¿Por qué se da la defoliación?

Las hojas son muy importantes para todas las plantas: sin ellas, no podrían hacer la fotosíntesis ni, por lo tanto, crecer. Por eso, cuando se les caen la gran mayoría de las veces nos solemos preocupar, puesto que enseguida empezamos a pensar que, tal vez, les haya podido ocurrir algo malo.

Para saber qué hacer, te voy a contar qué es la defoliación y por qué ocurre.

¿Qué es y por qué ocurre?

La defoliación es la caída prematura de las hojas de las plantas producida por enfermedad, influjo atmosférico (fuertes vientos o granizo por ejemplo) o por agentes químicos (sean insecticidas o abonos). Ahora bien, también puede estar producida por la mano del hombre, cuando está trabajando una planta para convertirla en bonsái, o cuando quiere que un esqueje gaste energía en producir raíces y no en alimentar las hojas.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas dependerán mucho de la causa, pero sabremos que nuestra planta está perdiendo hojas de forma prematura si:

  • Ha sido expuesta al sol directamente y al poco tiempo (normalmente en 24h o menos) aparecen manchas en las hojas que se van haciendo cada vez más grandes.
  • Ha caído una granizada y las hojas de las plantas perennifolias se ven tristes y ennegrecidas.
  • Se ha tratado (o se le ha echado) con productos químicos en una dosis no adecuada y/o durante las horas centrales del día. Al poco aparecen quemaduras.
  • La sed y el exceso de agua también producen la defoliación. En estos casos las hojas se volverán amarillas y luego marrones antes de caer.
  • Si tiene alguna plaga o enfermedad, además de los síntomas propios de estas, las hojas pueden tener puntitos negros, las puntas secas y/o un aspecto tristón.

¿Cómo se trata?

La manera de tratar la defoliación es la siguiente: manteniendo la planta bien cuidada. Lo sé, parece que no te estoy diciendo nada con esto, pero es así. En el caso de que tenga plagas o alguna enfermedad, hay que tratarla con productos específicos; además, se debe de leer siempre la etiqueta del envase de los productos que utilicemos y seguir las indicaciones que están especificadas en el envase.

Por último y no menos importante, nunca hay que regar más de lo necesario. En caso de duda, siempre va a ser mejor comprobar la humedad introduciendo por ejemplo un palo delgado de madera o pesando la maceta una vez regada y de nuevo al cabo de unos días.

Espero que te sea de utilidad 🙂 .

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Jardinería

Investigadora de las plantas y de su mundo, actualmente soy coordinadora de este querido blog, en el cual llevo colaborando varios años. Me encanta trabajar con la tierra y observar el comportamiento de cada uno de los seres vegetales, pues todos tienen características que los hacen únicos.

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