¿Cuándo y cómo abonar los olivos?

Los olivos son árboles frutales perennifolios que están acostumbrados a crecer en terrenos más bien pobres; sin embargo, cuando se les cultiva con la intención de que produzcan una cantidad de frutos notable, ya sea porque a la familia le encantan o porque tenemos intención de dedicarnos a la producción y venta de aceitunas, es interesante pensar en abonarlos.

Unos ejemplares que tienen un suministro de ”comida” constante tendrán más fuerzas para producir más. Pero ahora la duda que nos surge es: ¿cuándo y cómo abonar los olivos? Pues bien. A continuación encontrarás la respuesta.

¿Cuándo abonarlos?

Los olivos son árboles que están creciendo durante prácticamente todo el año si el clima acompaña. Dicho clima tiene que ser templado-cálido, con heladas de hasta los -7ºC y con unas temperaturas máximas de 40ºC, que son las que hay en la región mediterránea, el lugar de donde proceden. De hecho, sólo se detienen en invierno, pues en el mes de febrero del hemisferio norte es cuando se producen esas heladas.

Sabiendo esto, ¿en qué época es mejor abonarlos? Bueno. Estas plantas florecen en primavera y fructifican justo después, de modo que es interesante empezar a abonar a finales de invierno y no dejar de hacerlo hasta finales de otoño.

¿Cómo abonarlos?

Guano en polvo.

Al ser árboles cuyos frutos con comestibles, siempre hay que tratar de evitar el uso de abonos sintéticos (químicos), ya que aunque se respete el plazo de seguridad y se limpien bien las olivas, nunca podremos estar seguros de habernos liberado al 100% de los restos que hayan podido quedar del producto. Por lo tanto, usaremos abonos orgánicos, es decir, aquellos que nos ”da la tierra”.

¿Qué tipos de abonos son esos? Pues hay varios, pero para el caso que nos ocupa te voy a decir los dos que seguramente te serán muy útiles:

  • Guano: son los restos orgánicos de murciélagos y pingüinos. Contiene nitrógeno, fósforo, potasio, aminoácidos, microelementos, además de hongos, bacterias y actinomicetos los cuales mantienen alimentadas y protegidas a las raíces. La dosis es de dos o tres cucharadas por cada siete litros.
  • Estiércol de gallina: o gallinaza. Es uno de los más concentrados que existen. Contiene nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, sodio, sales solubles y materia orgánica. La dosis es de 600 a 700 gramos por metro cuadrado. Si lo puedes conseguir fresco, déjalo secar al sol durante una semana.

Espero que te haya resultado interesante 🙂 .

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Árboles frutales

Investigadora de las plantas y de su mundo, actualmente soy coordinadora de este querido blog, en el cual llevo colaborando varios años. Me encanta trabajar con la tierra y observar el comportamiento de cada uno de los seres vegetales, pues todos tienen características que los hacen únicos.

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