Cuidar de la parra es fundamental si queremos disfrutar de una vid fuerte y con una producción de uvas de calidad. Nada resulta tan frustrante como ver cómo las enfermedades afectan tanto al desarrollo como a los frutos, comprometiendo, a veces irremediablemente, el trabajo y la ilusión de toda una temporada. En este artículo encontrarás una guía exhaustiva de las enfermedades de la parra más habituales, cómo identificarlas, cuál es su causa, cómo se propagan y, lo más importante, las estrategias más efectivas para tratarlas y prevenirlas, incluyendo métodos convencionales, ecológicos y buenas prácticas culturales apoyadas por la experiencia de viticultores y técnicos.
Principales enfermedades de la parra y cómo identificarlas

Las vides pueden verse afectadas por una gran variedad de enfermedades, principalmente de origen fúngico, aunque también existen bacterianas, víricas y otras asociadas a plagas. A continuación te detallamos todas las que pueden causar daños relevantes en la producción, incluyendo síntomas distintivos, condiciones favorables para su desarrollo y métodos de control aprobados por la viticultura profesional.
Mildiu de la parra (Plasmopara viticola)
El mildiu es una de las enfermedades fúngicas más devastadoras que puede sufrir una vid. Es especialmente frecuente en zonas con primaveras y veranos húmedos, ya que necesita humedad relativa superior al 75% y temperaturas moderadas, normalmente entre 12 y 30°C.
Síntomas: Aparecen manchas amarillentas, de aspecto aceitoso y forma angular, en el haz de las hojas, que más adelante pueden volverse marrones. En el reverso, se observa un polvillo blanco pulverulento (esporulación del hongo). Los brotes jóvenes muestran pelusas blancas, y en los racimos, sobre todo en los que no se han compactado tras la floración, puede vaciar el grano y secarlos por completo.
Daños: Provoca la desecación de hojas, necrosis en tallos y frutos, y puede llegar a reducir la producción en más del 50% en casos graves.
Condiciones de desarrollo: Se inicia tras lluvias primaverales o riegos excesivos. La infección se transmite fácilmente por salpicaduras de agua y viento.
Prevención:
- Airear y aclarar el follaje para favorecer la circulación de aire y facilitar el secado de las hojas tras lluvias o rosadas.
- Elegir la dirección del emparrado según viento dominante y evitar plantaciones demasiado densas.
- Recolectar y destruir hojas caídas y restos infectados durante el invierno para reducir inóculo.
- Aplicar tratamientos preventivos en los momentos de máximo riesgo: cuando los brotes tienen 5-10 cm, al inicio de la floración, con uvas del tamaño de un guisante y antes de cierre de racimo.
Tratamiento: En las primeras fases se puede utilizar caldo bordelés o cobre líquido (oxicloruro de cobre) como tratamiento de contacto. Los fungicidas penetrantes o sistémicos (como metalaxil, fosetil-Al, cimoxanilo o clortalonil) se utilizan cuando aparecen los primeros síntomas o tras lluvias persistentes. ¡No olvides alternar las materias activas para evitar resistencias!
Recomendación ecológica: El cobre es aceptado en agricultura ecológica, pero su uso debe ser limitado y cronológicamente planificado.
Oídio de la vid (Uncinula necator)
El oídio, también conocido como ceniza, cendrosa, polvillo o blanqueta, afecta a todas las partes verdes de la parra y es uno de los hongos más problemáticos en regiones mediterráneas.
Síntomas: Presencia de un “polvo blanco” o ceniciento en hojas, tallos, brotes y racimos. Las hojas pueden mostrar abarquillamiento y deformidades, los brotes manchas oscuras y los racimos pueden secarse o agrietarse si la infección avanza mucho.
Condiciones de desarrollo: Requiere humedad ambiental elevada (sin necesidad de agua líquida) y temperaturas óptimas entre 25 y 28°C. Se propaga por el viento.
Daños: Deteriora la calidad y cantidad de la cosecha. Si afecta a flores y frutos incipientes, los puede abortar o dejar “uvas pasas” tras encogimiento.
Prevención y control:
- Aplicaciones regulares de azufre en polvo o mojable, especialmente efectivo como preventivo en momentos críticos: inicio de aparición de racimos, floración, cuajado y envero.
- Evitar aplicar azufre con temperaturas superiores a 32°C, ya que puede causar quemaduras.
- Favorecer la aireación de la planta y evitar el exceso de follaje.
- Abonar y regar en forma equilibrada para evitar el estrés de la planta.
Tratamientos específicos: Existen también fungicidas sistémicos (penconazol, fenarimol, triforina, bupirimato) y alternativas ecológicas como el azufre. Es importante respetar los plazos de seguridad antes de la cosecha.
Roya de la vid (Phakopsora euvitis)
La roya es causada por un hongo que se desarrolla fácilmente en climas cálidos y húmedos, especialmente a temperaturas superiores a 24°C. Suele aparecer en cultivos poco aireados o sometidos a podas insuficientes.
Síntomas: Pequeñas pústulas o puntos rojizos/anaranjados en el haz de las hojas adultas. Puede provocar la caída prematura de las hojas, debilitando la planta y afectando la maduración de los frutos.
Condiciones de desarrollo: Se presenta durante primavera y verano, favorecida por alta humedad y calor.
Prevención y control:
- Poda de aclarado y limpieza para mejorar la penetración del sol y aire en la copa.
- Si hay brotes, retirar y destruir hojas infectadas.
- En caso de infestaciones graves, se puede recurrir a fungicidas específicos autorizados para viticultura.
Eutipiosis o Eutipia (Eutypa lata)
Este hongo afecta especialmente a viñedos viejos o debilitados, causando la muerte lenta de la cepa.
Síntomas: Hojas pequeñas, deformadas y con necrosis en los bordes; brotes raquíticos y débiles, entrenudos cortos; decaimiento de los brazos y lesiones negras en tallos y brazos.
Daños: Necrosis interna en brazos y tronco, debilitamiento progresivo y, finalmente, muerte de la planta.
Prevención y control:
- Poda y quema de las partes afectadas, así como de todos los restos, para evitar la propagación.
- Protección de heridas de poda con productos específicos: carbendazima, metil tiofanato, triadimefon en pasta.
- Evitar grandes heridas y podar preferiblemente en tiempo seco.
- Desinfectar herramientas entre cortes.
Botritis o Podredumbre gris (Botrytis cinerea)
La botritis es un hongo oportunista que ataca principalmente racimos en maduración, sobre todo si existen heridas, grietas o exceso de humedad. Se desarrolla cuando la temperatura supera los 25°C y la humedad alcanza el 75% o más.
Síntomas: Aparición de costras y pelusa gris sobre hojas, brotes y frutos. Los racimos se secan y pudren rápidamente, y el hongo se propaga por contacto entre ellos.
Daños: Puede reducir drásticamente tanto la cantidad como la calidad de la cosecha.
Prevención y control:
- Realizar podas para reducir el vigor y facilitar la aireación del emparrado.
- Evitar riegos excesivos y lesiones durante los trabajos agrícolas.
- Retirar y destruir todos los racimos infectados.
- Controlar plagas que predisponen a la entrada del hongo, como polilla del racimo y mosquito verde.
- Aplicar fungicidas autorizados en los momentos de mayor riesgo: benomilo, carbendazima, clortalonil, folpet, metiltiofanato, vinclozolina, procimidona, entre otros.
- El cobre es una de las soluciones más respetuosas con el medio ambiente para la prevención.
Yesca o enfermedad de la madera (Stereum necator y otros hongos)
La yesca es una de las enfermedades más peligrosas y difíciles de erradicar en la vid, afectando la madera, sobre todo en plantas adultas o envejecidas.
Síntomas: Zonas blanquecinas o amarillo-claras en el interior de la madera, esponjamiento y posterior necrosis total. Las hojas adquieren un aspecto clorótico y las ramas y uvas presentan manchas. En verano puede observarse el secado repentino de brazos enteros o toda la cepa.
Daños: Muerte progresiva de brazos, debilitamiento global de la vid e irreversibilidad en estados avanzados.
Prevención y control:
- Arrancar y destruir las plantas muy afectadas para eliminar focos de infección.
- Realizar la poda en época seca, evitando heridas grandes.
- Aplicar desinfectantes o protectores en las heridas de poda (agua y alcohol 50/50).
- Desinfectar herramientas entre cortes.
- Mejorar el vigor de la planta (abonar sin excesos, evitar estrés hídrico, buena aireación y evitar suelos encharcados).
Nota: En casos leves, puede intentarse el método quirúrgico (abrir el tronco para airear el tejido y retrasar la evolución), aunque raramente se recupera totalmente.
Pie negro y podredumbres de la raíz (Armillaria mellea y Rosellinia necatrix)
Estas enfermedades afectan principalmente a vides jóvenes y suelen aparecer en suelos encharcados o poco aireados.
Síntomas: Abanicos blancos en la corteza de las raíces, que se tornan marrón y negras. Brotes y tallos muestran debilidad, las hojas se amarillean y las raíces se oscurecen o pudren. Puede haber estructuras negras (rizomorfas) sobre las raíces, típicas de estas podredumbres.
Prevención y control:
- Mejorar el drenaje del suelo y evitar encharcamientos.
- Arrancar y destruir plantas afectadas y desinfectar el terreno antes de replantar.
- Aplicar emulsión fenólica o solución de formaldehído al 2% en el suelo (en casos concretos y según legislación).
- El uso de porta-injertos resistentes puede ayudar prevenir la reinfección.
Excoriosis de la parra (Phomopsis viticola)
La excoriosis es otra enfermedad fúngica asociada a la humedad, sobre todo durante lluvias primaverales. Puede causar daños severos en brotes, sarmientos, hojas y racimos.
Síntomas: Manchas oscuras (“anillos negros”) en sarmientos, brazos y hojas. Gangrenas pardas en base de los brotes, corteza agrietada y aparición de manchas amarillentas.
Prevención y control:
- Podar y destruir los sarmientos atacados tras la recolección.
- Realizar tratamientos preventivos con azufre en polvo o mojable en épocas de riesgo.
- Favorecer la aireación del cultivo.
Antracnosis de la vid (Glocosporium ampelophagum & Sphaceloma ampelinum)
Más frecuente en climas húmedos del norte, la antracnosis es identificable por la aparición de manchas negras rodeadas de halos blancos en todas las partes verdes de la vid. Afecta especialmente en primaveras y veranos húmedos y cálidos.
Síntomas: Manchas negras con halo blanco; si no se controla, las lesiones pueden confluir y parecer zonas quemadas; hojas con agujeros y racimos con lesiones cenicientas y secamiento.
Prevención y control:
- Quemar los sarmientos viejos tras la poda para eliminar esporas.
- Aplicar tratamientos preventivos con fungicidas en el estado de tercera hoja.
- Actuar cuanto antes ante los primeros síntomas.
Black-rot (Guignardia bidwellii)
Este hongo ataca tanto las partes verdes de la planta como las bayas. Suele manifestarse a través de manchas de color marrón claro y, más avanzado el proceso, puntos negros (picnidios fúngicos). Cuando afecta a la uva, esta se deshidrata y pudre.
Prevención y control: Eliminar racimos afectados durante la poda y, si es necesario, aplicar fungicidas específicos. La rotación y elección de variedades menos sensibles también ayuda a reducir su incidencia.
Negrilla o Mangla
La negrilla es un hongo saprofito que crece sobre la melaza excretada por plagas como pulgones, cochinillas y moscas blancas. Se manifiesta como una capa de polvo negro en hojas y frutos, afectando al vigor y depreciando la calidad del fruto.
Prevención y control: Eliminar las plagas productoras de melaza es la medida más eficaz. No suele tratarse directamente, aunque puede usarse zineb o caldos cúpricos en casos severos.
Tumores o Agallas del cuello (Agrobacterium tumefaciens)
Enfermedad bacteriana que se manifiesta como bultos en la zona de unión entre tallo y raíz. Afecta sobre todo a plantas jóvenes o recién injertadas. Dificulta la circulación de savia y lleva a la muerte de la planta en pocos años.
Prevención: Seleccionar plantas sanas, evitar heridas, desinfectar herramientas y destruir ejemplares muy afectados.
Virosis de la vid
Existen diversos virus que pueden infectar a la vid, provocando síntomas como entrecortado de brotes, clorosis, mosaico de hojas, deformaciones y decaimiento general.
Prevención: Comprar plantas libres de virus certificadas, desinfectar herramientas de poda tras cada uso y controlar insectos vectores (pulgones, trips, mosca blanca). Eliminar y destruir ejemplares afectados en cuanto se detecta la infección.
Principales plagas que afectan a la parra
Además de las enfermedades, la parra puede ser atacada por diversas plagas que, por sí mismas o al generar heridas, favorecen la entrada de hongos y bacterias.
Araña roja (Tetranychus urticae)
Acaro muy común que se alimenta del líquido de las células de hojas y brotes. Ocasiona pequeñas manchas o picaduras negras, debilitando la planta y afectando cantidad y calidad de la uva.
Prevención y control: El acaricida es necesario en infestaciones graves. La quema de restos de poda ayuda a reducir huevos invernantes.
Polilla del racimo (Lobesia botrana)
Las larvas atacan las uvas desde el interior, dañando los racimos y favoreciendo infecciones secundarias.
Prevención y control:
- Bacillus thuringiensis en pulverizaciones en fases de baja incidencia.
- Confusión sexual con feromonas para interrumpir el ciclo reproductivo.
- Eliminar racimos dañados para minimizar focos de infestación.
Erinosis de la vid (Colomerus vitis, Eriophyes vitis)
Ácaro microscópico que induce la formación de manchas rojas o marrones en la parte superior de las hojas, con abultamientos (gálicas).
Control: Funciona bien el manejo integrado combinando podas sanitarias y, si es necesario, tratamiento con acaricidas específicos.
Filoxera (Phylloxera vastatrix)
Plaga histórica que ataca las raíces y puede destruir toda una plantación. La prevención se realiza usando porta-injertos resistentes.