas que ya han dado todo lo que tenían, tallos secos y raíces que puedan entorpecer las nuevas siembras. Aprovecha también para quitar malas hierbas que compitan por el agua y los nutrientes, y recoge las frutas caídas al suelo para evitar que se pudran y provoquen problemas de hongos o atraigan insectos no deseados.
A continuación, oxigena bien la tierra. Remueve el suelo con una azada o una horca, rompiendo los terrones y dejando una textura mullida, ideal para que las raíces nuevas se desarrollen sin esfuerzo. Este paso es especialmente importante para las verduras de raíz como zanahorias, rábanos, nabos o remolachas, que necesitan un terreno suelto para crecer rectas y sin deformaciones.
El siguiente paso es aportar abono bien descompuesto o compost maduro. Al estar en pleno periodo de crecimiento muchas plantas demandan nutrientes de forma intensa, y un buen abonado de fondo marcará la diferencia. Puedes usar estiércol curado, compost casero o abonos ecológicos sólidos para huerta, mezclándolos con la capa superior del suelo.
Por último, conviene colocar un acolchado (mulch) sobre la superficie. Una capa de paja, heno, hojas semidescompuestas o restos vegetales triturados ayuda a mantener la humedad, reduce la evaporación en los días de más calor y protege las raíces del exceso de temperatura. Además, dificulta la aparición de nuevas malas hierbas y favorece la vida del suelo.
Verduras de raíz poco habituales que puedes sembrar en verano

Dentro del grupo de las raíces hay auténticas joyas que solemos olvidar cuando pensamos en el verano. Muchas de ellas agradecen el calor inicial para germinar y luego se desarrollan muy bien hasta bien entrado el otoño, incluso permaneciendo en el terreno en invierno en climas suaves.
Las zanahorias son un clásico, pero conviene recordarlas porque funcionan casi todo el año si el suelo está bien trabajado. Sembradas en verano, pueden quedarse en la tierra y las vas sacando según las necesites, manteniéndose frescas durante semanas. Eso sí, necesitan un terreno profundo, ligero y sin piedras grandes para que crezcan rectas y jugosas.
Otra raíz que merece más protagonismo es el rábano. Tiene un ciclo tan corto que en menos de un mes desde la siembra puedes estar recolectando. Esto te permite aprovechar perfectamente los huecos que van quedando libres en los bancales durante el verano. Su sabor es más intenso cuando madura con temperaturas más frescas, por lo que es ideal para ir sembrándolo de forma escalonada en julio y agosto pensando en las ensaladas de otoño.
No hay que olvidarse del nabo, un cultivo tradicional que a menudo queda relegado. Se adapta bien a siembras de verano para cosechar en otoño e invierno. Es rústico, aguanta bastante bien el frío y permite aprovechar trozos de huerto que quizá no quieras dedicar a otros cultivos. Además de la raíz, en muchas zonas también se consumen sus hojas jóvenes salteadas o en guisos.
El colinabo es otro gran desconocido. Se trata de una hortaliza de la familia de las coles, pero que forma una especie de bulbo engrosado sobre la superficie del suelo. Se puede sembrar en la segunda mitad del verano para recoger en otoño. Es muy apreciado en la cocina centroeuropea y, aunque aquí se ve menos, aporta un toque diferente tanto en crudo como cocinado.
La remolacha de mesa también entra de lleno en la lista de raíces veraniegas interesantes. Responde bien a las siembras de verano y desarrolla raíces dulces y carnosas que puedes usar en ensaladas, cremas o asadas al horno. Como ocurre con otras raíces, agradece un suelo mullido y un riego regular para que no se cuartee ni se quede demasiado fibrosa.
Por último, aunque no es una raíz al uso, conviene destacar la batata o boniato, una trepadora de clima cálido que forma tubérculos comestibles. Le van bien los veranos largos y los suelos soleados, y puede cultivarse en bancales amplios o en zonas donde pueda extender sus tallos. Es una alternativa muy interesante a las patatas tradicionales en huertos domésticos.
Verduras de hoja que rinden muy bien con siembra tardía

En verano solemos sufrir con las verduras de hoja más conocidas, como la lechuga, que tienden a espigarse con el calor y se vuelven amargas. Aun así, hay maneras de seguir disfrutando de hojas frescas y tiernas sembrando en el momento adecuado y eligiendo las especies correctas.
Las espinacas funcionan muy bien cuando se siembran a finales de verano, aprovechando que los días empiezan a acortarse. Germinan con relativa rapidez, toleran algo de sombra y se adaptan estupendamente al cambio de tiempo hacia el otoño. Si les das un riego constante y mantienes el suelo fresco con acolchado, tendrás hojas tiernas durante buena parte de la estación fría.
Las acelgas, por su parte, son de lo más agradecido. En climas templados se pueden cultivar prácticamente todo el año y a partir de verano producen sin parar. Puedes sembrarlas directas o trasplantar plantones, y luego ir cortando solo las hojas exteriores, dejando el corazón para que siga rebrotando. Hay variedades de colores (rojas, amarillas, naranjas) que, además de ricas, dan un toque decorativo al huerto.
La lechuga sigue siendo una opción viable si escoges variedades de ciclo corto y las sitúas en semisombra. En verano lo ideal es sembrar en semilleros protegidos y trasplantar cuando las plántulas están formadas, procurando que no reciban sol directo todo el día y sin fallar en el riego. De este modo, puedes ir recolectando hojas sueltas en lugar de cortar la planta entera, alargando mucho su vida útil.
Otras hojas interesantes que a menudo se infravaloran son la rúcula y la verdolaga. La rúcula aporta ese toque ligeramente picante a las ensaladas y crece rápido con temperaturas suaves, por lo que es perfecta para siembras escalonadas desde finales de verano. La verdolaga, considerada a veces “mala hierba”, es en realidad una planta comestible muy resistente, rica en omega 3, que aguanta estupendamente el calor estival.
También puedes dar cabida a espinaca de verano u otras hojas menos típicas que se adaptan bien a los periodos de calor, combinándolas con semilleros de invierno (por ejemplo, espinaca clásica o algunas hojas asiáticas) que prepares a cubierto mientras las temperaturas son altas.
Coles y familia de las crucíferas para sembrar en verano
El grupo de las coles ofrece muchas oportunidades interesantes cuando piensas en la despensa otoñal. Sembrar en verano (en semillero o directamente, según el clima) te permitirá cosechar en otoño e incluso en invierno todo tipo de crucíferas rebosantes de vitaminas.
Entre las opciones que puedes valorar están el brócoli, la coliflor, la col de Bruselas, la col rizada o forrajera y la col de repollo en distintas variedades. Lo habitual es iniciar estos cultivos en semilleros durante el verano, protegidos del sol directo, y trasplantarlos al terreno definitivo a finales de verano o principios de otoño cuando ya han desarrollado un buen sistema radicular.
Si el clima de tu zona tiene heladas tempranas, resulta importante consultar las indicaciones del sobre de semillas respecto a la época de siembra recomendada y la resistencia al frío de cada variedad. Así te aseguras de que la planta tendrá tiempo suficiente para formar cabeza o pella antes de que lleguen los fríos intensos.
Un truco muy práctico es cosechar por hojas en lugar de cortar la planta completa cuando se trata de coles de hoja (como algunas coles rizadas o forrajeras). De esta forma, vas retirando las hojas externas a medida que las necesitas y la planta sigue produciendo durante más tiempo, lo que alarga la cosecha y hace que el esfuerzo inicial de siembra y trasplante cunda mucho más.
Recuerda que las crucíferas son bastante exigentes en nutrientes, por lo que agradecen un suelo bien abonado y un riego regular. Son también bastante sensibles a algunos tipos de orugas y plagas, de modo que conviene vigilarlas de cerca para intervenir a tiempo si detectas daños en las hojas.
Plantas aromáticas y complementarias para el huerto de verano
Cuando hablamos de verduras “olvidadas” no solo se trata de hortalizas de raíz, hoja o col; también las plantas aromáticas juegan un papel importante en la salud y productividad del huerto. Muchas de ellas se pueden sembrar o trasplantar en verano y, además de ser comestibles, ayudan a repeler plagas y atraer insectos beneficiosos.
Entre las aromáticas que encajan bien en verano puedes contar con manzanilla, romero, tomillo, salvia, orégano, menta, hierbabuena, perejil, perifollo, estragón, eneldo, cilantro o ajedrea. Algunas prefieren lugares más soleados y secos (como el romero o el tomillo) y otras agradecen sitios más frescos y con algo de sombra (por ejemplo, las distintas mentas).
Hay también plantas algo menos conocidas en el huerto casero, como la hierba de los canónigos, el ruibarbo, la melisa, el hisopo o la hierba de San Juan, que pueden cultivarse si quieres ir un poco más allá y disponer de una buena despensa de plantas medicinales y culinarias.
Estas aromáticas se pueden sembrar en pequeños parches o en bordes de bancales, y también en macetas cercanas a las zonas de cultivo. Su presencia favorece la biodiversidad, atrae polinizadores, y en muchos casos su olor ayuda a despistar o repeler ciertas plagas, convirtiéndose en aliadas naturales de tus verduras de fruto y de hoja.
Cuidados clave en el huerto de verano: riego, fertilización y mantenimiento
Una vez que tienes claras las verduras que quieres plantar, el siguiente paso es organizar bien las labores de mantenimiento típicas del verano. En esta época, el foco principal está en manejar correctamente el agua, mantener el suelo fértil, controlar las malas hierbas y vigilar las plagas y enfermedades.
El riego es probablemente el aspecto más crítico. Las plántulas y plantones recién trasplantados necesitan mantener el sustrato constantemente húmedo, por lo que lo ideal es regar a primera hora de la mañana y al atardecer durante los primeros días, evitando siempre las horas centrales de mayor calor. En plantas ya establecidas, puedes espaciar los riegos a cada 4-5 días (incluso semanalmente, según clima y tipo de suelo), procurando siempre riegos profundos que lleguen bien a las raíces.
Con las hortalizas próximas a cosecha, especialmente algunas de fruto, se suele reducir ligeramente la frecuencia de riego con el fin de obtener verduras con mejor sabor y mayor capacidad de conservación. En el caso de las raíces, un exceso de agua puede favorecer el agrietado, así que conviene ser regular pero sin encharcar.
En cuanto a la fertilización, el verano es un momento en el que las plantas están en pleno crecimiento y, por tanto, consumen muchos nutrientes. Las plantas jóvenes y en desarrollo necesitan un buen aporte de nitrógeno para formar masa foliar y realizar la fotosíntesis con eficacia, mientras que las que están en fase de engorde de raíces o frutos se benefician de una mayor disponibilidad de potasio. Un abono ecológico sólido de liberación gradual resulta muy útil para cubrir estas necesidades sin riesgo de quemar las raíces.
El control de malas hierbas en verano es especialmente importante. Si las dejas crecer, competirán por el agua y los fertilizantes que aplicas a tus cultivos. Lo ideal es arrancarlas de forma manual o con azadilla de manera regular, y reforzar el acolchado para dificultar que vuelvan a aparecer. En huertos ecológicos es preferible evitar herbicidas químicos y apostar por el manejo mecánico y la prevención.
Por último, no olvides el manejo de plagas y enfermedades. El calor y la humedad favorecen la aparición de hongos, insectos y otros problemas. Conviene revisar el huerto con frecuencia, observando hojas, tallos y frutos. Existen soluciones ecológicas como el aceite de neem para muchas plagas, o productos biológicos a base de microorganismos beneficiosos (como Trichoderma) y extractos vegetales para enfermedades fúngicas. Actuar de forma preventiva y a tiempo suele ser mucho más eficaz que intentar frenar una plaga ya disparada.
Tutorado y poda de algunas hortalizas de verano
Aunque el foco de este artículo son las verduras menos habituales que puedes plantar en verano, no se puede pasar por alto el cuidado de los cultivos más clásicos que siguen en plena producción durante estos meses, ya que comparten espacio y recursos en el huerto.
En el caso de tomates y pimientos, es muy recomendable realizar un buen entutorado. Consiste en colocar cañas o soportes a ambos lados de la hilera de plantas en forma de V invertida, unidas por una vara superior horizontal. De esta estructura colgarás cuerdas o bridas suaves para sujetar cada planta, que se irán enroscando a medida que crecen. Así evitas que se tumben por el peso de los frutos o que se rompan los tallos con el viento.
La poda en tomates y pimientos también tiene su importancia. Eliminar los brotes que salen en las axilas de las hojas (los llamados “chupones” en tomates) ayuda a dirigir la energía de la planta hacia la producción de frutos en lugar de hacia un exceso de vegetación. Esta tarea se suele realizar cada semana durante el verano, utilizando tijeras limpias o simplemente pellizcando los brotes cuando aún son tiernos.
Un manejo adecuado del tutorado y la poda, combinado con un buen riego y abonado, se traduce en plantas más sanas, menos propensas a enfermedades y con mejores cosechas. Y, algo importante, también facilita el acceso para revisar, cosechar y cuidar el resto de verduras “olvidadas” que compartan bancal con estos cultivos estrella.
Semilleros de otoño e invierno hechos en pleno verano
Mientras tus verduras de verano crecen, es muy buena idea ir preparando los semilleros de otoño e invierno. Esto te permite adelantar trabajo y tener plantones listos para trasplantar en cuanto empiece a bajar la temperatura.
Para ello, puedes utilizar bandejas de semillero o cajones de madera, rellenándolos con una mezcla de tierra de tu huerto y sustrato universal ligero. Coloca una semilla por alveolo (o varias a cierta distancia si usas un cajón grande), cúbrelas ligeramente con sustrato y humedece con cuidado para no desplazarlas. Lo ideal es situar estos semilleros en semisombra, donde tengan luz pero no reciban el sol directo todo el día.
Mantén la humedad consistente sin encharcar y vigila que la temperatura no sea excesiva. En estos semilleros de verano puedes iniciar coles, lechugas otoñales, espinacas, brócoli, coliflor y otras hortalizas de ciclo más largo, que luego trasplantarás al terreno definitivo cuando las condiciones sean más suaves.
Con este sistema, tu huerto funcionará casi como una pequeña cadena de producción: mientras unas verduras de verano se desarrollan y se acercan a la cosecha, otras ya están germinando y preparándose para ocupar su lugar en el bancal, asegurando así un suministro constante de alimentos frescos.
Al final, aprovechar el verano para sembrar verduras olvidadas y preparar semilleros de otoño es una manera muy eficaz de sacarle todo el partido posible a tu espacio de cultivo, sea grande o pequeño. Con una buena planificación, riegos ajustados y un poco de mimo, tu huerto puede estar produciendo casi todo el año con una variedad de sabores y texturas que no encontrarás en ninguna tienda.