Hierba de santiago (Jacobaea vulgaris)

flores amarillas de una hierba silvestre

La Jacobea vulgaris es una planta con flor (de tipo herbácea, de la familia de las margaritas, es decir de la familia Asteraceae)  conocida comúnmente de distintas maneras según los países o regiones como azuzón, hierba cana, sacapeos , suzón o Hierba de Santiago.

Características de la Jacobaea vulgaris

arbusto llamado Jacobaea vulgaris

La hierba de santiago es una planta perenne o bienal y posee un rizoma corto y erecto. De su raíz poco profunda surgen tallos largos que pueden llegar a alcanzar los 120 cm. Estos últimos se presentan como  leñosos en la base y ramificados en su parte alta.  Tienen un estriado profundo y escasamente piloso. Por otro lado, los mismos ostentan un color marrón rojizo.

En lo alto de los tallos crecen las flores y siempre en forma de capítulos amarillos agrupados formando corimbos planos. Su período de floración comprende los meses de julio a septiembre inclusive.

La planta tiene hojas gabras pinnatilobuladas, cuyos lóbulos son dentados y muy hendidos. Llega a medir hasta 80 cm (32 pulgadas) y  no suele ser más pequeña que 30 cm (12 pulgadas).

Crece frecuentemente  tanto en los bordes de los caminos, en los depósitos de balasto y en los terrenos baldíos como en los puertos, patios y praderas. No es extraño encontrarla, también en los terraplenes de las vías férreas. La polinización se lleva a cabo gracias a la ayuda de las abejas, moscas, mariposas y polillas y la cantidad de semillas producidas suele ser muy alta.

La presencia de alcaloides en su composición la convierte en una planta venenosa sobre todo para los animales y en especial para el ganado. Se supone que, para que su toxicidad actúe sobre los humanos, se deberían utilizar dosis muy altas. De todas maneras, muchos profesionales la desaconsejan dado que los riesgos son altos y  su efecto terapéutico aún no ha sido cien por ciento comprobado.

Origen

Sus primeros ejemplares crecieron en continente eurasiático.  Actualmente se desarrolla en prácticamente toda Europa (desde Escandinavia al Mediterráneo). Mientras en España aparece en los márgenes de las corrientes de agua y en pastos húmedos, en Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia se la aprecia de manera negativa, como una “hierba mala”.

En este último país incluso hay una ley que prohíbe su conservación dentro de cualquier terreno. En EEUU su presencia se hace notar en el norte y en el Oeste del territorio (más específicamente en  Idaho, Maine, California; Illinois, Montana, Michigan, Nueva Jersey, Oregón, Pennsylvania, Nueva York y Washington.

Por otro lado en América del Sur también se puede encontrar su presencia, sobre todo en Argentina donde es una hierba de muy común crecimiento. También existe en el norte del continente africano así como  en los países India y Siberia, ubicados en Asia

Cultivo y Cuidados

No hay consejos posibles acerca de cómo mantener a nuestra Jacobaea vulgaris en óptimas condiciones, ya que la Hierba de santiago no se cultiva, por el contrario,  es una hierba silvestre y no en todos lados es considerada una “mala hierba”. Por ejemplo, en la Isla de Man fue instituida como flor nacional.

Usos

hierba silvestre con flores de color amarillo

Si bien es recomendable recordar su carácter potencialmente tóxico (explicado en el primer apartado), algunos médicos lo recetan como hipoglucemiante, venotónico, emenagogo y anteidismenorréico.

También es recomendada por algunos para las varices y algunos otros tipos de problemas circulatorios. Por otro lado, se puede afirmar que es especialmente útil para las mujeres en tanto acelera la aparición de la menstruación y combate los dolores que son productos directos de ella.

Desde la Edad Media y hasta la mitad del siglo XX, a la Hierba de Santiago  se le han dado múltiples y variados usos externos, como por ejemplo combatir las inflamaciones oculares,  reducir dolores y úlceras cancerosas, contra el reuma, la ciática y la gota y, por último, para los casos de picadura de abejas.

Si bien no es una hipótesis comprobada, los científicos esperan que el efecto que tienen los alcaloides de la pyrrolizidina sobre la división celular pueda ayudar a disminuir o retrasar el crecimiento de las células cancerosas.

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